En la calurosa tarde-noche de ayer 29 de mayo, víspera de la Festividad del Corpus Christi, se celebró en la Plaza de San Francisco de Sevilla el tradicional concierto de la víspera de la Banda Sinfónica Municipal, organizado por la Delegación de Fiestas Mayores del Ayuntamiento, que estuvo dirigido por Francisco Javier Gutiérrez Juan, director titular de la misma desde 2003.
El concierto llevaba por título La emperatriz hispana. Hacia la conmemoración del Centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929. En un día tan especial para Sevilla, de la mano de nuestra Banda Sinfónica Municipal, comenzábamos a festejar el Centenario en 2029 de uno de los hechos de mayor trascendencia en la Sevilla del siglo XX, un proyecto, que sin duda llenará la vida cultural de la ciudad en los años que restan hasta esa fecha.
En calidad de presentadora del concierto, tuve ocasión de desgranar las claves por las que este se enmarcó en las tempranas celebraciones del proyecto Sevilla 2029.
El evento escogido no era casual, siendo la del Corpus la única fiesta que durante el certamen se celebró en dos ocasiones, y en ambos casos, como ahora en el programa del concierto, combinando la religiosidad con los eventos populares.
La primera fue el 30 de mayo de 1929 coincidiendo como este año con el Día de San Fernando, cuyo monumento llevaba cinco años concluido. De hecho, este año hace cien años de ello. Don Aníbal González Álvarez Ossorio se encontraba muy enfermo y moriría al día siguiente. Pese a ser festivo, la Exposición seguía su curso con actividades vespertinas y nocturnas, y en paralelo a los habituales actos religiosos se abría al público el Barrio Moro y en el Stadium de la Exposición, el Sevilla FC. jugaba un segundo partido con el Rambla Juniors de Montevideo y se inauguraban extraoficialmente los hotelitos de Guadalquivir. Mientras, se celebraba la Semana Nacional de los Estados Unidos. Aquel día, la Banda del Ejército de los EEUU («Pershing’s Own») dirigida por William J. Stannard, daba un concierto en la plaza de América, con piezas de Paraguay, Perú, Salvador, Uruguay y Venezuela. Por la noche la radio del pabellón norteamericano retransmitía los resultados de las elecciones en Inglaterra.
El segundo día de Corpus, el de 1930, fue el 19 de junio de 1930, dos días antes de la clausura, razón por la que contó con la presencia en esta plaza de D. Alfonso, hijo de Alfonso XIII, Príncipe de Asturias, presenciando el paso de la comitiva del Corpus Christi y la procesión del Santísimo Sacramento. Aquel Corpus coincidió con la Semana Nacional de México. Por la noche hubo una gran Fiesta en el Pabellón del Aceite organizada por el Comité de Propaganda del Aceite de Oliva Español, un banquete mejicano en el Alfonso XIII, fuegos artificiales en el Sector Sur, y en el Teatro de la Exposición (actual Lope de Vega), la Compañía de Carmen Díaz repuso Los Duendes de Sevilla, de los Álvarez Quintero,
La iniciativa de dedicar este concierto a la Exposición llevaba implícita varios mensajes. De una parte, incidir en el protagonismo que la música (en sus diferentes tipos y manifestaciones) tuvo en el certamen generalmente interpretada en directo.
De otro, recordar la implicación en ella de la entonces Banda Municipal de Sevilla. Una institución ya entonces centenaria, que, durante las dos primeras décadas del siglo XX, en el contexto de la renovación cultural de Sevilla motivada por los preparativos de la Exposición, experimentó un gran impulso de la mano de su director Manuel Font Fernández; y no solo en actividad y proyección sino también en cuestiones organizativas, siendo todos sus miembros funcionarios desde 1913 y contando a partir de 1927 con su propio Reglamento. La Municipal tuvo una importante presencia en el certamen, y no solo, en la ceremonia de la inauguración, el 9 de mayo de 1929, para la que además Font de Anta compuso el pasodoble La Plaza de España, y su Rapsodia Americana. Por poner un ejemplo, todas las tardes, salvo los lunes, alternándose con la del Regimiento de Granada y la del Regimiento de Soria, amenizaban el recinto en las plazas de América y de los Conquistadores.
Por todo lo expuesto, y considerando además los nexos que algunos miembros de la Banda de aquella generación tuvieron con México, los lazos permanentes que Sevilla ha tenido y tiene con el país, así como el carácter festivo de la música mexicana, el concierto estuvo dedicado a México.
