La encrucijada del “cuándo”
Cuando un presidente ha de ir al extranjero a negociar con un fugado de la justicia la gobernabilidad del país (léase su continuidad en el cargo) porque necesita siete escaños que representan a 395.429 votantes, es decir, el 1.6% de los 24.688.087 (66.59% del censo electoral) que fueron los votos válidos en las últimas elecciones generales; cuando ese presidente traiciona el espíritu de la Transición de ese país -de una dictadura a la democracia- que brilló por el perdón y el consenso, abriendo de nuevo la trinchera del odio; cuando ha entregado a los grupos minoritarios, tan minoritarios como Junts, competencias y caprichos a diestro y siniestro porque los votos que consiguió en las elecciones generales no le dan para nada; cuando el hediondo aceite de su ideología se expande manchando las instituciones del Estado, una tras otra, colocando aquí y allá amigos, partidarios, empleados y servidores agradecidos; cuando algunos de los que acabo de referir son juristas de reconocido prestigio, pero que antes fueron ministros o ministras, fiscal general del estado, jefes y jefas de gabinete y otros puestos empapados del aceite pestoso; cuando el Tribunal Constitucional se mea encima y se mueve torticeramente por motivos políticos, y cuando son jurídicos se extralimita e invade un ámbito jurisdiccional que no le corresponde, según la misma Constitución; cuando ese presidente y su gobierno sostienen un ataque sin descanso al Jefe del Estado; cuando utiliza los instrumentos y el poder del estado para atacar y destruir a un rival político que está donde está por la sola fuerza de los votantes; cuando debilita al propio estado de derecho eliminando delitos y conductas ad hoc como pago a los que quieren destruir a nuestro país; cuando encabeza el espíritu de los que legislan en contra del derecho de propiedad protegido en nuestra Carta Magna; cuando se sienta en la mancha de sangre -seca, pero evidente- que dejaron los terroristas, para hablar de una paz figurada; cuando el gobierno que preside abre la puerta de la cárcel a asesinos, golpistas y convictos de delitos contra la libertad sexual; cuando le ríe las gracias a todos los de su entorno que han medrado para enriquecerse a costa del bolsillo maltrecho de los contribuyentes; cuando no satisfecho con lo de reírse quiere ir más allá, legislando para tapar la boca a los periodistas críticos y manchar con su aceite hediondo las puñetas de los jueces; cuando miente para decir que los mentirosos son los otros; cuando enreda la verdad para acusar a los demás de que son ellos los falsos; cuando en una catástrofe nacional se metió las manos en los bolsillos y miró para arriba, silbando; cuando está destrozando el partido que gobernó España durante muchos años al socaire del perdón y el consenso; cuando trata de darle vida a su mandato desenterrando muertos; cuando no se cansa de meternos la mano en los bolsillos y, a veces, el dedo en el culo para revisar la memoria colectiva; cuando pierde la memoria, la suya, repentinamente al ser preguntado por determinadas personas y no la recobra hasta que no le muestran la foto o la conversación en la que aparece con el que negó conocer; cuando es adicto al papel higiénico perfumado que hay en los retretes de La Moncloa; cuando confunde lo público con lo privado y lo de todos con lo suyo; cuando se ampara en la “demoscopia” para ganar milímetros en la barra roja de los gráficos y en los porcentajes de valoración de los líderes que nos avergüenzan; cuando ese presidente no puede pisar la calle como sí hacen los peores sátrapas; cuando el palo de una escoba es convertido en arma magnicida… Y, además, cuando los partidos que integran la oposición no se ponen de acuerdo para ser una alternativa de gobierno; cuando estos partidos sufren el “complejo de la extrema derecha”, dolencia difícil de tratar, por lo visto; cuando esta oposición aún no nos ha explicado cómo va a ser la España que con ellos viene; cuando más de cuarenta millones de ciudadanos vemos como el sentido común se desangra sin que a casi nadie de los políticos (también artistas, científicos, intelectuales…) que deberían, se les mueva ni un pelo de las cejas; cuando la paz y la paciencia agonizan; cuando el horizonte se borra; cuando además de este presidente traidor, eclosionan huevos extraños para darnos criaturas políticas como el impostor Errejón, notamos que todos estos “cuando” y todos los que podríamos añadirles, porque presupuestos de hecho no faltan, notamos, digo, que el “cuando salvador”, que también existe, debe estar perdido en una encrucijada difícil de solucionar. Pero cuando no hay cuándo, hay porqués, y todos ellos tienen respuesta (menos uno, ya sabemos cuál) Como ciudadano nacido a la edad de 18 años en la época de la Transición, lucho diariamente en tres frentes: contra la violencia de los que no llegan ni al 5%, contra la propaganda hedionda del traidor y contra que una mediocre cantamañanas me meta una y otra vez la mano en el bolsillo por el mismo roto. Si tenemos la respuesta del porqué tendremos la solución del cuándo. He aquí la encrucijada.




