Fulanito lleva un año de locos. Desde que terminó la Semana Santa del año pasado, que no terminó porque no acabó de empezar, va como un loco de un lado a otro. “Y todas las noches sin dormir, que tengo más de mil millones de cosas en la cabeza”, contesta al que le pregunta que por qué se está quedando tan delgado. “¡Porque tengo dos mil millones de cosas por hacer, miarma!”.
Durante toda su vida no se ha metido en nada, no fuera que cualquiera se metiera con él, que siempre fue blanco fácil de risitas y cachondeos. (Usted ya me entiende). Pero ahora ha visto hueco y es imprescindible durante los días de Cuaresma y Semana Santa en todo lo que huela a incienso y azahar. Es el primero y el último en salir de los cabildos de la junta de gobierno, sean ordinarios o extraordinarios. Salir el último es de listos porque así evitas que rajen de ti a tus espaldas.
Fulanito es miembro de la comisión para el diseño de una nueva toca de sobre manto para la Virgen, de la comisión asesora de priostía —estos son los que critican a los priostes pero sin mover un dedo ni apretar una tuerca—, del consejo asesor del asesor del diputado de música del paso de palio, integrante del equipo de diputados de tramo… y presidente de las dos petaladas organizadas para el Señor y la Virgen. A mí me duele en el alma recordar su llanto, porque hay que ver lo que lloró el año pasado cuando no pudo echárselos a sus titulares, con el trabajo que le había costado encontrar las flores, despetalarlas, organizar y prepararlo todo: “cómo, cuándo y dónde había que tirarlas, que como uno no se encargue de estos detalles luego pasa lo que pasa”.
Está que no vive porque su propuesta de quitar la música detrás del paso de Cristo no termina de cuajar en los demás miembros de la junta de gobierno, y eso que es pelota con todos a los que cree que puede rapiñearle el voto. Pero nada… nunca hay tiempo para tratar ese asunto. Y es que el secretario, y sobre todo el hermano mayor, son unos siesos esaboríos. Si por él fuera, estaban ya en la misma puerta de la casa de hermandad. “Entreguen medallas y llaves”, como en las películas, cuando los detectives entregan la pistola y la placa.
Fulanito lleva un año de locos y, como él dice, “lo peor está llegar”. Y vaya si tiene razón.





