En el socialcomunismo hay una tendencia a que la muerte se convierta antes en un acto programado que en un infortunio por sorpresa.
Al comunismo no le agradan los imprevistos, quizá por lo que conllevan de libre albedrío o de disposición a voluntad sin contar con ellos. El comunismo prefiere siempre la muerte programada, autorizada por el aparato, como una burocracia de huesos y esqueletos con matasellos de un comisario o del partido. ¡A ver si se va a creer usted que puede morirse cuando quiera, hombre!
Un muerto programado en la agenda de la cheka es sólo un expediente, un número sin alma ni rencores que no presenta aristas ni reclamaciones. Basta con anotarlos en la libreta del olvido y a otra cosa.
Lo malo es cuando la gente se muere o se mata por su cuenta, al buen tuntún, sin pedir permiso o pretende hacerlo sin pagar las tasas que exige Marichús Montero, que es por eso que desea reponer los impuestos de sucesiones y patrimonio a todo quisque, para que paguen al menos una multa por morirse sin la correspondiente autorización administrativa, que de ahí viene la referencia a los tiranos como «dueños de vidas y haciendas».
Con 80.000 muertos de repente, más si entre la llamada Tercera edad, Marichús y el gobierno de mariachis de Sánchez andan con la nerviosera de todas esas muertes que no habían sido autorizadas por el Ministerio de la Morgue (a punto de ser creado) y a las que encima no les han podido cobrar el impuesto sobre las herencias. Se tendrán que pensar una disposición adicional con efecto retroactivo para que no se les escape todo ese beneficio de los fallecidos para las arcas del Estado.
Vale que Illa fue colocado en Sanidad para lanzarlo como candidato a la Generalitat desde el principio, pero tampoco era del todo imprescindible poner a un tipo con ese estilo de sepulturero y ese gesto adusto de pésame en formol que en Lo_País denominan «sobriedad» porque «estilo funeral» quedaba mal para la demoscopia electorera.
A Pablo Iglesias, ese burócrata que sólo sabe recontar los muertos de un lado, le duele la mano de firmar certificados de defunciones en las residencias de ancianos, que los muy traidores no se han molestado ni en pedir permiso para fallecer de covid19 y ni siquiera iniciaron los trámites de un expediente para morirse mediante la eutanasia, lo que al gobierno le habría reportado al menos una cifra generosa para justificar una medida tan macabra como innecesaria.
Palmarla, pues, es mera burocracia para el progre y el Ministerio del Género no tiene como misión acabar con violencias machistas de ninguna clase, sino más bien asegurarse de que la cifra de asesinadas se mantiene y que no decaiga nunca por debajo de la tasa que lo autojustifique, incluso si es necesario importar inmigrantes a porrillo que nada tienen que ver con ese presunto machismo estructural de la sociedad española, sino que en todo caso estaría relacionado con el machismo estructural de Marruecos, o de Senegal, etc.
Los números son tozudos y lo demuestran con toda claridad, que por más millones que roben del presupuesto la cifra de asesinadas se mantiene impermeable a los delirios argumentales del feminismo, a pesar de que contabiliza como agresión machista hasta una discusión por drogas, todo lo cual se les derrumba por completo cuando un nene de 6 años declara en el juzgado que su papá no hace nada malo pero que su mamá bebe como un cosaco ruso en fiestas patronales y se inventa los malos tratos como el Ministerio de la Marquesa se inventa las denuncias y toda su palabrería hueca.
No hay mejor manera de empezar el año que estampando un todo terreno contra un árbol ‘cayetano’ situado estratégicamente por las huestes de Abascal en un arcén para atrapar a podemitas incautos. Más aún si lo haces a la hora de las brujas, saltándote el toque de queda y con un cargo bajo el brazo de esos que al 25% de la gente de Podemos le ha permitido comprarse una casa en este primer año de la victoria.
Para morirse en el comunismo hace falta rellenar muchos papeles, pero mucha más burocracia requerirá sobrevivir en esta intemperie desastrosa que ha generado un gobierno obtuso y grandilocuente en el que dan muchas ganas de morirse, de la vergüenza que nos causa, cuando un ególatra nos somete a su capricho a dos horas de discurso de autobombo y de mentiras.
He dicho.