El concierto de este año, que como se refirió se titula La emperatriz hispana, en referencia a la Virgen de Guadalupe, ha llevado el nombre de la pieza del sevillano Daniel Albarrán; un encargo del Grupo Joven de la Hermandad de las Aguas de Sevilla con motivo del 50 aniversario de Ntra. Madre y Sra, del Mayor Dolor y María Santísima de Guadalupe, y estrenada en marzo de 2017 en el Real Círculo de Labradores de Sevilla. Con la elección de esta pieza, la única del programa de carácter religioso, se pretendía incidir en cómo la Sevilla actual sigue manteniendo la devoción por esta advocación que nació en Méjico (1531) y se expandió por España, y que es un símbolo del Hispanismo. No en vano, el 12 de octubre de 1928, en el contexto político de reforzamiento de las relaciones Iglesia-Estado y de la reivindicación del Hispanismo, cuando la Iberoamericana debía haber estado celebrándose (previa a ser postpuesta a 1929), la Virgen de Guadalupe extremeña fue coronada canónicamente el 12 de octubre de aquel año como Reina de la Hispanidad (Hispaniarum Regina) o de las Españas por el Cardenal Primado de España en presencia de Alfonso XIII. El paso de la imagen sevillana (realizada en 1965 por Luis Álvarez Duarte) nos recuerda la importancia de esta advocación y sus vínculos americanos, tanto en el llamador (donde se representa la aparición de la Virgen al indio Juan Diego), como en la miniatura en plata sobredorada de las rosas del Tepeyac, que lleva (una ofrenda realizada en 1971 por un devoto y hermano mexicano Francisco del Río Fadón) y en los candelabros (de Orfebrería Villareal, 977), labrados en metal plateados, en cuyos basamentos se representan las Vírgenes de Guadalupe de Extremadura y México.
Las restantes piezas del programa fueron composiciones de músicos mejicanos. Gutiérrez Juan podría haber escogido un repertorio inspirado en el 29, en especial porque conocemos el importante papel de la música mejicana en la Exposición, donde destacó especialmente la presencia del compositor Ignacio Fernández Esperón (alias Tato Nacho) que cantó (acompañado al piano) canciones populares mejicanas. Pero nuestro director prefirió optar por música, mayoritariamente, post-exposicional muy conocida por el público. Una buena decisión para una conmemoración, la del 29, que habrá de mirar al pasado, rememorarlo, pero no reproducirlo.
Así, también en la primera parte, disfrutamos con Sones de mariachi, de Blas Galindo Dimas (1940), dos obras del mexicano José Alfredo Jiménez Sandoval, que fueron interpretadas por primera vez por la Municipal de Sevilla con arreglos de Antonio Moreno Pozo, y cantadas por el tenor Pedro Gómez: Paloma querida (1949), convertida en éxito por Jorge Negrete y Deja que salga la luna (1951). La última pieza de la primera parte, mucho más reciente (2005), fue la Conga del Fuego Nuevo de Arturo Márquez referida a esta ceremonia ritual del Méjico precolombino centrado en la cosmovisión y la creación del sol.
En la segunda parte, Júrame de María Grever (M.ª Joaquina de la Portilla Torres), la primera compositora mexicana de repercusión internacional. Grever, de padre sevillano y madre mexicana, fue una niña prodigio de la música, que triunfó componiendo para cine, por sus canciones populares, sobre todo boleros. Las magníficas interpretaciones del tenor siguieron con La Bikina (Rubén Fuentes Gassón, 1964), la conocida serenata mexicana Estrellita (1912) de Manuel María Ponce Cuéllar, arreglada para violín y piano por el violinista Jascha Heifetz en 1923 para violín y piano, de la que se interpretó una versión para trombón de varas y orquesta de vientos, de Antonio Moreno Pozo para la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla. Destacamos la intervención de Carmelo Sosa Bancalero, natural de Galaroza (Huelva), miembro de la Municipal, Profesor Superior de Música en la Especialidad de Trombón.
A continuación, dos canciones, Malagueña salerosa (La malagueña) (atribuida a Elpidio Ramírez Burgos), El triste (Roberto Antonio Cantoral) (primera interpretación en 1970) y Danzón núm. 2 (Arturo Márquez Navarro). La implicación del público en el bis, Cielito Lindo, fue ciertamente espectacular.
Siempre impresiona el feedback de los asistentes para con Francisco Javier Gutiérrez Juan. Saludarle tras un concierto, es ver la gratitud y el cariño del público por nuestra Banda Municipal de Sevilla y su carismático director, quien con la fuerza e implicación que le caracteriza, sabrá captar adeptos a nuestro proyecto, dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin duda, unos grandes aliados para Sevilla 2029.
Como todo sucede cuando tiene que pasar, ayer, antes del concierto pude entregar a Francisco Javier un ejemplar del Reglamento de la Banda Municipal de Sevilla (aprobado por la Comisión Permanente del Excmo. Ayuntamiento en sesión de 7 de diciembre de 1927), que había adquirido hace tiempo pensando en él.
De nuevo, gracias a nuestra Banda y a su director.
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