Dice #antonio, con parsimonia e impostura de afectado, que «Fíjese, sr. Abascal, existe un video en las redes sociales en el que Vox dice que el confinamiento no ha existido»…, y entonces ves las caras de desconcierto de Abascal y compañeros de bancada y percibes que #antonio es imbatible… K.O. técnico.
A Abascal entonces se le descuelga el labio inferior, estira el cuello hacia delante, como un ave rapaz que observara los movimientos de un ratón en la distancia y señala a #antonio y balbucea, incrédulo y entre dientes: «Es usted»…
Creo que es la primera vez que veo a Espinosa de los Monteros tan desarbolado. Se revuelve en su asiento, en sus labios me parece leer la expresión de «¡Alucinante!» y le vemos buscar a alguien a su alrededor, nervioso, para que le propine un pellizco o una bofetada que le saque de su atónito estado de perplejidad.
#antonio no se amedrenta ante el desbarajuste y, sin variar un ápice su gesto y su determinación, reafirma: «Sí, sí…, de Vox…, su grupo».
A esas alturas, el autócrata de los 120 reales decretos y de los 50 proyectos de ley embarrancados en su tramitación, parece sumergido en la enmarañada profundidad de sus delirios, atorado en la red de embustes y fake-news que perpetra a diario, nublado hasta la ceguera en las infinitas promesas simplemente desmentidas por él mismo…
Nadie sabe si es Alzheimer o bipolaridad, esquizofrenia u olvido… Tal vez sólo sea aturdimiento o que en ese momento pensaba en la última operación de cirugía estética de Begoña, a la que ahora, al despertar, ni siquiera reconoce y en el desayuno le pregunta: «Júrame que eres tú, Begoña, por mis muertos…»
Habituado a hablar de sí mismo en tercera persona, el presidente ya no habita en la tribuna del Congreso de los Diputados, sino que contempla sus intervenciones como las de la representación estatuaria de una deidad romana a la que escucha sentado desde su escaño.
Se diría a veces que les dirige la palabra y conversa con los bronces y los mármoles como habría hecho Julio César al contemplar sus estatuas esparcidas por el Imperio. Su reino ya no es de este mundo y transita por la Cámara Baja al galope sobre un corcel de confusiones, con sus crines de embustes arrastrando por las mullidas alfombras…, sin importarle si es mentira o es verdad ni quién fue el autor de las aseveraciones que le rebotan en la caja hueca de su cráneo.
Cualquier día de estos amanecerá y culpará de la inflación a Putin o a los consumidores, que se empeñan en gastar más luz de la que merecen sus tristes vidas de autónomos o de asalariados temporales… Bueno, todo eso ya lo ha hecho, sin percatarse siquiera de que, mientras habla, la Bolsa se derrumba y los pequeños accionistas y ahorradores pierden en un rato casi el doble de lo que piensa recaudar con los nuevos impuestos de un Gobierno que lo fagocita todo.
Así como el sol engulle cualquier asteroide o planeta que se le aproxime, el autócrata #antonio se apropia del dinero de nuestros bolsillos al modo chavista de «¡Exprópiese!» o patea el tablero de ajedrez en el Magreb desarticulando cualquier posibilidad de recomponer el desbarajuste energético generado con Argelia.
Pero no se extrañen ya de nada, porque ayer mismo #antonio insistió en la ocurrencia de culpar al PP de los muertos de la Guerra Civil y otra vez declamó que ETA no existe desde hace diez años… A Franco, en cambio, lo vemos desayunar cada mañana en los alrededores de la calle Ferraz.
#antonio, ayer, parecía como borracho en sus respuestas y señaló que el 41% de los nuevos contratos a jóvenes en junio eran fijos mientras que en ese mismo mes del año anterior eran el 8%; es decir, comparaba el número de los contratos nuevos con el total de los contratos de un año antes… y ni inmutarse, como si estuviera sonado.
Abascal le recordó que en la moción de censura se mofó de la tupida red de intereses de países como China y de otros poderes ocultos que se cernían sobre España y lo situó frente al espejo de que ahora era #antonio quien apelaba a una conspiranoia insoportable con una pléyade de intereses oscuros que quisieran derribar las estatuas con su efigie.
Abran paso, que el nuevo mesías ha llegado sobre una nube de complacencias y de retorcidas peripecias que acabará por atribuir las subidas de impuestos a Díaz Ayuso y proclamará en un día no lejano que las pandemias son una cosa siempre de derechas.
He dicho.





