La cruz hay que llevarla en soledad y en silencio, me dije un día para mis adentros. Y yo solito aprendí a portarla de esta manera. A la vejez, sí, pero más vale tarde que nunca. Porque no sabe usted la cantidad de latigazos que este pobrecito servidor recibiría, si me dejara abandonar con semejante peso. Por eso, la cruz hay que llevarla en soledad y en silencio.





