Las bofetadas se las están dando a Moreno Bonilla y sin duda es el responsable ultimo como presidente del Gobierno, pero apunten bien su nombre porque ya ha protagonizado suficientes mamarrachadas de buen tamaño y precio como para que otra vez huya políticamente indemne a costa en esta ocasión de su lamentable intento de prohibir la celebración de un evento taurino protagonizado por una cuadrilla de cómicos.
Se llama Rocío Ruiz, es onubense y diputada por Huelva en las filas del casi extinto partido C’s, según las encuestas, y ejerce como consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación de la Junta de Andalucía desde 2018, a la cual ya hubo que restarle competencias ante su más que dudosa capacidad para ejercerlas y por su desviado y caprichoso desempeño.
Casada con un alto capillita onubense al que acompañaba luciendo palmito y mantilla a los eventos cofrades de su ciudad, una vez divorciada, en 2013, aprovechó un artículo en un periódico para saldar sus deudas personales dentro del matrimonio con un chorreo infame de majaderías y estupideces que habría podido firmar cualquier ignominioso e irreverente indocumentado de Podemos, donde calificaba las procesiones de la Semana Santa de “un espectáculo tenebroso…, rescatado de la Historia medieval”. No contenta con ello, abundó que se trata de “gente que se autoinflige castigos y se destroza la columna por cargar a cuestas enormes trozos de madera decorados con costosos vestidos» y señaló que ella aprovecha la Semana Santa para viajar y huir «de la farsa e hipócrita representación», relatando incluso sus visitas «a tierras herejes e impías» y recordando con disparatada ridiculez que «todos somos mestizos» y que «fuimos, afortunadamente, parte de esa espléndida, avanzada y culta civilización árabe».
De modo que la muy sensible feminoide de la Igualdad en el Gobierno andaluz aplaude las bondades talibanescas proclamadas por el profeta… y con esas credenciales de bombera-torera y después de pedir disculpas por su ofensivo exabrupto contra la Semana Santa, era fácil suponer que la susodicha nos proporcionaría tardes de comicidad y gloria a la altura del espectáculo taurino, así que ya el pasado mes de diciembre vino a defender, en contra de lo aprobado en Consejo de Gobierno y en contra del código ético de su propio partido, que los delegados provinciales no fuesen necesariamente funcionarios, sino que ella pudiese escoger entre sus amigotes, a varios de los cuales ya tenía planeado enchufarlos dentro de su red clientelar, según confesión propia. Desde entonces al menos, la tal Rocío Ruiz se ha convertido en ”plomo en las alas del Gobierno” de Moreno Bonilla y Juan Marín y éste último no sabe cómo librarse de las solemnes meteduras de pata de quien además ha amenazado con robarle el liderazgo dentro del partido.
La tal Ruiz, que despliega cada vez que puede toda esa falsaria enjundia igualitarista que acostumbra a exhibir la izquierda sin atisbo de pudor, estuvo apoyada tiempo atrás internamente por el entonces secretario de Organización del partido, el muy dudoso Fran Hervías, que desde el pasado mes de marzo se auto transfirió a las filas del PP después del fiasco protagonizado en Murcia y en Madrid por gente tan desleal de C’s como la propia Rocío Ruiz.
Cuando Marín apuntó recientemente que presentarse a las próximas elecciones en una candidatura conjunta con el PP era una opción posible, la tal Ruiz salió en tromba a decir que por encima de su cadáver…
Al igual que otros varios miembros más de C’s, como el malagueño Carlos Hernández White, la mencionada Ruiz pertenece a esa clase de acomplejados que se arrodillan cobardemente ante la hiper corrección política para hacerse perdonar nadie sabe qué de sus “amitos” morales de la izquierda, permaneciendo en su parcelita de caprichos e impunidades y sacando pecho sólo para atentar contra los derechos de los más débiles, como ocurre ahora con las personas aquejadas de enanismo u acondroplasia, quienes, según esta dama, no pueden trabajar en lo que les dé la gana, porque en su vergonzante y alicorta visión, un discapacitado sí tiene permiso para vender cupones o para sentarse en un poyete a pedir limosna, pero no para ganarse un sueldo digna y libremente en un espectáculo circense vinculado al mundo del toro.
Ella, que no tuvo la mínima dignidad de presentar su dimisión tras arrearle una patada a su marido en el trasero de la Semana Santa, confunde ahora su presunta lucha por la dignidad de ciertas personas negándoles la facultad y el libre derecho a ejercer de lo que les dé la gana en una actividad legal y con todos los permisos en regla.
No tuvo escrúpulos para montarle un circo a los cofrades y costaleros; tampoco para la deslealtad a su partido y a su jefe de filas y ahora menos aún para arrasar con los derechos y libertades de las personas que legalmente procuran la diversión y el asombro de los espectadores que legítimamente desean disfrutar de un espectáculo cómico-taurino para el que, más allá del humor, se precisa un valor muy superior al que demuestran ella y sus asimiladitos con el riñón cubierto por el dinero público.
Los duros con las espigas, las señoritingas moralistas y cortijeritos de la soberbia, los falsos piadosos…, los miserables de siempre.
He dicho.





