La civilización occidental se sustenta sobre tres pilares básicos, como son la filosofía griega, el Derecho Romano y el cristianismo, que es el que aportó una base moral basada en la dignidad de toda persona, pues todos somos iguales a ojos de Dios, lo que dio lugar a principios incuestionables como la igualdad hombre-mujer o la propia separación Iglesia-Estado, esa distinción entre el poder temporal y espiritual de la que habló Jesucristo cuando dijo: “Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”.
Hay religiones que no propugnan estos principios, y algunos de sus seguidores se niegan a adaptarse, construyendo sociedades paralelas a través de guetos en los que tratan de aplicar sus propias leyes, siendo el caso del islam político, que cuestiona los principios básicos de una democracia liberal. De no ser por el proceso de Reconquista, hoy España sería, en el mejor de los casos, una democracia inestable como Túnez. No hay más que ver los derechos de los que disponen mujeres y homosexuales en los países musulmanes, esos dos colectivos a los que tanto apela la misma izquierda feminista y LGTBI friendly. Se da aquello que decía muy acertadamente Meloni: “La izquierda defiende a la mujer hasta que el agresor es extranjero”.
En el caso de España, la Fiesta del Cordero, donde se sacrifican a 50.000 animales de esta especie cada año, evidencia la falta de integración y la negativa a cumplir las leyes que son comunes a todos aquellos que residen en España.
En dicha celebración, los corderos son sacrificados siguiendo el rito halal, siendo degollados para luego dejar que se desangren, mientras que la ley exige que sean aturdidos previamente, es decir, que no se encuentren conscientes en el momento en el que son degollados. Mientras se prohíbe la matanza del cerdo, esta salvajada, además ilegal, es permitida en aras de lo políticamente correcto, sin que tengan nada que decir partidos que, como Podemos y ERC, luego rechazan la tauromaquia, en ambos casos movidos por la hispanofobia.
España está vulnerando la normativa europea, pues un Reglamento comunitario de 2009 establece que el sacrificio de corderos debe realizarse en mataderos o por personal acreditado si no se puede aturdir al animal, y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos en 2024 prohibió el sacrificio halal, priorizando en su ponderación de derechos el bienestar animal y la seguridad sanitaria sobre la libertad religiosa, lo que implicaba que la Fiesta del Cordero debía celebrarse siguiendo unas pautas legales: en el domicilio, previo aturdimiento del animal.
Aludiendo a estos antecedentes legales se puede entender mejor la prohibición planteada en Jumilla (Murcia) este verano, cuando VOX ha propuesto acabar con las celebraciones islámicas en las instalaciones municipales. Fruto de esta medida, se ha evidenciado por medio de la reacción de la izquierda su sangrante hipocresía, tal es el caso de la misma Yolanda Díaz, que al igual que el resto de sus compañeros de partido, no se retrata como antirreligiosa y anticlerical, sino tan cristianófoba como islamófila, pues siendo teniente de alcalde de El Ferrol se negó a ceder un teatro municipal para una exposición de Semana Santa, argumentando que se debía destinar únicamente a actividades culturales. No obstante, si VOX propone que las instalaciones municipales sean sólo para actividades deportivas, es islamófobo e incurre en una discriminación intolerable. Se hace especialmente visible lo que propugna la izquierda: alfombra roja para el islam y persecución y ostracismo contra los católicos.
En aras de la tolerancia y el multiculturalismo progre no se pueden poner limitaciones ni exigencias legales a los no cristianos atendiendo a su religión. No obstante, incurren en una nueva hipocresía, otra más, ya que este mismo año se ha suspendido en Marruecos la Fiesta del Cordero por escasez de ganado, pidiendo Mohamed VI a los musulmanes que no la celebraran por la sequía y el alto precio de la carne, pero, ¿no era islamófobo tratar de modificar la festividad? ¿Lo son los animalistas de PACMA por intentar prohibir esta fiesta islámica? Si lo son, debemos recordar que Podemos intentó formar coalición con ellos en las generales de 2015, luego, ¿intentaron llegar a un acuerdo con un partido islamófobo?
Las paradojas no terminan ahí: mientras en Marruecos se permiten modificar y restringir la Fiesta del Cordero, en la “progre y multicultural” España, ayuntamientos gobernados no ya por la izquierda sino por el PP como el de Ceuta, compran con dinero público corderos y mataderos móviles que cuentan con veterinarios, operarios, limpiadores, carpas, puntos de refrigeración y bolsas especiales para vísceras, igual que en Cataluña. Cuestión distinta es que sus destinatarios los utilicen.
