La llegada de la primavera irrumpió en la ciudad. No hay mejor forma de hacerlo. El día tuvo nombre propio: caridad. Unida a ésta se proclamó la explosión que anida en los corazones de barrios que esperan con tesón la llegada de una magia que atiza como si se tratara de un ciclón.
- Lunes Santo para guardar en la retina. Un año más, difícil de olvidar
Ciclón de los que sacuden con fuerza, de los que hacen imposible navegar. Lágrimas por un Cautivo y Rescatado se derramaron en el Tiro de línea. Tu barrio no te abandona, un año más, al verte pasar.
Si hablamos de barrios, San Pablo no se puede olvidar. Cuánto ha crecido una hermandad que cada lunes son más los que contigo gozan de verdad. Porque ayer tu canastilla más no pudo brillar. Novedades a parte, el día se hizo fuerte cuando el rosario se reza de forma tan espectacular.
Si la Semana Santa no fuera espectacular no habría bullas que inciten a despertar el comienzo de una tarde que en Santiago todo un pueblo se iba a concentrar. Curioso que ante un gesto ausente de fidelidad, la gente se enamore de tu rostro. Es el poder de Lastrucci. Su creación delante de Rocío impresiona, tanto por su paso como por el originado gozo.

La magnificencia es continua, creciente. Santa Marta con su presencia a todo el mundo estremece. O no… En la plaza del Duque el público no entendió caridad alguna. No saben que la sangre derramada sobre tu rosa es de la tarde la más pura.
Tampoco de respeto se entiende cuando parte de esa caridad en el Baratillo no se comprende. El Soberano es soberano ahora y siempre. No perdamos la salud en recreos que a la superficialidad ascienden. Y no precisamente porque Cristo no merezca admiración. Todo lo contrario. Es tu sencillez el auténtico ejemplo a seguir. Nunca perdamos la razón. El exceso de protagonismo no se puede permitir.
Muchos sevillanos beben hasta “jartarse”. Pero no son aguas potables para deducir que muy cerquita de allí La Maestranza volvería a relucir. Con Aguas de Triana y Pasión. Menuda marcha iniciar una procesión. Hermosura la que pone fin en el Dos de Mayo cuando Guadalupe regresa a su barrio. La belleza, en este caso, resultó un auténtico festín.

Y en aguas el día quiso permanecer. La plaza del Museo, de ti madre, mucho tendría que beber. Primero con penas y dolores de los que ayudan a entender cuánto amor distes al mundo. Hasta tres veces deberíamos caer por ti.
Si no tenemos ejemplos a seguir, el sendero será siniestro. Poco más hay que decir. Vera Cruz, una vez más, nos enseñó que las tristezas con fe se van. Enfrente del colegio de Las Esclavas la solemnidad se hizo realidad, tanto al salir como al entrar.
A escasos metros el último sorbo final. Parece contradictorio… pero menuda forma de este lunes expirar. Nos retorcemos de dolor al ver tu talla por la plaza del Museo regresar. No hay saetero que alcance las mejores notas para poderte cantar. Ni mucho menos a tu madre, razón de amar esta festividad. La sencillez concluyó en las artes. Nada es casualidad.
Si miramos hacia atrás la nota más curiosa del día nos la deja su final. No queremos aguas, pero con ella se cerró un día primaveral. Repito. Nada es casualidad.





