
Jaime Raynaud nació en 1948 en Sevilla y es arquitecto técnico especialista en ejecución de obras, ejerciendo en la empresa privada y en un despacho profesional ininterrumpidamente hasta 1999, habiendo sido, además, profesor colaborador en diversos cursos de postgrado en la Universidad de Sevilla y la Universidad Politécnica de Barcelona, así como directivo del Betis entre 1996-1999.
Dio el salto a la política en 1999, cuando fue número cinco en las listas del PP a la alcaldía de Sevilla, encabezadas por Soledad Becerril, siendo elegido concejal y ejerciendo como portavoz de los populares en el Ayuntamiento de Sevilla en 2001. En 2003, fue candidato a la alcaldía de Sevilla, siendo concejal en el Ayuntamiento de Almensilla entre 2007-2011 y de Dos Hermanas entre 2011-2015, en ambos casos como número dos en las listas populares a dichos comicios. Fue diputado en el Parlamento de Andalucía entre 2008-2018, director de campaña de Beltrán Pérez en su candidatura a la alcaldía de Sevilla en 2019, viceconsejero de Fomento, Infraestructuras y Ordenación del Territorio de la Junta de Andalucía entre 2019-2020 y desde 2021, adjunto al Defensor del Pueblo Andaluz.
– Comenzando por lo más básico, ¿cómo nació su interés por la política?
– Es algo que realmente llevaba en los genes y tomó fuerza en la Universidad, ya que en mi época como universitario fui delegado de clase, de curso, de escuela y presidente de mi promoción cuando se organizaba el viaje de fin de curso y había que recaudar fondos. Mi paso por la Universidad, al aunar voluntades y liderar colectivos, fue el que me arrancó el gusanillo.
– ¿Cuál fue el proceso por el que llegó ideológicamente a la Democracia Cristiana?
– Se produjo cuando nuestro país pasó de manera ejemplar de una dictadura a una democracia, algo que debe recordarse constantemente para ser conscientes de lo que significó el paso de esa situación, especialmente por los jóvenes, ya que ese espíritu ex novo nos dio la posibilidad de pertenecer.
Durante la dictadura y antes de la Universidad, yo había estado muy vinculado a movimientos cristianos, pues había estado unido a la Iglesia, formándome en la Congregación Marista, por lo que quise encontrar una ideología lo más cercana posible al movimiento cristiano en el que me formé.
La Democracia Cristiana no estaba muy implantada en España. En el campo de la izquierda, el PCE estaba más implantado que el PSOE y el Franquismo aglutinaba más el espectro de la derecha, habiendo un movimiento democratacristiano en Europa, especialmente en Alemania e Italia, que constituía un espacio en el que yo me sentía cómodo, lo que hizo que posteriormente me afiliase al Partido Demócrata Popular (PDP) que lideraba Óscar Alzaga.
– Una pregunta que me gusta formular en términos de perspectiva histórica es, ¿quién considera que ha sido el mejor presidente de la democracia y qué valoración haría de los restantes?
– Creo que se debe ser muy tolerante y prudente a la hora de calificar a quien asume tan importante responsabilidad, ya que sobre sus espaldas recaen los destinos de millones de españoles. Todos han tenido sus luces y sus sombras y las calificaciones deben hacerse con la óptica de un largo tiempo. A todos se les debe dar tiempo para verlos con la perspectiva de cierta lejanía y ponderar las cosas buenas y menos buenas que han tenido.
Creo que, por las especiales circunstancias vividas, y con cierto distanciamiento, Mariano Rajoy por la situación en la que cogió el país desde un punto de vista económico, a punto de ser intervenido por los poderes económicos europeos, ocupa un lugar preferente de todos los presidentes que hemos tenido hasta ahora, dada las circunstancias tan difíciles que tuvo que afrontar y las medidas que tuvo que implantar sin la intervención de agentes externos.
– Otra pregunta recurrente por mí a los entrevistados que se dedican a la actividad política es la siguiente: ¿quiénes son sus referentes políticos nacionales e internacionales? ¿hay políticos de otros partidos que admire?
– Mi posición política es de centro y nunca he cambiado de ideología. Ya he dejado la política activa porque la Defensoría del Pueblo exige estar al margen de cualquier militancia o partido, debiendo mantenerse una clara neutralidad en los comportamientos, pues el único interés debe ser la defensa de la igualdad de todos los andaluces y andaluzas al margen de cualquier ideología.
