Rafael Menéndez nació el 11 de octubre de 1970 en Avilés (Asturias), la ciudad más al norte de Asturias y una de las tres más importante de la región junto a Oviedo y Gijón. Su padre trabajaba en Ensidesa (Empresa Nacional de Siderurgia S.A.), concediéndole una vivienda la empresa, por lo que se trasladaron al concejo vecino. Estudió EGB en los agustinos y los salesianos y a los 17 años ingresó en el Seminario Menor de Oviedo, y tras seis años de estudios allí más uno de diaconado, fue ordenado sacerdote en 1995. Permaneció doce años en el concejo de Lena y tres años en Roma, donde estudió Historia de la Iglesia, regresando a la diócesis, en concreto al concejo de Mieres durante siete años. Por motivos de salud pidió el traslado de Oviedo a Sevilla, siendo nombrado párroco de La Puebla del Río por el entonces arzobispo de Sevilla Juan José Asenjo, cargo que ocupa desde 2016.

– Comenzamos con la pregunta más básica, que marca, a su vez, el comienzo de la cuestión. ¿Cómo recibió la llamada del Señor?
– En mi caso, no fue un momento concreto en el que la recibí, ya que, desde niño iba surgiendo en mí la inquietud, que se tradujo en el deseo de ser cura. No sé qué edad podría tener, pero todo lo relacionado con la Iglesia me causaba mucho respeto, aunque nunca fui monaguillo ni catequista. Una vez que hice la Primera Comunión, mi hermano y yo continuamos yendo a catequesis durante unos años.
Fui primero a los agustinos y luego, a los salesianos, con los que tuvimos más relación y asistíamos a misa todos los domingos. Llegó el momento en el que tuve que pasar al instituto y eso que había sentido, ya se clarificó en el deseo de ser sacerdote, a través de otro sacerdote, Don Ramón, que era mi profesor de Religión. A él le planteo mi deseo de entrar en un seminario y le pregunto sobre lo que debo hacer para conseguirlo.
Tenía como referentes a los curas de mi parroquia y había tenido trato con los salesianos, pero fue Don Ramón el detonante de que fuera al seminario, siendo él, además quien me impuso la casulla cuando me ordenaron y luego, curiosamente, fui párroco de la parroquia en la que él había nacido. Parece como si Dios hubiese vinculado los trayectos de ambos.
– ¿Cómo ha sido su relación con los diferentes arzobispos de Sevilla?
– Ha sido muy buena con Don Juan José (Asenjo), a quien siempre le estaré muy agradecido porque me puso en una parroquia en la que me siento muy querido, y con Don José Ángel (Saiz Meneses) es buena y cordial. Aunque con Don Juan José, a pesar de que no hablábamos todas las semanas ni todos los meses, hablé personalmente varias veces con él y luego, por teléfono cuando yo estaba en Asturias para mi posterior nombramiento en la Diócesis de Sevilla.
– ¿Quiénes son sus Papas de referencia?
– Hay uno que desde niño me llamó la atención, siendo el caso de Juan Pablo I, que es para mí una referencia a la que tengo una especial devoción, de hecho, le he rezado cuando me he visto en situaciones difíciles, como cuando un cura con el que empecé siendo sacerdote se encontraba enfermo, le encomendé a Juan Pablo I, pero falleció. No obstante, no le perdí la devoción, ya que el “Papa de la sonrisa” me marcó siendo niño. Yo tenía siete años cuando lo eligieron, en el mes de agosto de 1978, cuando aún no había cumplido los ocho, y me cautivó su sonrisa.
He conocido, por edad, a Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco. Por el tiempo que estuvo, Juan Pablo II también es para mí un gran referente. Recuerdo que cuando falleció estábamos en Sevilla en una peregrinación, falleciendo el sábado, cuando veníamos del Rocío y cenábamos en Sevilla en el momento que nos lo comunicaron.
Como cabeza también destaco a Benedicto XVI, que es un Papa que no ha sido bien tratado, ni siquiera por la propia Iglesia, y lo descubrirán tarde, ya que su Magisterio va a ser (y ya lo está siendo) una guía durante mucho tiempo para la Iglesia.
Francisco es un Papa del que me gustan sus gestos.
– ¿Qué es lo más duro de ser sacerdote?
– Esa misma pregunta me la hizo un niño en La Puebla hace años, y lo más difícil es tener que decir algunas veces «no”. Hay situaciones de personas que vienen buscando en la Iglesia algo que no se les puede ofrecer, como es el caso de aquellos que quieren ser padrinos o madrinas de alguien cuando no se han preocupado en formarse. Ante esta situación, yo no puedo decirles que no pasa nada, pues necesitan una preparación previa, pues el padrino o la madrina son los encargados de transmitir la educación en la fe. Hay cosas que, por tanto, no puedo dar de acuerdo a la normativa de la Iglesia.
