«ER PUYASO»

He escrito ya innumerables artículos de opinión sobre política, asuntos de sociedad, deportes y un largo etc, sin ningún temor a cuál sea la reacción del lector. Por ello, recibo algún regalo. A veces, en forma de halago con reflexión al respecto incluida, y a su vez, un sin fin de «regalitos» a modo de «lindas ofensas» y «piropos crueles» desde las diferentes lindes ideológicas. Ni una cosa me estimula tanto para creérmelo ni la otra me incomoda ni condiciona lo más mínimo. Estoy convencido que esta bipolaridad de reacciones adversas se debe a que procuro ser neutral, ya que los puyazos que lanzo con la lanza del verbo van dirigidos a todos los tipos de encastes. Y sólo el término medio, afortunadamente, el de la virtud, el no sectario, se solidariza con mi opinión.
Es evidente que en este país, por narices tamaño Cirano, tienes que ser de derechas o izquierdas, o del Sevilla y antitbético o del Betis y antisevillista, o del Madrid o del Barcelona, o de La Macarena o de Triana con sus respectivos «antis» también. El no posicionarte al cien por cien en favor de algún «sector primario» no es bien recibido ni te hace popular entre los «de aquí no me muevo» que hoy en día son mayoría.
Como decía, he sacado la puya de la pluma sobre muchas cuestiones, pero nada tan delicado como el charco, mejor dicho, el pantano de arenas movedizas en el que me voy a meter en esta ocasión. Puede ser un suicidio social, sobre todo en «Miarma City». Pero bueno, el mundo es de los valientes y voy a ser fiel una vez más a mí mismo, pues ya tengo más cicatrices que el indio Gerónimo y esas, aún, no me impiden serlo.
Llevo años reflexionando sobre lo que observo, lo que vivo en cuaresma y durante la Semana Santa. Yo actualmente no soy un jubilado amortizado, ni tampoco una joven promesa. He vivido lo suficiente para tener criterio sobre lo que voy a exponer. Por experiencia propia, la de mis hermanos, que lo viven desde otra perspectiva distinta, y la de mis mayores que hoy en día pertenecen como colabores directos a su historia. También por amigos muy cercanos comprometidos con este controvertido mundo.
¡Vamos allá! Respiro hondo, me coloco bien el castoreño, el corbatín y la chaquetilla, echo pié en el estribo y me monto en el bretón overo protegido con el peto, como también mi pierna derecha con la gregoriana, y agarro fuerte la garrocha.
Observo que en los foros, mesas redondas, tertulias etc, a los que he asistido desde hace tiempo, previos a la semana grande, se habla de hermanos mayores y juntas de gobierno, de las bandas, de capataces y costaleros, de vestidores, de orfebres, de bordadores, de imagineros, de floristas, de recorridos, de diferentes estilos más o menos rancios y no se habla en ninguna ocasión, ni brevemente, de lo importante. Del Alfa de este invento. Del porqué de esta Maravilla única en el mundo. Ni un solo comentario, ni una sola palabra al respecto y ni una, por supuesto, oración que recuerde qué ha hecho que todo sea posible.
Por favor, tengamos presente que todo esto empieza con la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Del Dolor de Su Santa Madre por esa injusta y cruel muerte. No cabe decir más al respecto.
El objetivo de las procesiones desde un principio fue cristianar, y así debe seguir siendo. Todo comienza con la iniciativa de llevarlas a la parte más desfavorecida de la sociedad, carente de recursos y de cultura, que en aquella época era la mayoría. Para que conocieran, no sólo iconográficamente la Pasión del Señor, sino también Su Palabra, el mensaje de la misma. La intención era para convertir, llevar la palabra de Dios, crear conciencia de la misma, acercar a las personas a los templos y a su vez al Sagrario, invitando a una vida terrenal de esperanza, basada en la confianza hacia Dios. A través de la figura de Su Hijo que con su sacrificio nos libra del pecado y promete una vida eterna.
Las hermandades nacieron de la unión de compañeros de los diferentes oficios, es decir, las cofradías. Estas fueron creadas con la única finalidad de compensar con recursos comunes a los desfavorecidos a través de la figura de Cristo y de Su Madre. Y en representación de ellos comienzan el vínculo con los templos, el encargo de la mayoría de las tallas de los titulares actuales y las futuras procesiones de los mismos por los diferentes barrios donde se encontraban dichas cofradías. Siendo evidente y tangible la intención en el pasado y que hoy en día, lamentablemente, se difumina.
