Aunque sea asunto aún caliente, ya se ha dicho casi todo del no tan jovencito Íñigo Errejón y sus «especiales» relaciones sexuales; lo que al parecer era del conocimiento de gran parte de sus colegas gerifaltes progresistas.
La conclusión más obvia: la hipocresía y doble moral que significan estas conductas en ultrafeministas, tanto en quien las realiza, como en quienes las ocultan. Otra sería la frecuente autoexclusión de responsabilidades en estos individuos que nunca admiten haber hecho nada malo, porque la culpa fue del chachachá o del chochochó, o resumiendo las palabras del propio Errejón en confesa y confusa redacción: del patriarcado neoliberal que intoxica a los que están en primera línea de la política.
Pero incluso hay quienes conjeturan que este tipo de personajes, a los que se les ve venir de lejos, siempre esconden algún muerto en su armario, cuya exposición pública activan, justo cuando les interesa, aquellos que estaban en el secreto. Y esto nos llevaría a preguntarnos el porqué sale ahora a la luz…
En todo caso, hay que reconocer que lo de Errejón culpando al patriarcado no está mal tirado: con ello busca quedar bien ante el traicionado feminismo progresista, explicando el gran daño que esta maldita estructura machista puede causar incluso a inocentes feministas como él. Recordando a Gabinete Caligari podríamos cantar: «La culpa fue del chochochó… que me volvió un caradura, por la más pura casualidad. / La culpa fue del patriarcado, patriarcado neoliberal / que intoxicó mi mente, haciendo de mí un sujeto indecente».
Y es que en realidad Errejón es otra víctima del maldito machismo. No hay derecho.





