Se acabó el tiempo cuaresmal. Es hora para reconvertirse y orar. No seamos fantasmas. Evitemos caer en la mediocridad
“Arrodíllate ante la cruz, símbolo de la fe cristiana. Despójate de todo lo que tengas y abre de par en par las puertas de tu casa.
Que todo sea él. Que no haya rincón ni calle ni plaza, que no exista balcón ni cierre ni ventana por donde no pase el amor y se escuche su palabra.
Si no la vives por él, no existe la Semana Santa. Si no eres capaz de ayudar, de aprender a perdonar… serás simplemente un fantasma vestido de penitente, protagonista de una farsa. No te llames creyente porque tú no crees en nada.
Vamos a llevarnos bien y a aprender de los errores. Para ser sevillano sólo hay que ser buen cristiano y aquí los hay a montones”.
Palabras pregonadas en 2016 por Rafa González Serna. La idea más que clara sevillanos: la hipocresía mejor no tenerla. Porque un nuevo año la grandeza ha llegado a nuestra tierra. Y no precisamente en un contexto propicio. Cada primavera aleja un poco más su esencia.
Pasión, Muerte y Resurrección… tres vocablos que muchos usan a la ligera. Irrisorio es el adjetivo que los precede si el amor de la ecuación queda fuera.
Realidad y ficción son sensibles en esta escuela. Velar por su último fin es lo que nos queda. ¿Acaso no es evidente cuál es la lección? Cristo lo pronunció con total franqueza: Darle al César lo que es del César… pero a Dios…
A Dios tenderle la mano, orarle por devoción que no por evasión. Hay una semana para tratar de entender cuál es la verdadera misión.
La rampa lista, las túnicas casi puestas, horas escasas para que Sevilla pueda volver a su pureza. Cuánta razón la que proclamó González Serna. La oportunidad de la vida resurge cuando acaba la Cuaresma.
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