– ¿Tiene usted alguna devoción especial a algún santo específico o lugar sagrado concreto?
– Tengo una gran devoción a la Virgen, y me da lo mismo que sea de Covadonga, el Rocío, la Granada o la Esperanza, y también hay un santo muy importante para mí como es San José, de hecho, la semana pasada participé en el Triduo en la Parroquia de Camas en el primer día de la Solemnidad de San José, y dije que tenía que ser el titular de todas las parroquias y hermandades porque es el Patrón de la Iglesia.
También hay dos santos muy importantes para mí, como es el caso de San Felipe Neri y San Juan Bosco, que son muy similares en su carácter y realizaron una buena labor de evangelización, aunque son de diferente época: uno, del Barroco y el otro, del siglo XIX, pero mi devoción más importante es a la Virgen por encima de todas.
Lo único que echo en falta de mi tierra es visitar Covadonga, pero la Virgen, además de ser madre, es mujer, y se las ingenió para que no la echara en falta poniéndome cerca del Rocío, porque, aunque cada advocación tenga un nombre u otro, es la Virgen.
– Un hecho concreto al que se ha aludido en la prensa es a que usted lleva sotana, que es un atuendo que a mí personalmente me gusta por el importante significado simbólico que tiene a nivel eclesiástico: de color negro como luto por la muerte de Jesucristo, con 33 botones frontales por su edad y cinco botones laterales en referencia a las cinco heridas de la crucifixión (dos en pies, dos en manos y una en el costado). Si bien es cierto que dicha prenda ha sido mucho menos usada a raíz del Concilio Vaticano II, si me permite la pregunta, ¿a qué se debe su elección?
– Llevo sotana desde que me ordenaron y mi primera misa la oficié con sotana, llevándola en los distintos destinos a los que he ido. Creo, como suele decir el dicho popular, que “el hábito no hace al monje”, y no creo que la sotana sea un muro porque, lo que marca distancias no es la prenda sino la persona.
Es verdad que en las parroquias no están hoy acostumbrados a ver al párroco con sotana, pero cuando lo conocen, llama la atención verlo sin ella porque también lo pueden ver sin las ropas sacerdotales e incluso de deporte.
La simbología que has comentado es cierta, pero, sobre todo tenemos que ver a la persona, y no creo que quitar la sotana ayude a los demás a entendernos o no. En mi caso concreto, llevo la sotana cuando presido algún acto fuera de mi parroquia y en el ámbito de la parroquia, pero no cuando, por ejemplo, voy al supermercado o de viaje, en cuyo caso, sería incómoda.
Te añado también, como curiosidad, que no todas las sotanas tienen bocamanga (que es la parte que llega más o menos hasta el codo), de hecho, la que llevan muchos sacerdotes del Opus Dei no tiene. Yo conozco tres estilos de sotana: la romana, la española y la francesa. En el caso de la del Papa, siendo la romana, sí lleva bocamanga pero no botones.
Algo similar sucede con los botones frontales, ya que no todas tienen 33 botones, pues tienen más o menos dependiendo de la altura de la persona que la viste y, por lo general, la sotana romana lleva botones frontales pero no suele llevar botones en la bocamanga.
– Si me permite la indiscreción, ¿pertenece usted a algún movimiento de la Iglesia?
– No, soy sacerdote diocesano, aunque respeto todos los movimientos y carismas y no me cierro a ninguno. Creo que un cura tiene que respetar aquellos movimientos que el Espíritu Santo ha suscitado en el seno de la Iglesia porque no puede ir contra el Espíritu Santo.
Me entristece cuando se dice “soy carismático” y, por ejemplo, del Movimiento Neocatecumenal, y sólo admito al Movimiento Neocatecumenal en mi parroquia, o, al contrario: no dejo entrar a ese u otro movimiento en mi parroquia, porque la parroquia no es del párroco.
– ¿A qué cree que se debe la actual crisis de vocaciones sacerdotales?
– Se debe a que hay una crisis total de valores, de moral y de ética. Las crisis no son sólo económicas sino a todos los niveles porque se ha tendido a apartar a Dios de nuestro ámbito cotidiano, siendo el criterio de cada cual el que rige, y si todo se rige conforme a nuestro criterio personal, deja de haber en nuestras vidas un criterio divino.
