Que se siente en una silla
a llorar desconsolado
el arte, pues se ha marchado,
esta eterna muchachilla.
Hoy ya no está la Sevilla,
la Carmen que nunca engaña,
y la vista se me empaña
con el recuerdo hecho trizas,
de la pícara sonrisa
¡de nuestra novia de España!






