Oración, silencio, soledad. El momento se aproxima. Todo va llegando a su final. Un sendero que nos conduce a la auténtica verdad. Viernes Santo en Sevilla, grandes cosas que contar. Las calles más vacías. Se nota que la Madrugá a muchos tuvo que cansar.
La jornada fue tensa, la lluvia también quiso tener su lugar. Los peores presagios se hicieron realidad. Por fortuna para muchos tardaron en llegar. La decisión de salir se pospuso en Triana cuarenta y cinco minutos más. No era para menos, el Cachorro mucho ha sufrido ya. Esta vez sólo hubo prisas para que el dolor no se hiciera notar. El día regaló una nueva oportunidad.
Era el día de la expiración y este crucificado no podía faltar. Por su grandeza y su belleza particular. Cierto es que nos duele verte llegar a tu final. Pero, ¿no es acaso la esencia de esta jornada? El amor de Cristo se refleja en el último suspiro de su mirada. Sevilla te regaló el día para que al mundo puedas enseñar que siempre por nosotros morirás. No hacen falta patrocinios porque detrás ella los lleva. Cada año los seguidores van a más. Estar junto a ti de penitencia es para el cristiano un regalo. Ayer lo desenvolvieron los nazarenos que debutaron. Cruzar el puente junto a ti fue motivación para aquellos que te rezan en Castilla como si desde pequeños fueran hermanos.

Toda procesión de este día es señorial. Muy cerca de la Maestranza el poderío fue tangible, cada Viernes Santo se hace real. Garras de dragón en las cuatro esquinas. ¿No os resulta espectacular? Aunque el barrio sea propicio a este paso nunca lo podrán torear. Menos todavía si se entiende el verdadero significado. Escala, sábana y sepulcro. El misterio en sí es una necesidad. Acompañado bien estuvo por una madre que todavía es mayor en su soledad. Pero nunca sola va. Sus hermanos, por no muchos que sean, la quieren a “reventá”. Qué decir a este respecto. Una madre siempre quiere y quiere de verdad.
Por mucho que su trayectoria fuera en un paso en solitario con la cruz justo detrás. Ella siempre supo que llegaría este día. El mensaje escrito está. En San Buenaventura entendieron mucho ante la adversidad. El día era complejo y la cofradía se supo adaptar. Rápido, sencillo y fugaz. Si este es el tiempo que dura la soledad, que sea así y nada más.

Hablo de una pena que cansa y a muchos tiende a dislocar. Para ello llegó la O. Gracias por este clima sofocar. Y eso que la meteorología te incordió de verdad. Tu fortaleza bien se hizo presente por Reyes Católicos al regresar. Chubasquero para el “jorobaito” más trianero. Negro por supuesto. El día de luto está. El momento fue duro pero el cortejo supo reaccionar. Qué maravilla de cuadrilla la que proclamó su amor al estar contigo hasta el final. Al igual que con la niña de sus ojos. Te mecieron, te levantaron y te guiaron para no verte más llorar. La hermosura de tu semblante no merece daño alguno. Hacerte daño es una congoja que pocos pueden aguantar.
Para ello la respuesta es orar. Desde San Isidoro te lo pueden asegurar. Por mucho que caigamos hasta tres veces. Todos tenemos a nuestro particular Simón de Cirene. En este paso nos lo demuestran con creces. Que siempre hay una solución ante la adversidad. Que es la propia vida la que no abandona ante ningún mal. Tu caminar es ejemplo del más sentido estricto de cristiandad. Tu virgen también es titular, de la aviación su patrona. Ahora, dentro de la solemnidad volvemos a viajar.

Concretamente hacia Bustostavera, donde el tiempo es efímero y el espacio, a su vez, atemporal. Perdemos el juicio con un misterio que una vez dentro se vuelve a añorar. Y eso que el camino se hizo duro a la vuelta. No por ello la hermandad perdió la cabeza. Luces apagadas, silencio al caminar. Dieciocho ciriales preceden al entierro de Jesús. Pero no se alarmen. Lo esencial está por llegar.
La pena es un sentimiento que inunda nuestro corazón. No por ello debemos apelar a la conversión. Debemos ser capaces de darnos cuenta de nuestras debilidades. No esperemos hasta el final para rectificar. Evadamos todo tipo de vanidades. Que el gran poder del cristiano asciende a la cruz. Siempre con su sello personal. En nuestro propio símbolo el mensaje está. Dios nos quiere para toda la eternidad. La entrada de Montserrat el mensaje nos da. Hay vida más allá de la muerte. El ambiente incita a la prosperidad.
Mirar al porvenir es lo que queda. Guardad respeto por Cristo tras una semana llena. De sentimiento, emociones y pasión. El día está de luto pero el horizonte tiene por nombre resurrección. Los sevillanos estamos informados y es momento de apelar a lo que por el fue pregonado. En tus manos, Padre, nos encomendamos. La semana llega casi a su final. Toca profundizar lo vivido. Todo está cumplido.





