«La Pasionaria» de pacotilla, Mónica García, de Más Madrid, esa comunidad de intereses y brigada de enchufados que, en palabras de su caudillo Iñigo Errejón, aspiraba a llenar la comunidad autónoma de colocados a dedo para parasitar el presupuesto cuando ya no estuvieran en el poder (como es el caso), ha emprendido la senda de las amenazas descarnadas a la oposición de aquel Frente Popular que amenazaba y luego disparaba, como más tarde continuó haciendo la mafia vascorra a través de los asesinos a sueldo de la ETA.
Con estos mimbres quiere construir la nueva mafia que sostiene a Pedro Sánchez en el Gobierno una alternativa de poder, que será de poder por la fuerza de las amenazas y el amedrentamiento, pero no de la democracia, de la que el comunismo abomina por definición y que a los bolivarianos que se financiaron durante años a través de las arcas de la narcodictadura chavista, les produce urticaria.
La francotiradora García, que ensayaba hoy con el dedo lo que sus pares en el Congreso de los Diputados de la II República practicaban con un arma en la mano y lo que sus socios de Bildu apoyan todavía con entusiasmo entre los comandos asesinos de la banda etarra que les precedió, se dirigía así al consejero de Hacienda y Función Pública de la Comunidad de Madrid, Javier Fernández Lasquetty, durante una intervención hoy en la Asamblea de Madrid.
Convertida en miliciana a base de colegios y hospitales públicos franquistas que la dieron a nacer y en revolucionaria criada a base de yogures del Piraña en «Verano azul» y del «Un. Dos. Tres…!» de Mayra Gómez Kemp, la pijodiputada es, para colmo, anestesista, así que imagínense caer en sus manos con esos modos que desea poner en práctica para adormecer a sus pacientes hasta la eternidad.
No se descarta que la Organización Medico Colegial o el Colegio de Médicos de Madrid pudieran emprender actuaciones ante la miserable falta ética acreditada con su reprobable acción, que ni el criminal Mengele habría ideado mejor para los médicos a su servicio.





