No sé cómo habíamos logrado llegar a la Luna ni a desarrollar teléfonos móviles si hasta que llegó este zurdismo reinventado y polifónico lo hacíamos todo mal.
En realidad, no sé cómo habíamos llegado vivos hasta aquí. Y no sólo los varones, lo cual era una evidencia incontestable, desde la manera de sentarnos al modo de pegar la hebra con una señora, sino que eso incluía a las azafatas de la Fórmula 1, a las amas de casa e incluso a la depilación de las axilas. Todo mal, oiga.
No tendremos vida suficiente para agradecerles tanto correctivo condescendiente y para adaptarnos a los códigos de esta nueva secta cuya primera formulación consistía en abominar del voto de centro o derecha y del capitalismo en general.
Gracia a ellos descubrimos en apenas unos meses que estaba mal la Constitución y el régimen del 78. Pero también los jueces, y la RAE, y la Junta Electoral Central, y José Ortega y Gasset, y la Monarquía, y el Código Penal, y los periodistas, y el Banco de España, y los pisos turísticos, y Hernán Cortés, y los veladores, y la Guardia Civil, y los supermercados, y el hombre blanco… Todo mal. Incluso fatal, equivocado. Muy mal.
Estaba mal ceder el paso a una señora, depilarse el entrecejo, cambiarse de ropa interior, el uso de tampones, los productos envasados en plástico, comer carne o poner a tus hijos a estudiar inglés por las tardes.
Aprendimos que la oposición no es democrática (todo fachas); que la Ciencia no entiende; que la Historia no fue como la leímos en los libros de torpes manipuladores a los que creímos rigurosos, afanados e imparciales; que los hombres somos todos violadores; que las mujeres son seres de luz (quizá ultravioleta o morada); que las empresas son depredadoras y extractivas; que los ministros (si son de izquierdas) sólo pretenden lo mejor para la Humanidad; que el objetivo de déficit era una milonga insana y que no teníamos ni idea de a quién hay que votar.
Es más, no habíamos percibido que los grandes almacenes eran abominables; que ir a los toros nos calificaba como seres prehistóricos; que pagar menos por volar atentaba contra el cambio climático; que fumar o conducir un diesel debieran ser delitos; que Amancio Ortega estaba equivocado creando tanto empleo y donando tantos millones a la Sanidad; que los propietarios de viviendas eran unos desalmados o que trabajar 8 horas era insolidario.
Llegó el zurdismo carpetovetónico de Sánchez e Iglesias para salvarnos de nuestra errática vida y nos advirtió de que las mujeres no deben lucir falda porque las cosificaba, los hombres no debían pedir un refresco no fuese a ser que se lo sirvieran a ella (con todo lo marginador que ello conlleva), las víctimas de ETA podían traumatizar a sus asesinos, las reclamaciones de los autónomos podían perjudicar la recaudación neta del Estado, los agricultores debían trabajar de sol a sol mientras ellos se ocuparían de la España vaciada, no se debía lucir la bandera para no crispar a los separatistas, las mujeres no debían parir hijos para igualarse al hombre, los abuelos no tendrían que vivir mucho, para ahorrar presupuesto que se pueda destinar a cambiar de sexo a niños de 12 años o a planes abortivos.
Por supuesto que controlar las fronteras era otro error; Andalucía, Madrid, Murcia y Galicia lo hacían fatal; bajar impuestos era cosa intolerable; suprimir el de sucesiones una burla; Cabify y Uber, algo horripilante; los transgénicos son una agresión; criticar las subvenciones al cine español era un asco; los judíos, insoportables; los que van a misa, lo peor; la tecnología 5G es un horror; la gente de Amazon practicaba delincuencia sin fronteras; los autores de canciones de amor están mal de la cabeza; los que escriben cuentos de hadas o princesas, unos inadaptados reaccionarios; vestir de rosa a un bebé, inaceptable y los niños que juegan en el recreo al fútbol merecen un castigo.
También fabricar anuncios o hablar español era funesto; las nucleares lo hacían fatal, los jugueteros y quienes se disfrazaban de aborigen en Carnaval merecían reproche; quien se vestía de Rey Mago o celebraba la Navidad y compraba regalos, muy mal; si tocabas la guitarra era como abrazar a una mujer sin su permiso, si tocabas la trompeta resultaba fálicamente patriarcal y si era el contrabajo podías ofender a quien estuviese en el paro.
Una mujer que estudiara Humanidades hacía daño, quienes negaban que la brecha salarial fuese como dicen era por molestar; los que hacían turismo buscaban reducir el mundo a cenizas y si cogían un avión rayaba en lo irresponsable; quienes se molestaban porque les okuparan su piso de la playa eran unos bárbaros; quienes se duchaban a diario y usaban colonia no pensaban nunca en los demás y quienes creyeron que España era un gran país eran unos fachas.
Así que defender los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad y no querer asumir que el comunismo era la salvación de todos fue un error descomunal, inabarcable, y una perniciosa herencia franquista.
Menos mal que llegaron ellos, la polifonía zurda, amorfa, irredenta y matacuras, y, sin perder un minuto ni cometer un sólo error, han confinado a todo un país en sus casas y han generado más de veinte mil muertos.
Se lo han llevado todo por delante y dicen que no van a dejar a nadie atrás.
A los que hay que dejar atrás es a esta cuerda de incompetentes de tintes penales, sectarios y embusteros, en la fosa más oscura de nuestra Historia.
He dicho.
(Gracias a Celalba Rivera Colomina por su cesión de base al copyright)






2 Comments
Qué maravilla, Olee y oleeeé, pienso igual y por ello para muchos y muchas soy un poco abominable y facha por supuesto. En cuanto he visto que era de Arenzana sabía q sería inmejorable. Puedo subirlo a Facebook?. Me encanta, a seguir así. Gracias.
Le agradezco enormemente sus palabras, Aurora. Por supuesto que puede subirlo a FB…, si los Fact Check no se lo impiden. 😉