Entre las críticas a las importantes intervenciones policiales y judiciales de estos días contra las cloacas del PSOE y las presuntas actuaciones delictivas de los prebostes socialistas, algunos han afirmado que estaríamos ante una conspiración para derribar al Gobierno «progresista» de Pedro Sánchez, e implican en esto a jueces y periodistas.
Y no se trata de un exabrupto más, sino de una elaborada consigna tras la que se adivina el mensaje profundamente antidemocrático de que sólo la izquierda y el «progresismo» serían los legítimos ocupantes permanentes del poder; de modo que llegar a cuestionar la legalidad y moralidad del ejercicio de ese poder, significa colaborar en una conspirativa forma de golpe de Estado. Es la misma tesis que asoma también cuando a través de las urnas llega al poder cualquier fuerza política no progresista; ya que para el progresismo esto sólo es posible si ha existido alguna anomalía democrática que induzca a los electores al error de votar a fuerzas no progresistas.
Sin embargo, lo verdaderamente inquietante es que, a través de tantas trapacerías de dudosa legalidad, existe hoy tal imbricación del PSOE ocupando todas las estructuras e instituciones fundamentales del Estado, que ya resulta difícil distinguir entre uno y otro. De modo que al final vendrían a tener bastante razón quienes identifican intervenir frente al PSOE y sus gerifaltes de antaño y hogaño, con golpear a este Estado.






2 Comments
El Estado «progresista» entendido como contracultural socialista, insiste en pervivir (a pesar de sus trapacerías estafadoras de la fe pública). Miguel Ángel Loma asimila al PSOE con el Estado. Cierto es que en España «el orden de los factores no altera el producto».
Felicito y saludo a Miguel Àngel por este necesario esclarecimiento.
Muchas gracias y saludo correspondido, Claudio.