La fotografía impresiona.
Durante este mes se celebra el 77 aniversario del desembarco de Normandía, cuando los aliados cambiaron el rumbo de la Segunda Guerra Mundial, suponiendo el principio del fin del siniestro III Reich y siendo tan glorioso desembarco el símbolo del sistema de derechos y libertades del que hoy gozamos en Europa.
En toda Francia se rinde homenaje cada año a sus partisanos que saboteaban la intendencia nazi y a los millares de norteamericanos, ingleses, canadienses, polacos … que entregaron lo mejor de ellos mismos a pie de las costas francesas para facilitar nuestra libertad.
En un centro cívico cercano a la playa de Omaha (así bautizada por los estadounidenses el 6 de junio de 1944) han tenido el acierto de recordar a aquellos que, pese a hallarse en las mismísimas fauces de la bestia que era la convulsa Alemania de los años 40, optaron por plantar cara a la sinrazón de Hitler, pagándolo con su vida.
“Ellos fueron las otras Normandías, los otros desembarcos, porque pelearon, desde sus mismas entrañas, contra un régimen perverso», como expresa una lapidaria frase de un mural del local.
Entre tantos alemanes anónimos, me conmueve la foto de August Landmesser, un obrero de Hamburgo, que suscita una irrefrenable simpatía hacia él de cualquier persona con corazón.
Se enamoró de Irma, una muchacha judía, y sus superiores, adoctrinados en las hitlerianas juventudes, le hicieron la vida imposible, tachándolo de traidor a los ideales de la raza aria, de perverso y demás, ya que las Leyes de Nuremberg, profundamente antisemitas y antesala del holocausto, prohibían incluso el matrimonio con personas hebreas.
Se casó en secreto. Su experiencia vital le había mostrado la deriva de la barbarie y la locura colectiva de su país. Por ello, cuando le obligaron a formar junto a cientos de sus compañeros para aclamar a un Führer que él sabía que estaba como la jaca de La Algaba, y que pasaba por allí para inaugurar una nueva fábrica para la Armada germana, Landmesser aparece en mitad de una foto. Mientras todos saludan y ovacionan al monstruo, Heil Hitler, mueran las razas inferiores y tal, nuestro dignísimo obrero está allí, en todo el meollo, con los brazos cruzados y sincero careto de cabreo. Plantando cara a la estupidez.
Cuando la fotografía fue publicada en los periódicos, los asombrados trabajadores de los astilleros comenzaron a hablar, asombrados, de las gónadas que gastaba el colega Landmesser.
La terrible policía de la Gestapo no podía consentir que un gesto proletario pusiera en jaque a la ilusión nacionalsocialista. Lo detuvieron cuando huía con su familia. Su mujer y sus dos niñas fueron confinadas en un campo de concentración. Y, según la versión oficial, más falsa que un beso de Judas, a Landmesser lo destinaron al frente, donde murió en combate. Sí, claro. No se lo cree ni el que asó la manteca…
Veo la foto del currante Landmesser y veo a mi querida España, esclavizada por un Gobierno capaz de vender al diablo el alma del país, con su ideología de género – génera, con sus tontos, tontas y tontes predicando igualdad y llevándoselo calentito, con sus indultos de vergüenza y sus pactos con Bildu y simpatizantes del trasnochado nazismo … pero también veo, esperanzado y orgulloso, a “Les autres Normandies, les autres débarquementes”, como se llama la exposición francesa.
Es decir, a innumerables vecinos de bien, cada vez más, que desde el ámbito de la educación, de la cultura, de las artes y las ciencias, del sentido común, de la ética y de la vergüenza, ponen pie en pared ante la dictadura encubierta del sanchismo, pese al silencio de los corderos de demasiados socialistas.
Los veo continuamente y disfruto con sus ejemplos. Como el de Macario Valpuesta, que sabe latín. Doctor en Filología Clásica y Derecho Romano y parlamentario andaluz, largando estopa contra la pantomima del malamente llamado “lenguaje inclusivo”, dándoles la del pulpete a los subvencionados chiringuitos de portavoces y de portavozas. Todo un Landmesser a lo sevillano, que si otros rinden pleitesía a lo políticamente correcto y demás chorradas solemnes, él usa su inteligencia y oratoria en aras de una sociedad más justa y humana, con España en su corazón y la libertad en sus labios.
Los veo día a día y me llenan de ilusión. Son los otros. Bienvenidos. Los otros que van desembarcando y desenmascarando la falsedad de los que nos gobiernan. Ahí se las den todas y salga el Sol por Antequera. O por Normandía.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com