Sin duda hay un hombre del que guardo un recuerdo muy especial, que es Óscar Alzaga, que implantó el PDP en España y fue su primer presidente, encajando su discurso como un guante en la ideología de la Democracia Cristiana. También creo que hemos tenido líderes políticos europeos y mundiales dignos de valoración y reconocimiento tras su paso por la política, que están dentro del espacio de la socialdemocracia y la Democracia Cristiana con la ideología liberal tras la Segunda Guerra Mundial, contribuyendo a impulsar la Unión Europea desde el punto de vista económico, aunque no sólo como una referencia financiera sino como una Europa unida desde el punto de vista político.
– Usted ha sido directivo del Betis, ¿qué valoración hace del que, posiblemente, sea el presidente más divisivo de la historia del club como fue Manuel Ruiz de Lopera?
– Fui directivo precisamente en la época de Manuel Ruiz de Lopera, llevando un área muy técnica al asumir la coordinación de la comisión organizadora del proyecto de construcción del estadio, que eligió el proyecto de Antonio González Cordón. Cuando desempeñé dicha responsabilidad se llevaron a cabo las primeras fases de la construcción del Gol Norte y el fondo del actual estadio Benito Villamarín.
Creo que Lopera, como todo, ha tenido luces y sombras en la gestión del Real Betis, pero hay que reconocer que cogió al club en una situación muy complicada, y aunque sobraron algunas de sus últimas decisiones y los años en los que se prolongó, es innegable que dejó una huella para la posteridad.
– ¿Le recomendaría a los jóvenes entrar en la política activa?
– Es una pregunta ciertamente interesante, ya que a día de hoy hay un desapego generalizado de la política, no sólo entre los jóvenes, y ejemplos poco edificantes entre los cargos públicos no invitan, precisamente, a dar un paso adelante.
La Transición fue un ejemplo de cuando la clase política tuvo una alta valoración, pero ha ido perdiendo fuelle, puntos y prestigio, y hoy no es el mejor momento para las valoraciones.
No veo inconveniente en que los jóvenes tomen partido y participen activamente en la política, que es algo que se puede hacer de muchas maneras, ya sea con tus opiniones, tu presencia o tu vinculación. No debemos olvidar que el futuro nos lo labramos entre todos, y los políticos son el reflejo de la sociedad, por lo que no deben ser juzgados al margen de la sociedad, y son precisamente los jóvenes los que van a llegar para tomar las grandes decisiones para el mundo dentro de unos años, debiendo hacer una sociedad más justa, equilibrada y sana desde el punto de vista medioambiental.
Una sociedad más próspera, sana y ecológica es un gran reto para la juventud en estos momentos, desde la Universidad, la investigación, el trabajo y también la política, y la colaboración público-privada como binomio en todas las áreas posibles es una herramienta vital para el futuro.
– A día de hoy se tiende a cuestionar la utilidad del Defensor del Pueblo, ¿podría explicar a nuestra audiencia la necesidad de dicha figura?
– La figura del Defensor del Pueblo existe a nivel estatal y autonómico, y no es suficientemente conocida por las andaluzas y los andaluces. Es una figura reconocida por la Constitución por implantación estatal, teniendo su derivación no en todas, pero sí en algunas comunidades autónomas, entre ellas, nuestra Andalucía.
Es similar lo que reflejan la Constitución y el Estatuto de Autonomía en torno al Defensor del Pueblo tanto estatal como autonómico, teniendo en ambos casos como objetivo primordial la defensa de los derechos de los ciudadanos, con las puertas abiertas cuando consideren que sus derechos no han sido atendidos o vulnerados, sin distinguir por razón de religión, sexo o clase. Atendemos la queja con absoluta neutralidad.
Un dato significativo es que esta institución depende del Parlamento de Andalucía y no del gobierno de la Junta, ante el que rendimos cuentas mediante nuestra comparecencia por medio de la presencia física como del informe anual que se presenta.
El último informe presentado es el del año 2024, que recogió un total de 32.000 intervenciones de todo tipo: consultas, quejas y peticiones de información, un dato que puede dar cuenta de la magnitud de la actividad de esta institución. Nuestro leit motiv es acudir siempre en defensa del interés de los débiles, y a nosotros no nos llegan las cosas que se hacen bien sino las que se considera necesario mejorar en materia de legislación, comportamiento o expedientes.
