“Y si Pedro Sánchez prolonga sus vacaciones, si Ceuta continúa monopolizando la política y si el resto de la actualidad decide tomarse unos días libres, todavía estamos a tiempo de que la Guardia Civil tenga que buscar un tigre en Valdemoro, un cocodrilo en el Tajo o un dinosaurio en Despeñaperros”
Hay tiempos en los que la actualidad se toma vacaciones con una disciplina admirable. Y el verano sabe de esto bastante, tanto que, llegadas estas fechas, es convencimiento general que, si se deja suficiente espacio en los periódicos, alguien acabará llenándolo con un animal… si bien distinto de los componentes del consejo de ministros.
Por lo demás, tampoco es que falten asuntos. Está Ceuta, naturalmente, que estos días proporciona suficiente material para mantener ocupados al ministro de jornada, a la oposición, a tertulianos y a comentaristas hasta que llegue septiembre. Para colmo de males informativos, sin abrir la boca, sigue Pedro Sánchez, a costa del contribuyente, instalado en La Mareta con todos sus ascendientes, descendientes, amigos y famosillos.
Y, fuera de eso, ¿qué le queda al verano? ¡Un león!
La noticia apareció esta semana en la Sierra de San Vicente, en Toledo, después de que un repartidor comunicara que había visto un gran felino en las proximidades de la carretera TO-1375. La Guardia Civil puso en marcha un dispositivo que incluyó patrullas, drones y helicóptero. Se buscó al animal, se preguntó en zoológicos y fincas cercanas y se llegó incluso a considerar si aquello que alguien había tomado por un león podía ser un mastín de considerable tamaño. Finalmente, no apareció el león, ni aparecieron huellas concluyentes, ni nadie comunicó que le faltara uno en su corral. La búsqueda terminó ayer sin evidencias de que el felino se paseara por las estribaciones del Sistema Central.
Y aquí es donde la actualidad española recupera una de sus tradiciones más nobles y recurrentes: la serpiente de verano.
No necesariamente una serpiente. Puede ser un león. Puede ser un monstruo marino, un cocodrilo en un embalse, un ovni, o cualquier criatura que permita al periodista titular con cierto entusiasmo mientras el resto del país se encuentra tumbado en una playa, una piscina o una hamaca.
Porque la serpiente de verano no es exactamente una especie de reptil. Es un género periodístico. Su característica fundamental es que aparece cuando la realidad se empeña en no producir noticias.
La historia tiene además un precedente sevillano que merece ser rescatado del archivo de la memoria popular: En junio de 1979, en Alanís y Guadalcanal, en la Sierra Norte de Sevilla, una boa comenzó a convertirse en protagonista de conversaciones y noticias locales. Aparecía y desaparecía. Un día estaba por aquí; otro, por allá. Nadie terminaba de atraparla y, como suele ocurrir con estos animales, cada nueva versión parecía añadirle algún metro de longitud y bastantes centímetros de diámetro.

La boa de 1979 y el león de 2026 tienen, por tanto, mucho más en común que su condición zoológica: ambos comprenden perfectamente el funcionamiento de la prensa en verano: la bestia aparece, el periodista aparece, el lector aparece… y el animal vuelve a desaparecer.
Hay algo profundamente humano en esa mecánica desde la perspectiva antropológica. Durante el invierno exigimos información permanente, análisis, datos, contexto, declaraciones y expertos. En verano, en cambio, los medios son capaces de dedicar un despliegue extraordinario a averiguar si una sombra que se movió entre unos matorrales pertenecía a un león, a una boa, sencillamente a alguien que estaba buscando cobertura en el móvil o, lo más seguro, a la inventiva de un cachondo mental.
La serpiente de verano cumple una función social. Nos recuerda que no todo tiene que ser trascendental. Que un animal misterioso puede ocupar durante una mañana el lugar que normalmente reservaríamos para una crisis de Gobierno (que se lo pregunten a Sánchez). Que una noticia puede durar días y no cambiar el destino de la nación (que se lo pregunten a Sánchez).
Cuando el Parlamento está medio cerrado, se abre la temporada de avistamientos:
- Yo creo que era un león.
Cuarenta y siete años antes, en la Sierra Morena sevillana, la frase pudo haber sido:
- Yo creo que era una boa.
Agosto es largo. Y si Pedro Sánchez prolonga sus vacaciones, si Ceuta continúa monopolizando la política y si el resto de la actualidad decide tomarse unos días libres, todavía estamos a tiempo de que la Guardia Civil tenga que buscar un tigre en Valdemoro, un cocodrilo en el Tajo o un dinosaurio en Despeñaperros.





