Estuvo nueve meses (un embarazo completo) repitiendo sin descanso aquella miserable tontería de «la transición digital y ecológica», que ni él ni nadie sabían lo que era ni lo que es, porque no consiste en nada, puro humo de colores para engatillar en los discursos en los que no se sabe qué decir.
Pero llegó enero y, como quien se propone ir al gimnasio con el cambio de año, abandonó la cansina monserga y ya sólo utiliza ese sintagma cuando se le queda la mente en blanco.
Para acabar de enfangarlo todo, agarra el helicóptero presidencial y se planta con toda la familia en el Palacio de las Marismillas y nos podremos dar por satisfechos si no se ha llevado también a la pandilla de amigotes de la adolescencia, como hizo el pasado mes de agosto.
Nos ha descubierto, al menos, que si vas en helicóptero, aunque contamine mucho, no hay confinamiento que valga, así que llevo toda la mañana buscando el teléfono de un aero-taxi por ver si lo que he ganado este mes me alcanza para que me acerquen a Chipiona a echar unos días de descanso. Más que nada por comprobar si se me ha metido un okupa en casa y tuviera que ponerme a buscar un alquiler para los próximos tres o cinco veranos.
Hasta hace poco, el tipo hablaba de «recuperación», pero ya tampoco lo menciona y sólo se refiere al plan de ayudas de la UE, aunque ni siquiera sabe si se harán efectivas en las condiciones que pretende que se traguen los países europeos y secretamente conoce que no servirán de gran cosa, porque su plan es favorecer aún más a las redes clientelares que le procuren tiempo y los apoyos necesarios para continuar con el derrumbe calculado del modelo constitucional antes de unas próximas elecciones generales.
El mes de abril que tenemos encima será decisivo porque entrará en vigor la prohibición de que el CGPJ continúe realizando nombramientos mientras siga en funciones, lo cual podría provocar un colapso definitivo en el sistema judicial a medida que no puedan reponerse las vacantes que se produzcan en Audiencias y otras sedes judiciales. Pretenden obligar con ello a que el PP se preste a renovar el máximo órgano de los jueces jugando al teto, lo que supondría, así lo digo, como lo pienso, la caída definitiva de nuestra democracia en el chavismo bolivariano.
Mientras eso llega, Pedro Sánchez ha entrado en barrena y no crean que eso sólo lo celebran Casado o Abascal, porque me imagino que Susana Díaz, que desconoce por completo los confinamientos y no para de moverse visitando las agrupaciones locales del partido, provincia por provincia y sin desmayo, anda como unas castañuelas de contenta cada vez que su jefe se mete un trompazo.
Se metió la costalada al biés en Cataluña con el ex ministro Illa, al cual debería perseguir la Justicia hasta que cante un Miserere, y también se la ha pegado de frente en Murcia y en Castilla y León, y en Madrid va camino de quedar reducido a cenizas. Por listo.
Huele a debacle y a catástrofe por todas partes, menos en las nóminas de los diputados y de los ministros, que continúan en el trantrán de los embustes de María Jesús Montero sin hacerle caso al colapso del SEPE, que no tiene ni un duro, por más que intenten repetirnos la excusa de que han hackeado el sistema con un virus y no encuentran vacuna para remediarlo.
Ya que los laboratorios españoles avanzan poco por falta de recursos en la consecución de una vacuna contra el virus chino, lo mejor que podrían hacer es un esfuerzo por encontrar una vacuna contra las mentiras de este gobierno. Al menos nos curarían de nuevos espantos como el del rescate de la narco aerolínea venezolana.
La semana pasada se ha cumplido un año de aquel pronunciamiento del gobierno y de Yolanda Díaz anunciando que quedaban prohibidos los despidos, igual que habrían podido prohibir también el viento, el sol, la lluvia, las explosiones de volcanes a destiempo, los tsunamis sin avisar, el florecimiento de las margaritas y la ley de la gravedad.
Pero es que las fuerzas y las leyes de la naturaleza se le han rebelado a Iván Redondo y ya no da pie con bola, que a este paso el hombre va a pedir una temporada más de «Juego de Tronos» y otras dos de «House of Cards» y del «Ala Oeste de la Casa Blanca», más que nada por buscar inspiración y por tener entretenidos a Errejón y a Pablo Iglesias, porque a Irene ya la tiene enganchada a lo de Rociito y a Lilith Verstrynge, que se le está poniendo una cara de ministrable sin remedio, espera mantenerla a raya con una nueva edición de «La Isla de las Tentaciones».
Como a perro flaco todo se le vuelven pulgas, para una vez que sacan de paseo al ministro de Universidades y logran que se ponga una camisa y no una remera de bajar al chiringuito, sólo se le ocurre fusilar al autor de «La Regenta» ante un pelotón franquista cuando el general tenía un par de años.
Menos mal que siempre nos quedará un alcalde de Palma para amenizar el espectáculo, el cual al fin ha descubierto que Churruca es el nombre de unas pipas saladas que están muy buenas. Paren máquinas, porque esa parte de la Historia, dice, no se la conocía muy bien. Que nos diga cuál es la parte de la Historia de España que maneja bien y le preguntamos algo. Verás qué risas…
He dicho.





