Toros en Jerez: Juan Ortega, triunfador porque la torería le puede al poder

Nos atreveríamos a asegurar que cuando la casa Matilla elaboró los carteles de las corridas de toros de Jerez de la Frontera nunca pensó en que el objetivo del primero -el viernes (el Juli, Juan Ortega y Roca Rey con toros de Jandilla)-, fuera confrontar dos estilos de torear: el poderoso del madrileño y el peruano y el artístico, la torería, del trianero. Pero resulta que así nos lo hemos tomado en SevillaInfo, orientados, hay que reconocerlo, por los muchos comentarios de los sabios aficionados de Jerez.

¿Que quién ganó? Según rezan los números, Juan Ortega. Cortó dos orejas y salió a hombros. Y según esos mismos sabios aficionados -y este cronista a quien usted, paciente lector, sufre en este momento- también el torero de Sevilla.

Pero pasaron muchas cosas más que un simple recuento de números.

Para empezar, los toros de Jandilla, en general, no fueron lucidos. Incluso los que tenían cierta condición no acababan ni de llegar al aficionado ni de darle importancia a lo que el torero estuviera haciendo. Bien presentados, se apagaban lastimosamente mientras la faena avanzaba.

El tercero fue bueno, pronto y con largo y alegre recorrido, pero Roca Rey no lo supo entender en ningún momento. Arrollado por las circunstancias -la oreja de ley que acababa de cortar Ortega y la propia casta del toro- no supo hacer las cosas y dio una muy mala imagen. El trabajo que le cuesta digerir los triunfos de sus compañeros de cartel sería loable si fuera un acicate. Pero más parecen mosqueos de chavalito.

Y, guste o no, hay una realidad. El joven peruano no está llamado por el camino del arte porque eso, como dijo Paula, son unas gotitas que Dios suelta en un momento dado, le caen a uno y lo convierten en privilegiado. Y es lo que gusta por estas latitudes.

Así que el público de Jerez disfrutó con los despaciosos lances de recibo al segundo de la tarde, con los doblones con los que Ortega inició su faena y con las series que pudo enhebrar. La faena fue discontinua, pero lo que valió de la misma fue oro puro, torería cara. La estocada que cobró le puso la oreja del Jandilla en su mano.

No disfrutó menos con el quinto, que, aunque fuera devuelto a los corrales, dio para cuatro verónicas y dos medias lentas y ceñidas. El quinto bis, con menos condición, sirvió para que el trianero, sabedor de y fiel a su estilo, volviera a mostrar los detalle más toreros de la tarde, como cuatro molinetes seguidos rematados con el de pecho. Otra buena estocada y otra oreja, posiblemente menos valiosa que la primera.

Pese a cortar una oreja cada uno, el Juli y Roca Rey fueron poco menos que convidados de piedra. Su presunto poder delante de los toros no se pudo comprobar. Ya hemos comentado lo del de Lima con el tercero, pero prácticamente igual fue lo del madrileño con el primero.

¿Y la oreja que le cortaron, respectivamente, al cuarto y al sexto? Julián, alguna serie cortita y un estoconazo. Andrés, aceptable faena -por debajo del toro- y otra gran estocada. Pero poco más.

El mérito de un torero que lo ha ganado todo es seguir luchando. Pero no sabemos si el Juli, ambicioso como ninguno, está empezando a seleccionar dónde lucha. Que está ya muy visto es muy cierto. Lo malo es que parece que él mismo se ve muy visto.

Si nos atenemos al número de orejas, Poder, 2; Arte, 2. Tiraremos de Curro Romero y su frase “eso son desperdicios” para asegurar que el toreo puro, la torería, de Juan Ortega fue el que se llevó puesto el público que llenó la plaza de toros de Jerez.




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