Sólo una panda de conspiranoicos negacionistas cuestionaría la realidad de una trama negra urdida por la derecha extrema y la extrema derecha, generadora de fango y bulos contra el liderazgo ético progresista de nuestro presidente Pedro Sánchez, demostrando un odio fachosférico contra un doctor universitario que se hizo a sí mismo desde el riguroso respeto a la verdad.
Fango y bulo fue acusarle de haber prometido no pactar con Podemos ni con los amiguetes de los especialistas en bombas lapa, o que iba a quitar el aforamiento a los políticos. Bulo y fango fue el episodio de las 40 maletas de Delcy Rodríguez en Barajas, los chanchullos de Ábalos y sus cariñosas sobrinas, las descocadas fiestuquis en los Paradores y los saraos del pudoroso Tito Berni, mientras nos tenían confinados a todos. Fangosidades por bulerías los negocios de Koldo y las mascarillas a precio de oro, lo del Pegasus, la entrega del Sáhara a Marruecos y el inexplicable trato privilegiado con su inmigración masiva e ilegal.
Bulazos gordos y fangosos lo del culo roto por siete votos, los tejemanejes de Marlasca en Interior, las movidas en importantes fiscalías, el acoso al Poder Judicial y la guerra sucia contra la UCO. O sembrar dudas sobre la laboriosidad de su hermano David y sobre la legítima cátedra de su esposa doña Begoña, o ahora llamando fontanera a una afamada periodista de investigación como Leire Díez.
No, no hay derecho a que nos estén dando tanto (por) bulo.





