Federico Padial Leo nació en Algeciras (Cádiz) en 1968, y es tatuador profesional desde hace más de treinta años, además de investigar desde hace muchos años de modo amateur temáticas relacionadas con la parapsicología, que es su pasión, escribiendo artículos sobre ello en revistas especializadas como Enigmas y Más Allá, además de colaborar en programas de radio y televisión, en Mega y DMax, que tratan sobre estos aspectos.

– ¿Cómo nació su interés por la parapsicología?
– De pequeño, yo era un niño raro al que no le gustaba la pelota y el balón como a la mayoría. Leía y tenía inquietudes por la Historia, y en mis primeras Ferias del Libro no pedía que me comprasen un libro del Pato Donald sino uno de fantasmas, que es algo por lo que, en concreto, me interesé mucho.
Antiguamente, en las casas se hacían reuniones para contar historias de espanto y aparecidos, que es como se llamaban antiguamente a los relatos de terror, y esas historias se contaban en casa de mis tías y mis abuelas. Fui siempre buscando el misterio, aunque a veces me ha buscado a mí.
– ¿Quiénes son sus referentes en el campo de la parapsicología?
– Me gustan mucho ciertas etapas de la parapsicología, que tuvo una época dorada en la década de 1970 con Fernando Jiménez del Oso, que abrió ese mundo a todos los españoles, tomándoselo en serio, y además, desde una sola cadena. Era un gran comunicador, y a raíz de él nacieron investigadores que también se lo tomaban muy en serio, como era el caso de Sinesio Darnell, un catalán que experimentó en muchos campos, y cuya figura me gusta mucho por los métodos que utilizaba, incorporando las nuevas tecnologías a su labor, como es el caso de la televisión para las psicoimágenes. Además, no hablaba tanto de aparecidos sino de fenómenos, porque primero hay que captarlo y luego ver lo que es realmente. Otro ejemplo es Germán de Argumosa, que en su caso era más comunicador que investigador.
– ¿Y qué opina sobre Íker Jiménez, que a día de hoy es el rostro más visible de la parapsicología para el gran público?
– Es un gran comunicador, aunque ya no investiga como hacía antes, en especial con el fenómeno OVNI, habiendo conseguido algo que no se ha dado en ninguna parte en el mundo: un programa que lleva veinte años en antena y en un mismo canal. Es muy de valorar que promueve el misterio y lo acerca al público general, creando un contenido bastante digno.
– En la década de 1990, por medio del programa de Javier Cárdenas, con personajes como la Bruja Lola, se le hizo mucho daño a la parapsicología. A día de hoy vemos que desde diferentes canales de YouTube se da voz a figuras similares como Mr. Tartaria. ¿Cree que a día de hoy esta disciplina goza de más o menos respetabilidad que en el pasado?
– Las redes sociales han hecho mucho daño, como Cárdenas lo hizo en el pasado, sólo que él lo hacía desde un medio nacional que llegaba a mucha gente y era muy visto para reírse.
Yo a Mr. Tartaria lo veía por puro morbo, por la curiosidad de lo que iba a decir. Lo malo es querer darle un sentido a lo que dice, porque lo que hace es crear un contenido que cree que es del interés de la gente, es un divertimento, y quien se lo quiera creer tiene un problema, y sobre todo ahora, que con la IA se pueden hacer cosas increíbles, como construcciones donde está la Antártida.
Voy a poner un ejemplo muy claro: a mí el monstruo del lago Ness me gusta mucho, y tengo la convicción de que algo pasó allí, pero desde luego no puede haber un plesiosauro en el lago Ness. Cuando leo sobre ello me lo imagino como una película, y cuando cierro el libro, se queda en el libro. Me gustaría que fuese de verdad, pero soy consciente de que biológicamente es imposible.
Contestando a la cuestión que has planteado, no creo que la parapsicología tenga más respeto que antes porque, antes como ahora, existen tres factores: los que creen, los que le tienen miedo, que son, además, los mayores detractores y por último, los negacionistas.
