
Ya tenemos cartel municipal de las Fiestas de Primavera 2025. Otro cartel cutre, ponderado por quienes lo pagan con dinero ajeno.
Ustedes dirán que ya está aquí la pesada esta con la cantinela de todos los años de que el cartel es cutre, pero es que ni mi sentido crítico, ni yo, podemos remediar el decir algo al respecto del cartel nuestro de cada año, del que nunca podemos decir que vamos para atrás, porque si fuéramos para atrás el cartel sería estupendo, como lo fueron, por ejemplo, todos o casi todos los carteles de la década de los años veinte y treinta del siglo pasado. Algunos de esos carteles de antaño son los que les han servido a los autores del de este año para crear su cutre cartel de la guitarra, las golondrinas, el abanico con la iconografía semana santera y los claveles rojos, todo ello metido en una guitarra con un sol. El sol sale por Antequera y cuando llega al Ayuntamiento de Sevilla sus rayos calientan que no veas y este año el calentamiento, a los autores, que son dos, como el Gordo y el Flaco, como Tom y Jerry, como el Oso Yogui y Bubú, se les calentó la cabeza y para justificar su cartel de refrito nos traen a la memoria una sevillana del gran Manuel Pareja Obregón y se quedan tan panchos.
El dúo seguramente habrá pensado que, al mentar a Manuel Pareja Obregón, nadie se daría cuenta de que han hecho un cartel con refritos de carteles de ilustradores y pintores de hace más de noventa años, como son el de Juan Balcera de 1932, con sus golondrinas revoloteando, y otros dos hace ochenta y tres y ochenta y cuatro años, uno de Juan Miguel Sánchez, con guitarra y claveles rojos, de 1942 y otro del año siguiente, de Ramón Monsalve, con un abanico que los autores del cartel de este año, han casi, casi calcado; otro con abanico de Semana Santa es, también de Juán Balcera, de 1930. Estos ilustradores y pintores de hace más de noventa años no recibían un encargo a dedo para hacer los carteles municipales, y eso que algunos tenían un gran prestigio nacional; esos artistas se presentaban a un concurso que el Ayuntamiento sevillano convocaba cada año y en que a pesar de que pudiera haber sospechas de favoritismos en la elección del cartel, si repasamos los primeros premios de aquellos concursos – se concedían tres premios – el favoritismo no existía, ganaban los mejores. Algunos de aquellos carteles son verdaderas joyas de la cartelería, como el de Bartolozzi en 1922, el de Baldrich de 1930 o el de 1925, de Juán Miguel Sánchez, todos los de Francisco Hohenleiter y todos los de Gustavo Bacarisas.
La lista de magníficos carteles de las Fiestas de Primavera es larga, la de los malos y malísimos amenaza con superarla. Los carteles por encargo deberían de volver a dar paso al concurso con tres categorías de premios. Con el concurso por lo menos habría variedad para elegir, aunque en la actual Sevilla, lo del favoritismo hacia lo más cutre y cateto se está convirtiendo en marca de la casa, algo muy triste en una ciudad en la que nacieron, anduvieron y pintaron, José García y Ramos, Gonzalo Bilbao, José Rico Cejudo, tres grandes de la pintura española que en su momento hicieron los carteles de las Fiestas de Primavera de esta ciudad de la Gracia en la que, a fuerza de denostar la pintura costumbrista, se están enalteciendo los dibujines catetos de un sinfín de catetos titulados. Manuel Pareja Obregón, que estás en los cielos, perdónalos porque no saben lo que hacen e invocan tu nombre en vano.
…







