Aprovechando su visita a Sevilla con motivo del Centenario de los Grandes Vuelos de la aviación española, el escritor y oficial del Ejército del Aire y del Espacio, capitán Manuel Ángel Cuenca, ha dedicado un tiempo a conversar con nosotros sobre su último libro, En busca de España (Roca Editorial, Penguin Random House). En esta obra, que próximamente será presentada en la capital hispalense, y escrita junto a Fermín Valenzuela y Gloria Cuenca, el autor propone un viaje emocional e intelectual a través de los grandes momentos que han dado forma a la identidad nacional. Con una prosa evocadora y un tono profundamente humano, Cuenca reivindica una España que no se explica solo con fechas, sino con alma.
– Manuel Ángel, acaba de publicarse En busca de España. ¿De dónde nace este proyecto y qué significa para usted?
– Nace de una necesidad interior. Durante años he sentido que muchas veces hablamos de España sin haberla mirado realmente, sin haberla recorrido con el corazón. En busca de España es, en el fondo, un viaje de redescubrimiento: hacia la historia, sí, pero también hacia nosotros mismos. España no es una abstracción política ni un tema de debate. Es una herencia que hemos recibido y que debemos continuar con dignidad.
Sevilla nos recuerda que España, cuando es fiel a sí misma, no se encierra: se expande, crea, comparte
– ¿Por qué cree que Sevilla tiene un papel tan especial en ese relato de España que el libro propone?
– Porque Sevilla es, quizá, el resumen perfecto de lo que España ha sido: un cruce de culturas, una ciudad abierta al mundo, un puente entre el pasado y el porvenir. Desde sus orígenes romanos hasta el esplendor de los siglos imperiales, Sevilla ha encarnado esa vocación universal que define a nuestra nación. Aquí se tejieron las rutas hacia América, aquí se levantó una catedral que parece querer tocar el cielo. Sevilla nos recuerda que España, cuando es fiel a sí misma, no se encierra: se expande, crea, comparte.

– Aprovechando que se celebra el Centenario de los Grandes Vuelos, ¿qué significaron aquellos hitos para la España de su tiempo?
– Supusieron una sacudida de orgullo y de esperanza. Pensemos en lo que fue el Plus Ultra, en 1926: un hidroavión que partió de Palos de la Frontera y cruzó el Atlántico hasta Buenos Aires. Aquello no era solo una proeza técnica, era un símbolo. España, tras años difíciles, volvía a levantar la mirada, a recordar que su vocación es la de los que sueñan alto. Aquellos aviadores —Ramón Franco, Ruiz de Alda, Durán, Rada— encarnaban el espíritu de los navegantes del siglo XVI: valor, sacrificio, fe en un ideal. Celebrar ese centenario aquí, en Sevilla, tiene un sentido profundo: fue desde estas tierras desde donde España aprendió a volar hacia lo imposible.
España sigue viva. No se agota en los tópicos ni en los enfrentamientos, porque su fuerza está en lo invisible: en el trabajo bien hecho, en la generosidad del pueblo, en la fe en lo común
– El libro se ha definido como un homenaje a la identidad española. En un tiempo en que parece que muchos dudan de ella, ¿qué mensaje le gustaría transmitir?
– Que España sigue viva. Que no se agota en los tópicos ni en los enfrentamientos, porque su fuerza está en lo invisible: en el trabajo bien hecho, en la generosidad del pueblo, en la fe en lo común. Cuando escribimos este libro, quisimos devolver a España su rostro más noble, más humano. No el de las disputas, sino el de los hombres y mujeres que, durante siglos, han sabido levantarse una y otra vez.
– ¿Qué espera que el lector sevillano encuentre en En busca de España?
– Espero que encuentre emoción. Que al leerlo sienta orgullo, pero también gratitud. Que descubra que nuestra historia no es un museo, sino una fuente de energía. Y que comprenda que Sevilla, con su belleza, su universalidad y su alma, no solo forma parte de España: la representa.
– Una última pregunta. Después de escribir este libro, ¿ha encontrado usted a España?
– He encontrado algo mejor: el deseo de seguir buscándola. Porque España no se posee, se vive. Está en los paisajes que amamos, en la gente que trabaja, en los símbolos que nos unen. Buscar a España es, al final, buscar lo mejor de nosotros mismos.
Mientras el eco de los grandes vuelos resuena de nuevo sobre Sevilla, Manuel Ángel Cuenca nos recuerda que el vuelo más importante sigue siendo interior: el de una nación que, a través de sus gestas y sus heridas, continúa buscando su horizonte. En busca de España no es solo un libro, es una invitación a mirar el pasado con orgullo, el presente con esperanza y el futuro con compromiso. Porque, como dice su autor, España —como Sevilla— “no se explica: se siente”.





