
Foto: El presidente del Sevilla FC, Ramón de Carranza, da el discurso inaugural antes del partido con el Jaén
Me voy a referir a un tema que tiene muchos seguidores, como muestra de las modificaciones que ha tenido la sociedad a lo largo de mi existencia, y que su único parecido es el de un huevo con un armario.
No he sido seguidor ni practicante de ningún deporte, sólo el fútbol como espectáculo y como juego juvenil, por lo que mi exposición va enfocada, como digo anteriormente, al cúmulo de acciones que han variado, en la mayor parte, su objetivo.
El deporte fue creación, en líneas generales, salvo los Juegos Olímpicos, para compensar el sedentarismo de los que solo movían el dedo para dar órdenes, por lo que el deporte es una actividad copada por los pudientes, hasta que la sobra de colesterol, el trabajo físico era la mejor medicina, obligó a las masas a entrar por el aro de los gimnasios, maratones, etc.
El fútbol inventado por los ingleses, aunque hay otras versiones, llegó a España a través de los ingenieros de aquel país que dirigían y explotaban las Minas de Riotinto en la provincia de Huelva, de donde llegó Sevilla seguidos por personajes importantes de la ciudad, allá por finales del XIX y principios del XX, siendo los primeros el Sevilla fútbol Club y posteriormente el Betis. De este último recordamos que al principio fue el Betis Futbol C.F. tuvo su anécdota de fundación: Un Borbolla, jugador y directivo sevillista, vio que en la Fábrica de Artillería había un obrero que manejaba bien los pies, e intentó incorporarlo a su equipo. Los demás señoritos se opusieron para no manchar su dignidad. En rebeldía fundó el club con el nombre del río. Posteriormente en la Academia Politécnica Sevillana, que abarcaba todos los tipos de estudios, se preparaban los estudiantes para ingresar en la Escuela Militar de Zaragoza, quienes fundaron un club, al que el director, muy militar y muy patriota, prohibió cualquier denominación que no fuera española, por lo que se inscribió como “Balompié”. Con el paso del tiempo, Betis C.F. y Sevilla Balompié se fusionaron, quedando para la historia el beticismo con sus pros y contras.
El fútbol se juega sobre un rectángulo con dos porterías donde once participantes intentan meter un balón en la portería contraria. Este balón tenía en su interior una cámara de aire, cubierta por una estructura de cuero, y cuyo cierre disponía en su interior de una válvula y en el exterior una abertura que se cerraba con una correilla. Los testarazos de cabeza en bastantes ocasiones dejaban huellas dolorosas. Enfrente había otros once hombres con igual intención que los anteriores, pero en la portería contraria. Los más afortunados eran los ganadores.
El primer partido que vi fue un amistoso entre el Recreativo de Huelva y el inquilino del Estadio Municipal de Heliópolis, que pagaba, si pagaba, cien pesetas al año. Posteriormente iba cada quince días a la grada norte detrás de portería por una peseta diez céntimos, donde la chiquillería se agolpaba. En la grada sur, los soldados sin graduación con la misma tarifa. Hasta que más adelante, mi madre guardaba cola en un bar de la calle Sagasta para sacarme una entrada de general por cinco pesetas, logro que no siempre alcanzaba pues el pequeño número de entradas la alcanzaban principalmente los revendedores. Ya trabajando , me hice socio del Sevilla, hasta que agotaron mi paciencia comprobando que todo era un negocio ¡Y que negocio!
En mis tiempos no había sustituciones salvo el portero en caso de lesión, por lo que apareció “el gol del cojo”, que consistía en que un defensa o medio centro lastimado lo colocaban de extremo izquierda y ningún contrario se preocupaba de él (¡que se podía esperar de un cojo!), lo que aprovechaba para meter el gol de la victoria.
Los equipos se formaban con dos defensas, tres medios centros y cinco delanteros, es decir el objetivo era marcar goles. Ahora cuatro o cinco defensas, cuatro centrocampistas y un delantero. Ahora es al contrario.
Los clubs tenían sus directivas, los futbolistas, el entrenador, el utillero que sin profesión sanitaria, que con “El agua bendita” y “El tío de Bigote” rehabilitaba al lastimado. Sin más segundos entrenadores, equipos técnicos, ojeadores, cuadros médicos equipos filiales, escuelas deportivas de niños de todas las edades y un sinfín de disponibilidades que ya quisieran tener muchas empresas. En cuanto a la formación de los equipos, los traspasos entre club, y menos los fichajes del mercado de invierno, eran improbables porque los contratos impedían cualquier movimiento sin la autorización del club. Aquello era esclavitud según contaban. Y la “liberación” fue el fruto de los grandes negocios, las influencias, el desarrollo de tantas deformaciones, de donde podemos destacar, como barómetro de la situación, el que el objetivo principal de este deporte es introducir en balón en la portería contraria, y ahora defenderse del castigo y si dispone de un rápido talento, éste puede solucionar el problema de los puntos. Quiero decir que antes se iba a ver cuantos goles metía tu equipo, y ahora a no sufrir porque te cuelen uno, porque con ello la clasificación de ingresos no alcanza los objetivos de los inversores, con lo que se ha cambiado el asueto por el sufrimiento y el abrrimiento.
¿Quiénes pueden ser campeones de liga, de copa, de champión, de Europa, del mundo?, pues los que más invierten, porque no son más que objetivos financieros. Porque que me diga a mi alguien, sino son los mismos que machacan a las mentes para llevarlas al huerto. ¿Qué pasaría si esos club con presupuestos relativamente modestos (que son los más), se negaran a jugar con esos grandes inversores? pues simplemente que el mismo cocinero se tragarse sus propias y coloridas recetas.
Antes se decía que un jugador defendía sus colores. No creo que ahora nadie hable de colores, con el negocio de las camisetas, y los cambios de contratos, que se justifica con besar la camiseta. Lo malo de todo esto es que los forofos se tragan todo este teatro con verdadero entusiasmo.
No olvidemos de la violencia en los deportes y otros espectáculos de masas, donde grupos se introducen para provocar trifulcas y van dotados de armas blancas, solamente por si tienen que preparar un bocata.
Pues así anda el mundo, este valle de lágrimas, tan mal repartido de lágrimas y satisfacciones.




