
Mal fario acompaña al presidente
quiere acabar con la prostitución,
y otro mal; la corrupción,
sin la espada del príncipe valiente.
Más la suerte lo abandona en el presente,
pues con dinero de su suegro Sabiniano
que explotando puticlubs vivía ufano,
pagó la casa que disfrutaba indiferente.
¡Qué mala suerte tiene, y esto es serio,
a la hora de escoger su guardaespaldas
es portero de cutre putiferio!
Y para rizar el rizo, si es posible,
su mano derecha un chasco entero:
¡Un raro feminista muy putero!





