Incomprensible e irresponsable la actuación policial ordenada esta misma mañana en Sevilla por el ministro Marlaska a través de la Subdelegación del Gobierno impidiendo el acceso a la Plaza Nueva a varios cientos de personas que pretendían asistir a la rueda de Prensa convocada por el líder de VOX, Santiago Abascal, porque lejos de evitar la aglomeración (esa era la excusa), lo que provocó el taponamiento de las vías de acceso por los retenes policiales fue precisamente una concentración alta de personas que, de haber podido acceder al amplio espacio de la plaza, hubieran podido mantener las debidas distancias de seguridad.
Además, el cierre perimetral de la Plaza Nueva, a las puertas del Ayuntamiento, logró colapsar aún más las calles próximas por los viandantes a esa hora por la zona, perjudicando también a los comerciantes de los alrededores, cuando todo hubiese podido transcurrir con normalidad sólo con evitar una presencia policial del todo innecesaria y muy superior en número al despliegue que hubiese requerido en su día cada visita de los políticos de VOX tanto al País Vasco como a Cataluña, donde resultaron reiteradamente agredidos e increpados sin que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que Marlaska utiliza de forma ilegal como si le pertenecieran a su capricho, lo impidiese, al contrario de lo que ha hecho hoy en Sevilla.
Amparados en la situación ocasionada por la imprevisión del gobierno en el control de la pandemia, cada día hay una muestra más de los manifiestos ataques por parte del gobierno a los derechos fundamentales de los ciudadanos que hoy impiden la libre circulación de las personas sin motivo justificado y de una manera preventiva injustificable, agravando antes que aliviando los problemas de los ciudadanos.
Generar el colapso en las entradas a la Plaza Nueva por todas las calles que dan acceso, tanto a través de la avenida de la Constitución, como de Tetuán, Rioja o Méndez Núñez constituye un indisimulable ejercicio de la arbitrariedad con la que se conduce el gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, más aún si se trata de perjudicar a la formación que lidera Santiago Abascal, en cuyo caso les vale todo, incluso secuestrar las leyes y la democracia.
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Un gesto más, el enésimo, de este mal gobierno y del pésimo ministro de Interior que nos vemos obligados a soportar.