Al «progreso» le resulta aberrante que en la Comunidad Valenciana el Gobierno haya aprobado otorgar subvenciones a asociaciones de hombres maltratados. No por lo de «subvenciones» ni por lo de «maltratados», sino por lo de hombres, por más que los estudios estadísticos solventes en todo el mundo acrediten que el maltrato en la pareja cuantitativamente es bidireccional y a menudo algo superior de mujeres hacia hombres. Del resto de ‘géneros’, mejor no hablamos, y así nos olvidamos del monstruo.
Al pensamiento progre (suponiendo que eso exista) se le han saltado todas las costuras de la igualdad y hace tiempo que ya no atiende a razones, sino sólo a sus dogmas y pancartas. La estadística demuestra con toda claridad que si «el violador eres tú», «la envenenadora eres tú» y la causa de suicidio, también: casi cuatro veces más en ambos casos. Y la asesina de tus propios hijos, ni te cuento (más o menos 6 a 4).
La sociedad progre, digo, ha pretendido construir el «hombre nuevo» de Allende y lo que les ha salido es un monstruito incomprensible de tíos que reclaman derecho a que los revise un ginecólogo y de tías que se proclaman «zorras» pero la arman cuando les preguntan si les pueden dar un ‘pico’ y dicen que sí y se lo llevan tatuado como un símbolo obsceno y traumático…
Sólo un ejemplo… Alrededor del 80% de las subvenciones del cine son para mujeres. Pero no porque sus méritos las acrediten (o esto no lo sabemos), sino porque en el catálogo de la risa que elaboran las autoridades, ser mujer te otorga 8 puntos, pero haber recibido un premio gordo en Cannes o en algún otro Festival importante te otorga 1 punto. Y si eres joven, más puntos, así que Quentin Tarantino, King Vidor o John Ford en nuestros días no encontrarían tal vez el menor apoyo de financiación para un proyecto. Ni falta que les hizo, claro.
Si lo desean pueden parcelar ese fango por edad, por sexo o por inexperiencia, premiando a quien no posee ni el menor bagaje profesional en detrimento de quienes acreditan logros explotables, pero no tardarán demasiado por ese camino en parcelar también por el color de la piel, por su condición social o por sus creencias religiosas o políticas… Bueno, en esto último ya están hace mucho tiempo.
En todo caso, lo que esa parcelación no debiera arrojar nunca como resultado es un perjuicio severo y un menoscabo al resto de participantes, como ahora ocurre. Es decir, podrían convocar un concurso de cuentos, de mujeres menores de 25 años, de niños autistas o de desempleados nacidos en Murcia, pero será un concurso específico. Lo que no debieran poder hacer las Administraciones Públicas, porque además es manifiestamente inconstitucional, es convocar un concurso general en el que luego se otorgan puntos y beneficios regalados si eres más joven, más blanco, más rico, más pobre, más católico o más musulmán o si eres de un sexo o de otro, porque resulta aberrante.
Lo mismo piensan que exagero, pero les aseguro que es lo que tenemos y hasta la Junta de Andalucía, la de Moreno Bonilla, convoca un concurso abierto de ayudas para proyectos audiovisuales en una tesitura idiota que te otorga más puntos si no tienes ninguna experiencia en el sector y si eres mujer, pero serás penalizado si te llamas Billy Wilder o Martin Scorsese. Otra cosa sería si te llamaras Begoña Gómez, porque en tal caso, supongo, dependiendo del sitio de España, te hacen hasta directora de cátedra. Por la cara.
He dicho.





