Que el progresismo woke y multigénero disfruta mofándose de Cristo, el cristianismo y la Iglesia, es algo que sólo ignoran quienes vivan en la inopia y ajenos a las imágenes de las celebraciones del orgullo LGTBI etc. Se apropiaron del arco iris como bandera, e intentan que se les identifique con la vanguardia artística más rompedora, sólo porque presentan sus obras bajo la zafia y provocativa apariencia estética que les caracteriza. Y si alguien osa dudar de sus «creativos» méritos, corre el riesgo de que se le señale y denuncie por facha, machista, homófobo, tránsfobo, etceterófobo, autor de un delito de odio y de graves ofensas de lesa progresía.
En fin, el cuento de siempre: el rey desfila desnudo, pero nos explican que porta un fantástico traje sólo perceptible para las mentes más libres, abiertas y tolerantes por detrás y por delante. El wokismo progresista se considera con derecho a emporcarlo todo (pero sólo si es cristiano) y a vomitárnoslo en la cara exigiendo el aplauso.
Es lo que ha sucedido en partes importantes de la cere(de)monia olímpica de París con representaciones tan «ingeniosas» como la parodia del cuadro de Leonardo de la Última Cena, que más que mofarse de los cristianos fue burla contra Cristo y la Eucaristía. Burla que se acrecentaría con las pretendidas disculpas de la organización diciendo que lo lamentaban «si la gente se ha sentido ofendida», porque sólo se intentaba «celebrar la tolerancia comunitaria».
Que traducido significa: si tienes aún sensibilidad para ofenderte por esto, eres un intolerante insolidario de esos que creen que las aguas del Sena no son potables.