No satisfechos con darles todas las facilidades para cumplir la ley, y a pesar de que la amplia mayoría persiste en su negativa, aplicando sus propias reglas, Ceuta y Melilla, las dos ciudades autónomas, gobernadas además por el PP, han modificado el calendario laboral para que en 2026 la Fiesta del Cordero sea festiva. En efecto, la ley establece un total de 14 días festivos anuales, doce de los cuales son establecidos a nivel nacional y autonómico, y los otros dos restantes quedando a disposición de cada localidad, por lo que en el caso concreto de Melilla, a partir del próximo año, el Día de San José y el de la Hispanidad dejarán de ser festivos allí, siéndolo en su lugar la Fiesta del Ayuno y la Fiesta del Cordero.
La misma izquierda laicista que quiere acabar con la religión en los colegios y la enseñanza concertada, arremetiendo de manera constante contra la presencia de la religión en el espacio público, quiere que se enseñe el islam en las aulas y se cedan instalaciones públicas para manifestaciones religiosas siempre que no sean de la confesión católica, combinando la islamofilia y la cristianofobia. A esta inherente contradicción se suma la hipocresía de aquellos que piden una tolerancia para su religión que luego no se predica ni se practica en sus países de origen, donde esas mismas creencias son mayoritarias.
Tal y como destacaba en un reciente artículo el periodista Xavier Rius, la población inmigrante en Jumilla es de un 20 %, cifras que en realidad son mayores, ya que en dichas estadísticas no se contabiliza a los inmigrantes ilegales ni a aquellos que han adquirido la nacionalidad española tras diez años de residencia legal, algo que de por sí no garantiza la integración.
Otra vertiente de esta misma cuestión es la relativa a otra polémica que no cesa en las sociedades europeas, que es la que se refiere al velo islámico, una prenda que parte de una visión que ve a la mujer como fuente de tentación, cuyo valor moral se mide por la apariencia, siendo responsable de evitar el deseo masculino hacia ella, algo ante lo que el feminismo radical de la izquierda enmudece, una vez más, de manera hipócrita.
El velo islámico es obligatorio, incluso para las mujeres extranjeras, en Irán y Afganistán, y en otros países musulmanes como Marruecos, Egipto y Pakistán, pese a no ser obligatorio, aquellas mujeres que no lo llevan están sujetas a una fuerte presión social y familiar, con indeseables consecuencias como la estigmatización y la exclusión de la sociedad, llegando a sufrir incluso acoso verbal y físico.
En cierta ocasión, cuando Jordi Évole hizo en “Salvados” un programa en el que trató de ridiculizar al entonces líder de Plataforma por Cataluña (PxC), Josep Anglada, y éste habló contra el velo islámico, el periodista progre le dijo a unas monjas que debían quitarse el velo porque, según su argumentación, Anglada lo decía. No obstante, las diferencias no es que sean abismales, sino que realmente no hay siquiera punto de comparación entre ambas situaciones, ya que las monjas han elegido libremente llevar velo, una prenda religiosa que no se espera que lleven todas las mujeres, y mucho menos por el hecho de serlo, y no están sujetas a presión social de ningún tipo. Lo que hace que todo cambie es el valor más importante de nuestras vidas, que es la libertad, y que como decía, precisamente, una figura de izquierdas como Azaña: “La libertad no hace a los hombres más felices. Los hace sencillamente hombres”. En efecto, la libertad forma parte de la esencia más profunda del ser humano, y aquel régimen o persona que vaya contra la libertad, va contra la propia naturaleza humana.
Pese a lo que implica que las mujeres sean forzadas, o cuanto menos coaccionadas en las sociedades islámicas para llevar velo, Feijóo ha llegado a decir que dicho atuendo «no atenta contra la dignidad de la mujer”, mientras que VOX es el único partido que admirablemente denuncia lo que representa este símbolo de opresión, proponiendo prohibirlo en el espacio público como hizo Sarkozy en Francia, que precisamente no forma parte de la misma familia política de VOX sino del PP, ¿o acaso Feijóo lo considera un radical? Si es así, ¿lo van a expulsar a él y a su partido del Partido Popular Europeo como hicieron con Orban?
Citaba recientemente Xavier Rius un caso paradigmático que sucedió en un instituto de Mollerusca (Lérida) en 2009, cuando, al permitirse a las niñas musulmanas llevar velo en clase, los niños se rebelaron y decidieron llevar gorra e incluso casco, pero finalmente dieron su brazo a torcer, cerrándose un debate que se ha dado en buena parte de Europa, y que habría puesto de manifiesto la actitud discriminatoria de la izquierda contra los católicos frente a los integrantes de otras religiones, pues mientras sacan los crucifijos de las aulas, permiten otro símbolo religioso como el velo islámico, que, por cierto en consonancia con la izquierda y el tibio Feijóo, la “combativa” Ayuso se niega a prohibir.
