No, en serio, a nadie debería extrañarle que ni Sánchez ni el Psoe sepan a quiénes puede referirse alguien cuando habla de forma genérica de “gente de bien”. Y lo entiendo, es fácil de comprender en un partido que gobierna para rebajar las penas por malversación de los suyos y de sus socios o dinamita el delito de rebelión para sacar de la cárcel a golpistas condenados en firme por el Tribunal Supremo. Esa no es gente de bien.
¿Ves, Sánchez? Ni tú, ni tu partido, ni quienes te apoyan, ni los beneficiados por esas reformas sois gente de bien.
Otro ejemplo… Tampoco son gente de bien quienes legislan para permitir que los violadores en la cárcel rebajen sus condenas de un plumazo o sean excarcelados, ni tampoco quienes mienten por sistema cada vez que hablan o prometen q no aceptarán que la gobernabilidad de España recaiga en populistas de izquierda ni en quienes no acepten la indivisible unidad territorial de España y luego hacen todo lo contrario. Fácil, ¿no?
Tampoco lo son quienes repiten como loros que no subirán impuestos a la clase media y trabajadora y acto seguido rajan la bolsa de ingresos de los ciudadanos para repartirlos a su capricho entre quienes le apoyan. Y ni siquiera son gente de bien quienes llaman “hombres de paz” a terroristas convictos y confesos que asesinaron a pacíficos ciudadanos y hoy burrean al presidente de un Gobierno que se deja burrear a gusto con tal de seguir unos meses más disponiendo del BOE a su capricho.
No es gente de bien, por supuesto, quien hace trampas detrás de una cortina para falsear las primarias en su partido y es expulsado por ello o se niega a dar explicaciones sobre una falsa tesis doctoral que le hicieron otros y que contiene material plagiado hasta la náusea.
No lo son tampoco aquellos que aprovechan la inflación o la subida del SMI para incrementar la recaudación del Estado hasta convertirla en latrocinio tras un desplome de las economías familiares y del empleo que paralizó al país mediante dos decretos inconstitucionales; y no lo es el desvergonzado que llamó “indecente” en un debate electoral al presidente de un Gobierno y que hoy es cuestionado por los altos funcionarios de la UE por negarse a aclarar qué ha hecho con el dinero de las ayudas recibidas.
Quienes no son decentes y no son gente de bien son aquellos de varios partidos que criticaban que antes se gobernara por decreto y llevan apoyados más del doble de decretos que ningún otro gobierno anterior, ni tampoco quienes malversaron 700 millones de euros de los parados andaluces y tienen 200 juicios pendientes y otros muchos más por valor, quizás, de hasta 2.000 millones, por los cursos de formación en Andalucía con una señora que dice trabajar allí con el guorlperfe y sigue cobrando como si nada hubiera pasado.
Los que no son gente de bien son los que hablaban de claridad en el manejo público y ahora revientan las costuras del portal de transparencia declarando secreto de Estado hasta el uso arbitrario del Falcon para ir a la boda de un cuñado o para asistir a un concierto y usan el patrimonio nacional para veranear con sus amigotes de la infancia a costa del Estado y en mitad de una pandemia. Ni tampoco quienes cambian la política exterior de España y ni siquiera acuden al Congreso para explicarlo o maltratan a los miembros de las fuerzas y cuerpos de Seguridad del Estado por los manejos turbios de un ministro del Interior convertido en sátrapa.
Perdonen que no me extienda, señoras y señores, pero si en el PSOE aún no entienden el significado de una sencilla y popular expresión genérica que entiende todo el mundo como es la de “gente de bien”, menos aún entenderán otra parecida e igual de extendida que se enuncia como “sentido común”… Sí, el menos común de los sentidos entre la gente que no es de bien. Sencillo.
He dicho.





