No sé si a mis camaradas atados a la columna como «ecce homos» (homines) les pasa lo que a mí, pero les confieso que me dan ganas de empezar cada día estos escritos con la misma frase: «Esto ya no hay quien lo soporte…»
Porque no hay día en este mundo del sanchicomunismo sin afán de incurrir en el disparate, en la incongruencia o en el paroxismo del dislate, a ser posible jodiendo al prójimo y generando una perpetua desconexión de la realidad.
La invasión de los ultracuerpos registrada en el sistema informático del SEPE ha bloqueado, dicen, los pagos y las ayudas a los ciudadanos, aunque existe la sospecha de que el único bloqueo es el colapso financiero del Estado, incapaz de hacer frente a las obligaciones contraídas por falta de liquidez en las arcas de Marichús Montero. Esto estallará en mil pedazos a poco que se lo propongan y Alberto Garzón, el ministro de Consumo comunista, que prefiere la Coca-Cola y el vino caro al jamón de pata negra, ya se lo ha «proponido» muchas veces. Están en ello.
Mientras tanto, el gobierno afloja la manteca de 53 millones de euros para rescatar a una aerolínea quebrada con 350 trabajadores y un avión chatarra presuntamente dedicado al narcotráfico venezolano y cuyo abogado es el novio de la Fiscal General del Estado que venía de ser ministra y «militanta» (no militonta), un ex juez condenado y expulsado de la profesión por prevaricación y convertido en el «enfant terrible» de toda excrecencia progre que se le presente por delante en cualquier rincón del mundo, como si se tratara de un revolucionario de cachimba y gorra y no de un burgués vividor que habita en restaurantes de lujo y merodea desde hace 30 años las cloacas del Estado.
Pero ahí no es nada, porque un día se alzan sobre una torre de marfil para hablar de los suicidios (cuatro veces más de suicidios masculinos que femeninos y buena parte de ellos engendrados por la ineficaz y terrible ley de violencia de género que expropia y desposee hasta de los hijos por cualquier denuncia) y no han pasado veinticuatro horas cuando se ponen a aplaudir una ley de suicidios asistidos por el propio Estado, porque lo que no desean es que te quites la vida por tu cuenta, sino que sea el propio Estado quien contribuya a la masacre, porque, al fin y al cabo, el 70% del gasto en Sanidad lo perpetramos a partir de cumplir una avanzada edad… y eso es lo que les duele a nuestros gobernantes.
Ni les importan los suicidas, ni los moribundos, ni los muertos, porque ni siquiera los saben contar y hasta renunciaron a ofrecer las cifras de los niños asesinados por sus madres y de otras víctimas de la violencia doméstica. No les interesa y no computan en ninguna parte por la misma razón que pretenden repartir las posibles ayudas de la UE a su capricho.
Es todo un contradiós y un sinsentido, porque si Bildu vota a favor de una ley enmascarada bajo el falso nombre de una «muerte digna», entonces uno sabe de inmediato de lo que estamos hablando, a menos que te quieran convencer de que a los filoetarras les preocupa algo la dignidad de los muertos. Pregunten por Miguel Ángel Blanco…, a quien dejaron vivo, maniatado y con un tiro en la cabeza con un ultimatum de mafiosos o de una cheka.
Y entonces Teresa Jiménez Becerril grita en el Parlamento: «¡Vergüenza!», después de que el PSOE vote no a una moción en defensa de las víctimas del terrorismo… y Adriana Lastra desde su ridiculez existencial le responde: «¡La tuya!» y aquí no pasa nada, pero un diputado del PP se ve obligado a pedir perdón por decirle a Errejón: «Vete al médico» mientras hablaba de enfermedad mental un tipo que sostiene que en Venezuela se respetan las libertades y se come tres veces al día… Así va esto.
En una proposición para que la figura y la obra de Chaves Nogales sean estudiadas en los colegios, el PSOE y Podemos se abstienen, mientras ERC y la CUP votan en contra… Y yo, qué quieren que les diga, si veo a la ciudadana Arrimadas todavía sacando pecho y no escondida en una madriguera atorada del bochorno y la vergüenza, a la vez que Tezanos pronostica por la misma cara que C’s sube y que a Gabilondo «el muerto» lo comparan sus secuaces con… ¡Olof Palme!
Francamente, les confieso: esto ya no hay quien lo soporte…
He dicho.





