
Lo leemos en el titular de uno de los periódicos más populares de Sevilla: “La Macarena homenajea…”
No es nuevo, por desgracia, ese comienzo de frase (a quién homenajee da igual, porque, ¿la Virgen tiene que rendirle homenaje a alguien?). Es un modo de hablar, lo sabemos; no es tanto “la Macarena”, sino la Hermandad de ese nombre, compuesta por un grupo de personas que es libre de homenajear a éste o aquél… (Y aun así, ¿son convenientes tantos homenajes? En una época de olvido de Dios, de simplificación extrema en el culto, llama la atención la condecoración continua, el agradecimiento infinito, las placas conmmemorativas enormes que en las iglesias anuncian la generosidad y amabilidad de unos y otros… A un alma sensible y acribillada por cierto a facturas, le sabe a grotesco el nombre de ENDESA grabado en mármol en la pared de algunas santas iglesias- las mismas que le regatean a Dios el uso de las hermosas casullas bordadas, escondidas en un cajón, porque con Dios no hay que ser ostentosos… pero toda ostentación es poca para los homenajes, alabanzas, agradecimientos, placas y medallas en honor de cualquier ciudadano que se considere haya hecho algo meritorio…).
En fin, la noticia es que “la Macarena homenajea, con su cartel de Semana Santa, a los sanitarios”. Frase ya casi convencional, que a casi nadie disgustará, pues queda obvio que la intención es buena, que esto no daña a nadie, que el cartel es hermosísimo (resulta difícil hacer un cartel de Semana Santa feo, aunque a veces se consigue)… Al contrario, los que osamos expresar una disidencia somos los antipáticos, los que seremos tildados de “tener algo en contra de los sanitarios”. Pero en 2021 más que nunca, el natural deseo de caer bien debe ponerse en segunda fila cuando hay que defender hasta el orden natural de las cosas. La Virgen, ¿tiene que homenajear a nadie? Que un grupo de enfermeros por ejemplo, si son creyentes, le hagan un homenaje a la Virgen, o se pongan bajo su protección, bien está, pero, ¿al revés? ¿La Virgen homenajearlos a ellos?
Que sí, que sé que “la Macarena” se refiere a “la Hermandad de”. Pero el titular al que da lugar es tan grotesco que me asombra que a nadie le chirríe. Claro que esto es peccata minuta comparado con el que se produjo el mes de junio pasado, en el que se explicaba que “el Corpus Christi” homenajeaba, también, a los sanitarios. Homenaje al que luego se sumó San Pedro con sus lágrimas. Pero el Corpus… Para los creyentes, el Corpus Christi es Dios mismo en carne y hueso. ¿A nadie le choca eso de “el Corpus homenajea a…”?
“Son frases”, “son maneras de hablar”, dirán. Como si el lenguaje no tuviera importancia. Como si el lenguaje, en última instancia, no dirigiera prácticamente todo en nuestras vidas.
Los manuales de Historia con los que hemos estudiado, tan exacerbadamente autocríticos con Occidente que caen en la “endofobia”, no cesan de llamar la atención sobre lo “mala” que era la Iglesia en otros tiempos, por ejemplo durante la época barroca, porque “estaba con el poder”, ¡oh, qué horror!, era excesivamente complaciente con los reyes… Claro que esto es un disparate absoluto, sin la menor perpectiva de nada, enunciado sin intención siquiera de comprender otras épocas sino sólo de descalificarlas a priori; y por lo tanto, inútil de rebatir. Pero en fin- simplificando al máximo y poniéndonos a ese nivel básico: en la época por ejemplo de Felipe II, la cosmovisión en España era católica, los ideales del rey y los de la Iglesia eran una sola cosa. Que el enviado del rey tuviera un sitial especial en una ceremonia o que lo colocaran, real o metafóricamente, “bajo palio”, pues no será el estilo del siglo XXI, pero no implica una rendición, una renuncia de valores, nada de lo que avergonzarse. Había coherencia.
Así y todo, y durante toda la historia de la Cristiandad, con reyes y gobiernos explícitamente católicos, la historia de la Iglesia es una continua lucha por su independencia, por no dejarse mandar por esos poderes civiles, por muy católicos que fueran (los ejemplos famosos, desde Tomás Becket enfrentándose a Enrique II de Inglaterra en el siglo XII, a los cardenales del cónclave de 1903 resistiéndose al Emperador de Austria Francisco José…Y nadie podía poner en duda la catolicidad de Enrique II ni menos la de Francisco José – pero era una cuestión de principio: el poder civil no decide en asuntos internos de la Iglesia. Y en cuanto a ejemplos no famosos… pues serán prácticamente todos los obispos de todos los tiempos. Esta lucha es una constante en la Historia de Occidente)
Y ahora que vivimos la era de la separación Iglesia-Estado, y por ende en la España laica y de gobiernos anticatólicos, ahora que independencia de la Iglesia tiene más sentido que nunca (diríase que no hay ni que luchar por ella, que se da ya por más que obvia)… pues justo ahora es cuando más hay que amoldarse a esta sociedad, y obedecer todas sus normas y adaptarse a sus ideales, a dejar que los gobiernos decidan los horarios y aforos de misas, y viniendo a decir que Dios no está para ser adorado sino para “rendir homenaje Él mismo” a los ciudadanos que las televisiones nos indicaron debíamos diariamente aplaudir.
La Virgen no tiene que rendirle homenaje a nadie.





