Mi tía la del pueblo, que es mujer no poco inteligente, marchó de viaje Interestelar hace ya unos meses, antes de que llegara la pandemia.
La hemos ido a recoger al aeropuerto esta tarde y le hemos informado de lo acontecido en este tiempo. En el coche no ha parado de hacernos preguntas a todos, entre perpleja y patidifusa, por las respuestas que recopilaba…
– Vale, o sea, que dijeron que érais unos capitanes a posteriori porque se les fue de las manos y decían que nadie pudo ver lo que todo el mundo vio que se avecinaba… ¿Es eso?
– Sí, eso, tita, más o menos.
– Venga, de acuerdo. Y luego, ¿qué hicieron?
– Bueno, pues como no se lo tomaron en serio y no tenían ningún plan ni preparativo alguno, aunque Sánchez dijo desde el primer día que tenían un plan articulado, pues no hubo más remedio que tomar la decisión de confinarnos.
– Entiendo. ¿Por cuántas veces?
– No sé, lo menos cinco veces de 15 días cada vez.
– Joder. ¿Y la oposición que dijo?
– Si entendemos por oposición el PP, que sí, que vale, pero que tenían que adoptarse otras medidas y etc… hasta que Vox les dijo que ya está bien y que tanta pasividad, parsimonia y mentiras no colaban por más tiempo. Y los mandó a la mierda.
– Pero algo haría el Gobierno en esos meses de confinamiento, ¿no?
– No. Bueno, intentaron comprar mascarillas y casi que no había en el mercado. Lo poco que encontraron fue a un precio de vergüenza, por llegar tan tarde. Los estafaron siete veces y se inventaron que no eran necesarias, que no servían para nada…
– ¿Eso dijeron?
– Sí y que los contagios, como mucho, aparecerían dos o tres… y, si acaso, un perro como el del ébola, pero que no lo sacrificarían porque eso es cosa de fachas y blablabla…
– Entiendo. Al menos, a los médicos y sanitarios y a los ancianos, como población de alto riesgo, los protegerían, ¿no?
– ¡Qué va, ni de coña! No les dieron EPIs ni material de protección ni de combate. A los mayores los mandaron enterrar en silencio, sin fotos ni familiares. Y se preocuparon mucho, eso sí, de decir que había bulos y fakes cuando alguien usó una foto real de los ataúdes alineados pero como puestos en la Gran Vía, así en plan artístico o simbólico, para denunciar la tropelía.
– Joder. Al menos en esos meses de confinamiento de la población aprovecharían para elaborar un plan de control y de lucha contra los contagios como habían hecho en países como Corea del Sur, Taiwán, Japón, Singapur…
– No. Nada. Después de tres meses confinados sin haber puesto un ladrillo contra la epidemia, nos dijeron que a partir de ahí ya que se las apañen las autonomías cada una por su cuenta y ya veremos…
– No te creo.
– Te lo juro. No hay plan. Sigue sin haber un plan y lo único que tiene previsto el Gobierno es, llegado el caso, confinarnos otra vez a todos, porque en estos meses nadie ha elaborado una alternativa de control y si una autonomía toma medidas no adecuadas, pues la cagará y a su vez permitirá que el contagio se expanda a otras…
– Mira, os estáis quedando conmigo. Estoy segura de que estos meses en que fracasaron por imprevisión o torpeza o por mera ideología de anteponer el 8-M a la salud pública, los técnicos habrán estado ideando y trazando un modelo para que no ocurra lo mismo. Y si rebrota la pandemia lo pondrán en marcha de inmediato…
– Pues no, tita, créeme, no harán nada diferente a lo que hemos visto hasta ahora: medidas restrictivas que ponemos en pie los ciudadanos con responsabilidad o con algo de coerción por parte de las autoridades, pero un plan de lucha, de detección y aislamiento o similar, que haga uso de las herramientas digitales o algo parecido no existe en el gobierno y de hecho ya están avisando de que podrían confinarnos otra vez. Y nada más han anunciado… Si eso ocurre, los zurdos dirán que las autonomías tampoco lo han hecho bien y santas pascuas.
– ¡Omeclaro, como si el equipo de Salud de Logroño tuviera que saber cómo se maneja una pandemia! ¿Están borrachos?
– De poder, seguro. Pero tampoco tengo claro mucho más, porque el ególatra y embustero de Sánchez se ha ido de vacaciones a La Mareta y luego al Palacio de las Marismillas.
– Perdón, pero tenéis que devolverme al aeropuerto para un nuevo viaje Interestelar. País de gilipollas…
He dicho.