Pues bien, lamento mucho que eso se haya perdido. Esto se ha convertido en una actividad lúdica donde se procede, previamente a la Semana Santa, a visitar los templos como si fueran museos y los titulares obras de arte (que lo son, entiendan lo que quiero decir). Y los cultos; triduos, quinarios, septenarios y novenas como actos sociales. Sin profundizar en el porqué y el significado de los mismos.
Continuamos por las vísperas. En el mejor de los casos, se viven como la fase de grupos de un mundial luchando por la clasificación a la fase siguiente, y en el peor, como si fueran los teloneros de un concierto calentando los motores de lo que viene después. El personal queda para ver esta o la otra sin otro propósito que contarlo e ir haciendo muescas en la culata del programa para luego quedar por la zona, aprovechando que no está en su ruta habitual esos lares, para tomarse algo allí o allá, que le han dicho que ponen una cerveza excelente, unas tapas muy buenas y todo muy baratito.
Y llega la Semana Grande. Todo ser humano que pise la ciudad de La Giralda, o la gran mayoría de ellos, a la calle con el modelito de turno previamente elegido según su gusto sin hacer caso del sentido común, ni mucho menos a las tradiciones. Lo hacen muy motivados, incluso por «influencers» (menudo «palabro». No sé si es más estúpido el término o el que lo ejerce) para impresionar a los devotos del vacío. Una masa de personas deambulando como zombies hambrientos en busca de un paso. Para ver una «revirá» (por Dios qué palabrita también), para escuchar no sé qué marcha que la toca no sé cuál banda y en donde el paso hace el triple mortal hacia atrás con pirueta inversa. Y, como no, también aquel palio que lleva más flores que tiene el Amazonas en todo su término y más velas que todos los buques escuelas del planeta, algunas con más rizos que la melena de Cucurella.
Luego están los expertos en la materia. Saben simplemente viendo una foto de una mano de un angelito de la esquina de una canastilla, a qué paso pertenece el angelito, en que año se talló, quién es su autor, y es capaz de decirte como se llamaba la cuñada y con qué detergente lavaba. Oyen dos segundos de una marcha y te dicen cuál es, cómo se llama el autor con sus ocho apellidos y si la marcha está en clave de Sol o de Fa. Ya quisieran los concursantes de Pasapalabra…
También son expertos en capataces, contraguías, pateros, fijadores, costeros y corrientes. Sabiendo nombre, apellidos, número de teléfono y fecha de nacimiento de los mismos. Expertos en saber cuántos hermanos y nazarenos tiene y lleva cada hermandad. En cuales son los vestidores y a qué bordadores perteneces la túnica, el manto, la saya y el resto del vestuario de los titulares y de las demás figuras que le acompañen. Y cómo no, los respiraderos, los varales, las insignias, inciensarios, ciriales, faroles y varas y a qué orfebres corresponden. Igual con las flores.
Así con todo lo secundario, con lo superficial. Pero estos especímenes, que se consideran una raza superior («capillitus máximus» o «cofradis explendidus») se colocan a diario un traje con un escudo en el ojal de la solapa y una medalla y, con más cara que un buey con paperas, cruzan continuamente por los tramos de penitentes sin pudor. Andan en grupos por delante de personas que pacientemente están esperando a que llegue el paso en el sitio que se ha ganado a base de tesón, empujándolas sin tacto alguno y en ocasiones también a los nazarenos, por el ansia viva de colocarse delante del paso y quedarse a vivir allí una temporada hasta que elijan a su próxima víctima en el ya decadente programa de mano o en el actualizado PDF que cuidadosamente guarda en el móvil ataviado con una estampita en su funda. Se creen con ese derecho porque durante todo el año escuchan marchas en vez de reguetón.
