La II Guerra Mundial sigue interesando a lectores de todo el mundo, lo que en nuestro país ha desencadenado en las últimas décadas rigurosos trabajos sobre la participación española. Sus distintas vertientes desde las puramente bélicas a la profundización en distintos cuerpos y servicios militares, así como memorias y biografías de los integrantes de la División Azul, han cristalizado en obras muy reseñables.
Amigos de la Historia, del ejército, del derecho y fans de la II Guerra Mundial se dieron cita para asistir a la presentación del libro de un ámbito no estudiado hasta la fecha: la Justicia con autoría del general auditor Ángel Serrano Barberán. Se registró una gran asistencia que llenó el amplio Salón Real del club.

La Presentación
Después de una breve presentación por el presidente del Círculo, don Benito Mateos-Nevado La conocida historiadora y conferenciante María Fidalgo Casares condujo el acto. Aunque no es autora de ninguna obra sobre la División, sí es la crítica bibliográfica más leída en ese ámbito. Quiso destacar el prestigio de la editorial Actas y recordar sus últimas obras al respecto como “Solo Muere el Olvidado” y la reedición de “Bajo el fuego y Sobre el Hielo. La Sanidad en la División Azul”. Uno de los ítems que destacó sobre la editorial fue el de “publicar obras de absoluta referencia” y como muestra, la obra del General Serrano.
También hizo una pequeña introducción sobre la sociología del contingente divisionario.
Fidalgo dio paso al coronel José Romero Muros quien, después de presentar al autor, estableció un coloquio con él acerca de sus motivaciones y del contenido del libro, desentrañando para los oyentes algunos de los aspectos más interesantes de la administración de Justicia en la campaña de Rusia, los delitos cometidos, sus causas y sus castigos, así como una comparación con los modelos que regían en otros ejércitos contendientes.
Aunque la justicia en la División es muy poco conocida, lo que se ha escrito ha solido ser tergiversado magnificándose las deserciones, automutilaciones el número de delitos, y la dureza de los castigos. El General Serrano, auditor de guerra,
a través de las preguntas de Romero, analizó el régimen jurídico de los soldados españoles encuadrados en la División Española de Voluntarios y cómo se aplicó en ella la justicia y el régimen disciplinario militar.
Al contrario que otros extranjeros integrados en el ejército alemán, los militares y jurídicos españoles no adoptaron el Código de Justicia militar de la Wehrmacht, sino que la División Azul quedó exclusivamente sujeta a la jurisdicción militar española: el Código de Justicia Militar de 1890, el Código Penal ordinario, y los Bandos Militares dictados por el General Jefe de la División. Sin embargo, los prisioneros de guerra capturados por los españoles sí quedarían bajo jurisdicción alemana.
Como no podía ser de otra manera siendo jurídico militar, hizo hincapié en los Oficiales del Cuerpo Jurídico Militar, y en las atribuciones de la “Autoridad Judicial” que era entonces el General Jefe de la División. Se paró también en los Consejos de Guerra y el enjuiciamiento de los delitos, y en figuras como los Jueces Instructores, los defensores y los fiscales militares.

Los delitos porcentualmente ínfimos en relación de otras unidades
Serrano fue repasando los tipos de delitos, militares y comunes, las penas impuestas y su forma de aplicación, las faltas disciplinarias y sus sanciones, sin olvidarse de los «pelotones de castigo».
La repatriación fue el destino de los sancionados para el cumplimiento de los castigos en territorio nacional porque se les consideraban “indeseables” que manchaban el buen nombre de la División. Esa repatriación se realizaba en expediciones a junto al personal herido o enfermo o repatriado por relevo. Añadió que hay que juzgarlos en su tiempo, en estado de guerra, en el frente, y sus circunstancias; el robo, el atraco, el homicidio a un compañero llevaban inherente la pena capital y en algunos ejércitos si el delito era común la pena era la horca o el garrote y si era militar, fusilamiento.
Uno de los ámbitos que más impresiona desde la perspectiva actual es el de las penas de muerte. En esa época era la pena impuesta por deserción en cualquier ejército de los que combatían en la II Guerra Mundial. La traición, la adhesión a la rebelión, espionaje, abandono del servicio, o automutilación eran delitos muy graves.
En la División, teniendo en cuenta las condiciones extraordinariamente duras de la campaña, el número de penas de muerte en relación al volumen del contingente es estadísticamente irrelevante: sobre 48.000 voluntarios solo se aplicaron dos decenas de penas de muerte, ¿Las razones? la calidad moral del combatiente divisionario., algo a lo que se refirió María Fidalgo en la presentación destacando el alto compromiso vital e ideológico, el gran peso religioso o incluso la alta formación intelectual, ya que fue el contingente militar con el número mayor de universitarios. María Fidalgo quiso intervenir a efectos de comparación, en las Brigadas Internacionales ya que Andre Marty afirmaba haber ordenado fusilar a unos 500 brigadistas, pero los estudios actuales elevan la cifra a 2. 500, cifra que fue rebajada por Serrano, que aún así la consideró muy superior a la española.
Pese a lo arduo del tema para los profanos, el General Serrano explicó de forma sencilla y asequible todo el entramado de la jurisdicción militar en el frente más letal de la Segunda Guerra Mundial. Una sencillez, que unido a la introducción de anécdotas, que hacen que el libro “División Azul y Justicia Militar” esté muy lejos de ser “un tocho jurídico” para convertirse en una lectura amena y asequible. Esto, junto al carácter de estudio de referencia, hacen de la obra una gran aportación bibliográfica de la que se espera un gran éxito.





