Como modelo del trato debido a los «migrantes», gran parte de la jerarquía eclesiástica echa mano de la conocidísima parábola del buen samaritano, del capítulo 10 del Evangelio de san Lucas.
Un hombre fue asaltado y dejado medio muerto en el camino de Jerusalén a Jericó, y mientras que un sacerdote y un levita pasaron de largo, un samaritano (extranjero odiado por los judíos) se apiadó de él, le curó, lo llevó a una posada y pagó sus gastos. En dicha parábola, Jesús nos enseña que el prójimo es cualquiera que necesite ayuda, por encima de cualquier barrera racial y religiosa; un amor al prójimo que se demuestra con acciones y no sólo con sentimientos. Amén.
Sin embargo, invocar esta parábola frente a una inmigración masiva e ilegal, exige adaptarla a nuestra realidad social, añadiendo al menos una segunda parte…
Al regreso de su viaje y al pasar el samaritano por el mismo lugar, se encontró a 10 hombres reclamando su ayuda, a los que también llevó a la posada. Una semana después se encontró a 100; y otra, a 1000. Por alguna extraña razón, aparecían por allí miles y miles de prójimos, que cada semana el samaritano recogía y trasladaba a la posada, produciéndose un doble milagro: que la posada multiplicaba sus plazas para acogerlos a todos, y que al samaritano nunca le faltaban dinarios para pagarles los incesantes gastos.
Este doble milagro habría que incluirlo en el relato de la parábola, si se pretende invocarla como modelo ante la inmigración masiva actual.






2 Comments
La segunda parte de «la parábola» parafraseada por Miguel Ángel Loma es una probable evolución para el fenómeno los inmigrantes ilegales en España. Lamentable es que en nuestro Siglo XXI no hay modo de «multiplicar los panes y los peces». Otro credo propondría «Si Mahoma no va a la montaña; la montaña va a Mahoma»… ¡Cuidado se trataría de terremoto!
Cordial saludo a Miguel Ángel.
Gracias por el comentario, Claudio.