¿Quién ve toda esta maravilla de nuestra tierra con los ojos que nos pide el Señor que veamos en nuestra vida? ¿Quién ve como Dios entrega a Su Hijo para nuestra salvación en los diferentes misterios de los pasos? ¿Cómo Jesucristo aceptó ese cáliz y con qué entrega? ¿Cómo sufrió el escarnio, la burla, la traición, la incomprensión, el sufrimiento, el dolor? ¿Con qué motivo? ¿Qué significado tiene cada una de las estaciones del Viacrucis? ¿Quién ve el dolor de Su Madre y recuerda su comportamiento ante él? Apuesto que una gran minoría. Y voy a decir por qué pienso que es una gran minoría. Primero, porque hay muy poca o ninguna formación religiosa en los colegios públicos y en los hogares de la mayoría de los ciudadanos. También en las hermandades para exigir pertenecer a ellas, a sus grupos de juventud y a su procesión como penitentes. Y segundo, por el comportamiento que se ve en las personas durante la Semana Santa. Las personas no son solidarias con el prójimo, desde dejar paso si te lo piden para salir de la bulla, o respetar la procesión y su comitiva, hasta el despropósito de no soltar el vaso al paso del paso. Y un largo etc que no voy a describir porque me voy a aplicar el «no juzgues y no serás juzgado» y «el que esté libre de pecado que tire la primera piedra».
Todo lo anteriormente descrito es una muestra, pero por supuesto y por encima de todo, lo que corrobora mi teoría es el cainismo. Y aquí me voy a explayar:
Hermanos mayores y juntas de gobierno que se creen dueños y señores de entidades y titulares que son y están desde antes que nacieran y seguirán siendo y estando cuando ya no pertenezcan a este mundo. Estos elementos que se creen altos cargos. Que miran por encima del hombro a los que consideran tropa, a sus propios hermanos. A los que tienen el deber de servir.
También la rivalidad. Extrema en algunos casos. Ya sea entre hermanos como entre hermandades.
La crítica. A todo. O también lo contrario. La aceptación de todo. Y todo ello, según convenga en qué lugar, en qué momento y delante de quien o quienes.
Puedes escuchar o leer criticas a una hermandad por no salir porque daban agua y luego no llueve. O poniendo otro ejemplo en el mismo caso, que salga pero sin florituras y por el recorrido más corto. E incluso a paso de mudá si es necesario para cumplir lo importante, que no olvidemos que son; la estación de penitencia, el viacrucis, el traslado o sea cual sea el motivo de la procesión. En estos casos también jarabe de lo mismo; leña al mono.
También, sorprendentemente, se puede observar todo lo contrario, escuchar o leer alabanzas a hermandades que sabiendo que va a llover a ciencia cierta salen, faltando al respeto a los titulares, a lo que representan como a su valor artístico, al patrimonio físico de la hermandad y al humano. Y no contentos con eso, se lucen haciendo como imperativo su «show» característico como si fuera de obligado cumplimiento ese gesto a sus seguidores.
Donde hay tal cainismo, incoherencias de proporciones bíblicas y despropósitos del calibre tres mil seiscientos cuarenta y ocho, difícilmente puede estar presente el Mandamiento Nuevo, el Amor, es decir, Dios.
Todo se ha convertido en un espectáculo itinerante, un teatro callejero que carece de la profundidad que debe tener. Y estamos obligados a recuperar el sentido de los orígenes. Esa esencia que se perdió con nuestros abuelos. Esa pureza.
Dice la RAE que lo clásico es lo que no se puede mejorar. Seamos conscientes que innovar en lo clásico hace que se pierda la esencia a lo que estaba destinado. Las cofradías y sus procesiones tenía una función muy lejana a los intereses de los que ahora las dirigen.Tenemos que ser conscientes que procesionar los titulares no deja de ser un culto y, como tal, merece un respeto y un decoro. Tanto por parte de los organizadores, como de los participantes como por parte de a los que se les ofrece.
No se puede morir de éxito. En otra época, viendo las cosas que se ven hoy en día, ya hubiera intervenido el Consejo e incluso Palacio.
Pero en fin, como me despido siempre: «Entre todos la Mataron, y ella sola se murió…»






1 Comment
Enhorabuena Santi, no puedo estar más de acuerdo con la exposición que has hecho, por dura que sea para muchos. Espero que nos sirva a todos de reflexión. Y volvamos a tiempos pasados, antes que sea más tarde.
Muchos que pensamos como tú, nos estamos apoyando en otros movimientos católicos,, buscando, lo perdido.
Fuerte abrazo