¿Cuál es la situación del velo islámico y el burka en otros países de nuestro entorno?
- En Francia está prohibido que lo lleven las estudiantes en la escuela pública y las funcionarias en el trabajo.
- En Bélgica y Países Bajos está prohibido el velo en muchas escuelas públicas y totalmente prohibido el burka.
- En Alemania, en algunos länder, el hiyab (velo islámico) está prohibido para las profesoras, juezas y empleadas municipales.
- En Austria, el burka está prohibido.
En España, a diferencia de los principales países europeos, ni siquiera el burka es ilegal, aprobándose ordenanzas municipales, tumbadas posteriormente por el Tribunal Supremo, para prohibir las prendas que cubren el rostro en edificios públicos, no así en la vía pública, en dos municipios catalanes: en Lérida y Reus (Tarragona). En el caso de Lérida, fue aprobado por un gobierno del PSC, luego, ¿tiene Sánchez ultraderechistas en su partido? En el de Reus, lo hizo un alcalde de CIU que hoy pertenece a JxCat, es decir, alguien del partido al que antes perteneció Puigdemont como al que ahora lidera, es decir, a una formación socia de Sánchez, que en base a estos datos, tiene “ultraderechistas” en su partido y pacta con un partido de “ultraderecha” que hacen lo mismo que dice VOX. En el caso de la formación separatista, no pueden alegar que se tratase de un alcalde que operaba por libre, sino por el contrario, en consonancia con la línea oficial del partido de Puigdemnt, que el pasado mes de mayo, propuso en el Parlamento Catalán prohibir el velo islámico en los colegios y el burka en las calles.
Ante todos estos hechos, es triste ver la reacción de la Conferencia Episcopal, con la excepción de algún obispo valiente y coherente que se atreve a meter el dedo en la llaga, pues mientras el órgano que representa a los obispos españoles se ha mostrado dispuesto a ceder edificios eclesiásticos para que la comunidad islámica puede celebrar sus festividad, el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, se ha salido de la línea oficial al denunciar la ausencia de reciprocidad, ya que se benefician de la tolerancia aquellos que la niegan.
Cuando el arzobispo de Madrid, José Cobo, se ha rasgado las vestiduras y ha arremetido, indignado, contra la propuesta de VOX en Jumilla le han recordado que la defensa de la supuesta libertad religiosa que ha hecho de los musulmanes ha brillado por su ausencia en el caso de los practicantes de la misma fe que predica, ya que cuando un grupo liderado por el valeroso José Andrés Calderón fue a rezar el Rosario frente a la sede del PSOE en Ferraz y se les impuso una multa de 6000 euros, no tuvo que nada que decir, de igual modo que tampoco hizo lo propio cuando son detenidos y multados católicos que rezan frente a clínicas abortistas. No mueve un dedo cuando se persigue la fe que representa, pero sí cuando afecta a la de aquellos en cuyos países de origen se persigue dicha fe, y además, al amparo de las creencias en cuya defensa sale.
Como señaló un brillante Benedicto XVI en su recordado discurso de Ratisbona en 2006, si se separa la autoridad política de la religiosa, se crean garantías para la tolerancia religiosa, lo que permitió al cristianismo recuperar elementos propios que había perdido a lo largo de su Historia, por lo que, se preguntaba si el islam podría cristalizar en el enfoque racional y de diálogo que presentan otras religiones. Plantear una cuestión tan legítima como necesaria no implica afirmar, ni mucho menos, que los musulmanes sean intolerantes, sino el islam como conjunto de creencias, ya que, a diferencia del cristianismo, considera impía la libertad religiosa.
Parece ser que hoy lo políticamente correcto es creer que la tolerancia sólo debe ser practicada por los países que acogen inmigración musulmana, mientras que aquellos que llegan al nuevo país no tienen ningún deber a la hora de integrarse. De seguir esta deriva suicida, España seguirá, de manera mucho más lenta, el camino que Francia, y en ambos casos el desenlace es el mismo: la sustitución del catolicismo por el islam, ya que las mezquitas no sólo un edificio religioso sino un conjunto en el que los musulmanes llevan a cabo la vida comunitaria, con bibliotecas, salas de deporte y espacios sociales, y en este mismo contexto, la Fiesta del Cordero es utilizada como la afirmación de la presencia y la identidad islámica en un territorio.





