A lo largo de mi vida, al igual que les pasará a todos ustedes, he asistido a muchas bodas: al principio de amigos, más tarde a la de sus de hijos, y en todas ellas se repite el consabido ritual que siempre parece nuevo y que evoca el de tu matrimonio, pero hubo una ocasión en la que el oficiante celebraba la de uno de sus sobrinos y realizó un comentario de lo más original.
Con un tono cargado de afectividad y una mirada cómplice, se dirigió al novio y le dijo: “Esas sillas que ves ahí y que parecen vacías, están ocupadas por el abuelo, José, la abuela Adela, … Ellos nos enseñaron a amar”.
Estas palabras evocaron en mi memoria y, a buen seguro en la de todos los asistentes, muchas sillas vacías: aquella del trabajo, cuando al llegar una mañana nos enteramos que quien compartía con nosotros tantos ratos había sufrido un accidente que le había costado la vida o había fallecido la noche anterior de un infarto; la del casino, club o peña, que formaba pareja al dominó con su amigo de siempre, ahora hospitalizado, y que ahora no ocupaba nadie; la del hijo realizando su beca Erasmus en una universidad extranjera o Sicue, en una española, y al que tanto se le echa de menos, sobre todo en la mesa. ¡Qué bien supieron plasmar Los Amigos de Gines esta sensación en una sevillana cuando cantaban aquello de
Ese vació que deja el amigo que se va,
es como un pozo sin fondo que no se vuelve a llenar
En Psicología existe desde hace años la técnica de la silla vacía, un enfoque que a día de hoy es utilizado por psicoterapeutas y psicólogos de distintas orientaciones y que consiste en situar al paciente frente a una silla donde debe imaginar que está sentada una persona que no se encuentra allí, sea por pérdida o porque resulta muy difícil hablar con ella, con el fin de dar salida a la expresión emocional y a su inconsciente, para lograr una toma de conciencia y, en última instancia, la integración y aceptación de la situación o experiencia tratada.
Probablemente estarán pensando en alguien que nos acompañó por última vez en la Navidad de 2023. Su muerte, qué duda cabe, hará que sintamos ese vacío al que me refiero, sobre todo en estas fechas, y es lógico que afecte a nuestro estado de ánimo, a nuestra autoestima y a nuestra identidad. Es probable que sintamos emociones muy intensas, a veces contradictorias, que aparecen como respuesta a la necesidad de adaptarse a la nueva situación. La Navidad es un tiempo especialmente complicado, en el que enfrentarse a la silla vacía es todo un reto.
Es normal que durante el duelo aparezca la desmotivación, la tristeza y hasta el enfado, emociones que se suelen intensificar en estas fechas. Es habitual que las ciudades estén repletas de luces, que las calles y los lugares se llenen de adornos y colores navideños, que suenen villancicos en cada rincón. En definitiva, alegría, buenos deseos y fiesta. Pero en una situación así, resulta que no tenemos ganas de participar en las celebraciones, llegando incluso a resultar molestas, ya que el sentimiento de pérdida es muy profundo.
Quizás se intenten evitar las reuniones familiares o con los amigos, aislándose para darle la espalda al dolor, pero lejos de ser algo lenitivo, esta decisión suele empeorar el estado de ánimo: no acudir a las convocatorias navideñas, probablemente causará más pesadumbre y sentimiento de soledad. La compañía de los seres queridos es algo que siempre nos ayuda.
La Asociación Española Contra el Cáncer, ofrece algunos consejos prácticos que pueden ayudar a vivir esta situación de la mejor manera posible y que les relaciono:
- Planificar las actividades teniendo una reunión pre celebración.
- Evitar el aislamiento (No es bueno que el hombre esté solo).
- Participar en la preparación de los rituales y eventos navideños, venciendo la falta de ganas, puede ser letífico.
- Permitirnos disfrutar: celebrar la Navidad no supone olvidar a quien ya no está entre nosotros.
- Comunicar lo que se siente (La boca habla de lo que hay en el corazón), porque seguro que siempre habrá alguien dispuesto a escucharnos.
- No esconder las emociones. La Navidad no implica estar alegre todo el tiempo.
- No descuidar la salud ni la alimentación en estas fechas. Hemos de evitar el consumo de sustancias que puedan alejarnos de la realidad.
- Abordar el tema con los niños, en su caso. Es importante tratar este asunto con ellos como una parte normal del proceso de duelo.
Es conveniente anticipar y preparar estas fechas para vivirlas de la mejor manera posible, y ver como algo natural encontrarse con sentimientos contradictorios. Disfrutemos de estas fiestas asidos al ancla de la Esperanza, y que el año entrante vea cumplidos todos nuestros deseos.
(A todos los que han sufrido la pérdida de un ser querido en 2024)
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Lo que antaño veía tan lejano que apenas ocupaba mi pensamiento; ahora, por diversas circunstancias, es raro que entre los amigos no falte slguno@ más frecuente que lo que desearíamos.
Por supuesto deberíamos vivir la vida no como si fuera el último día, que nadie lo sabe; pero si, tratando de hacer felices a los que ocupan nuestro corazón y tratando a los demás con respeto.
Una preciosidad de artículo y clave en estas fechas .
Abordar el duelo es siempre muy complejo y lo has hecho desde muchas perspectivas , lo que seguro ayudará a muchos en estas fechas y en otras ( su cumpleaños , su santo etc… ) .
Gracias por tus palabras, seguro que todos tenemos a nuestro lado a alguien a quien podemos ayudar con tus recomendaciones.
Por un Nuevo Año en el que no falte el AMOR.