Si Dios tiene sentido en mi vida, seguiré un criterio superior y no el mío propio, siendo Dios quien nos da los criterios porque, cuando no es así, se entra en una situación de relativismo moral en el que yo soy mi criterio, y al considerar que el mío es la verdad, lo trato de imponer, pero por encima de tu verdad hay otra superior, que es la de Dios.
Dios nos habla a través de su Hijo y nos da unos mandamientos para ser felices a lo que no se han hecho caso, y si se le margina de todo, vienen todos los desmanes.
Si las familias no rezan, no hablan de Dios y no lo tienen en cuenta, Dios se las ingenia para seguir llamando.
Hay una falta de vocaciones porque a Dios no se le tiene presente en muchos ámbitos, y una prueba de ello es que la natalidad ha bajado mucho. No obstante, las vocaciones proliferan en Asia, África y América Latina, donde las familias son más numerosas, mientras que en España se da el fenómeno contrario, que no es exclusivo de nuestro país sino de Europa. Gracias a Dios, la globalización no afecta en este aspecto a todos los países y Dios puede actuar también en ellos.
Creo que España sigue siendo el país con más misioneros del mundo, y pese a ser personas de una gran valía, tienen una edad muy avanzada, ya que nacieron en el seno de una España muy distinta, cuando nuestra Nación aún tenía un gran nivel de vocaciones.
Yo veo, a día de hoy, cómo los niños van contentos a catequesis y a misa para su Primera Comunión, pero una vez que cumplen su objetivo, se desvinculan, porque los que no están contentos son sus padres, que en muchos casos no quieren tener la obligación de llevarlos, porque si a la gran mayoría de ellos, si no a todos, se les pregunta si quieren seguir viniendo a catequesis el curso que viene, seguro que dicen que sí.
Dios confía la Gracia del sacramento que se otorga en la Comunión, pero luego la comunicación con él se corta.
Vivimos en la era de la información y la formación, en la que en el plano de las agresiones y la violencia nos llegan las noticias de inmediato, pero, sin embargo, aún sigue habiendo violencia. ¿A qué se debe esto? A la decadencia de los valores, ya que cuando se actúa con violencia sobre otra persona es porque no se le considera persona, debiendo ser siempre valorada como el Hijo de Dios que es.
En mi caso concreto, la relación que tengo con Dios me impide contestar bruscamente a alguien cuando lo merece o actuar agresivamente, porque debe haber dos principios fundamentales: el bien común y la dignidad de la persona, lo que implica no utilizar a nadie como un objeto o un medio.
– Una cuestión con claras implicaciones políticas es la relativa al eterno debate entre capitalismo y comunismo primero y liberalismo y socialdemocracia después. ¿Existe algún sistema económico que sea acorde a la doctrina de la Iglesia?
– Juan Pablo II vivió el comunismo y vio de primera mano el sistema económico que escondía una ideología trasnochada que aún pervive en países como China, Cuba y Corea del Norte, aunque un capitalismo exacerbado tampoco debe ser un modelo.
Yo no entiendo de economía, pero creo que, si la economía no está supeditada al valor de la persona, cualquier modelo se convierte en nefasto al poner en el centro el dinero, cuando es el dinero el que debe estar al servicio del hombre. Coincido con los mayores cuando dicen que el dinero debería ser como los ajos: que todos los años se pudriera, ya que, las familias, por ejemplo, se dividen a causa de herencias.
La economía siempre debe estar supeditada al ser humano, respetando la dignidad del hombre porque está hecho a imagen y semejanza de Dios y hay una vinculación con su Creador.
– Por último, para cerrar tan grata entrevista, concluyo con una pregunta sumamente trivial. ¿Es usted bético o sevillista?
– Como asturiano, soy del Sporting de Gijón, y cuando llegué a La Puebla y me preguntaron eso mismo, respondí que mis simpatías iban con el Sporting, pero realmente era una respuesta velada, ya que quien conoce el ámbito de los hinchas sabe que la afición del Sporting es afín al Betis, igual que la del Oviedo lo es al Sevilla F.C.
No entiendo de fútbol, pero tengo más simpatías por el Betis, aunque tengo muy buenos amigos sevillistas, como es el caso del presidente de la Hermandad del Rocío de La Puebla. Yo, desde luego, no voy a tener discusiones por motivos de fútbol.
El otro día me pasó una anécdota muy curiosa. Jugaba el Atlético de Madrid y el Barça y me preguntaron que con cuál de los dos iba, y como soy anti-Barça, porque se han marcado mucho en el ámbito político con motivo del independentismo, iba con el Atleti. También me gusta el Athletic de Bilbao, es decir, todos los equipos rojiblancos, igual que el Sporting, pero como suelo decir, cuando estoy en Sevilla me vuelvo daltónico porque soy verdiblanco.