– Se tiende a criticar que el Defensor del Pueblo autonómico supone una duplicidad de funciones respecto al nacional, ¿qué justificación tiene dicha situación?
– No hay tal duplicidad, ya que el ámbito de actuación del Defensor del Pueblo estatal y autonómico viene marcado por una ley específica que regula la relación entre el nivel estatal y autonómico y entre los Defensores autonómicos.
El ámbito de actuación del Defensor del Pueblo Andaluz es las Administración autonómica, las entidades o empresas que dependen de la Junta, las ocho diputaciones provinciales y la totalidad de los municipios de nuestra comunidad autónoma. No intervenimos en ninguna queja o reclamación que sea competencia estatal, como puede ser, por ejemplo, un tema relacionado con la Policía Nacional o las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Tenemos también extraordinarias relaciones de colaboración, siendo inmediato el cruce de expedientes, y como colofón de esa buena colaboración se celebra con carácter anual una Convención de las distintas Defensorías autonómicas coordinada por el Estado, con algún tema estrella que es objeto de análisis, que suele ser común entre las distintas comunidades autónomas.
– Usted ha pasado a lo largo de su etapa política por los Ayuntamientos de Sevilla, Almensilla y Dos Hermanas, así como por el Parlamento de Andalucía, ¿qué enseñanzas ha extraído de su paso por dichas instituciones y con qué experiencia se queda? A día de hoy, que la política está tan desprestigiada, ¿qué mensajes se puede transmitir sobre la condición humana?
– Fueron muy positivas las experiencias que he vivido en todos los estadios, y esta última no sé como llamarla, porque si es política, desde luego, es muy diferente. Como usted comenta, he pasado por la vida municipal y parlamentaria, y también he sido viceconsejero en el primer gobierno del PP en Andalucía, por lo que es factible sacar conclusiones, no más en unas que en otras, pero sí diferentes entre ellas por el espacio que en cada momento toca asumir, aunque ahora no es directamente política.
Haría una recomendación a todos los políticos: la política debe ser un medio y no un fin desde el punto de vista humano, como usted muy bien ha puntualizado, es decir, un medio al servicio de la sociedad, y todos deberían pasar por la escuela municipal para formarse en la labor legislativa, ejecutiva y de oposición. Yo mismo he estado en los dos lados de la barrera: como ejecutivo y como oposición.
Un ayuntamiento ofrece la cercanía que da ser concejal de un pueblo o de una ciudad por la prestación personal de servicios y ver los problemas desde la posición de los ciudadanos, siendo la de concejal una asignatura que debería ser de obligado cumplimiento cursar.
– ¿Qué opina sobre VOX? Hay voces dentro del PP que abogan por pactar con el partido de Abascal y otras que prefieren hacerlo con el PSOE, ¿cuál es su postura al respecto?
– (Sonríe) No opino nada desde hace ya cinco años que estoy en la responsabilidad de adjunto al Defensor del Pueblo, que tiene como objeto la defensa de los intereses de los ciudadanos al margen de cualquier ideología. Tengo el máximo respeto por todo el espectro, debiendo ser éste un problema que deben resolver nuestros representantes políticos.
– Concluyo planteándole una cuestión personal que tiende a ser común a mis entrevistados: ¿es usted creyente? ¿qué papel ocupa la religión en su vida?
– Soy creyente y mi vida como creyente es un aspecto importantísimo que trato de llevar con mi familia, siempre dentro del máximo respeto a quienes profesen otras creencias que discrepen de este posicionamiento. Por simplificar, en esa posición mía me siento absolutamente realizado en una materia tan amplia de criterio como difícil de explicar.
– Si me permite la indiscreción, ¿es practicante?
– Sí, y, además, soy hermano de dos cofradías, que son Santa Marta y la Esperanza de Triana.






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Este texto es un laberinto de siglas políticas (PCE, PSOE, PDP, VOX) y referencias históricas que parece escrito por un ordenador con fascinación por la Transición. La defensa del Defensor del Pueblo se presenta con la seriedad de un manual de derecho constitucional, pero al final todo desvía hacia la colaboración público-privada como binomio vital, lo que suena a que alguien necesita un café. La recomendación de pasar por el ayuntamiento es noble, pero ¿quién tiene tiempo para eso cuando se puede ser directivo en el Betis o Adjunto al Defensor del Pueblo? Un paseo histórico divertido, pero con un poco demasiado de seriedad para una página web.