– Entiendo que se refiere a la distinción que puede haber entre un escéptico, que es aquel que no cree hasta que ve por sí mismo, y el incrédulo, que es el que niega pese a ver, y que sería similar a la postura de Richard Dawkings, uno de los mayores ateos de nuestro tiempo, y que sobre los milagros manifestó que, si viera a una estatua saludándole pensaría que sus átomos se han unido fortuitamente, y que si viera a Dios lo achacaría a una alucinación.
– Así es. Dentro de los negacionistas hay muchos que tienen miedo, y que son como los niños que se tapan los ojos cuando están asustados como una forma de defensa, aunque en realidad hay una aceptación de lo paranormal, y casi todo el mundo conoce algún caso, siendo muy habitual la frase “Yo creo en estas cosas”, que incluso Cárdenas contribuyó a popularizar, porque aunque fuese por medio de la sátira y de la burla, ya les había colado el tema. Es como cuando se dice “que hablen de mí aunque sea mal”, pero no creo que se haya avanzado nada porque seguimos con los mismos resultados pese a los avances tecnológicos.
– No obstante, a día de hoy hay una sección en Cuarto Milenio en la que los famosos hablan sobre sus experiencias paranormales. ¿No cree que ese formato contribuye a normalizar la parapsicología al hablar de ella rostros muy seguidos por la sociedad?
– Creo que se abusa mucho del testigo de élite. ¿Por qué tiene que tener más credibilidad un famoso que un humilde frutero? Es más posible que un famoso, por ejemplo, Carmen Lomana, hable de estas cuestiones en busca de mayor notoriedad. En cualquier caso, es en el silencio cuando es más fácil apreciar lo paranormal, teniendo más posibilidades de experimentarlo un funcionario o un militar que trabajan aislados durante la noche que un viandante que pasa por la calle Sierpes a las cuatro de la tarde a plena luz del día y con un gran bullicio.
– ¿Cuál ha sido la mayor experiencia paranormal que ha vivido como testigo directo?
– Como testigo, he presenciado dos apariciones. Una de ellas fue un caso con un ser sombra que salió publicado por Pedrero en uno de sus libros, titulado “Los seres sombra”, que se catalogan desde UFO hasta fantasmagorías.
El otro caso fue un ser blanquecino, con el que me choqué directamente. Cerré los ojos y cuando los abrí, no había nadie.
– ¿Cómo fue el encuentro con aquel ser sombra? ¿Podría contar los detalles de aquel suceso?
– Sucedió en La Rihuela, la llamada “Casa de la Loca” de Palomares del Río, donde es muy habitual captar fenómenos, con una fenomenología que no se puede explicar, tal vez porque debajo de la casa hay agua.
Allí la gente va a contactar con la chica que vivió en el lugar, Carmela, que realmente no tenía tanta historia como se ha presentado, y con “el Chato”, que murió allí, siendo un sitio recurrente para experimentar, por lo que es habitual encontrarse con otros grupos de investigación parapsicológica. Si, por ejemplo, me encuentro con adolescentes en la zona, paro la investigación, y si van a estar mucho rato, los asimilo para hacer bien la investigación y que estén en silencio.
Cuando estábamos grabando psicofonías, los cuatro o cinco que entramos nos metimos en un cuarto. Mi hija también iba con nosotros y una de las chicas entró en pánico porque sentía que alguien le había tocado y algunos salieron junto a ella de la casa. Los de nuestro grupo que permanecían fuera se mantuvieron en silencio.
En la primera habitación de la derecha había un pasillo estrecho y cuando iba a grabar, antes de hacer preguntas, vi una sombra enorme de dos o tres metros de altura de forma cuadrangular: con la cabeza cuadrada y los hombros cuadrados, como los muñecos, y más negro que la propia oscuridad, y estaba asomada, como mirándonos. Pasamos de investigar a ser investigados.
Mi hija me preguntó si estaba viendo lo mismo, y a los compañeros que estaban fuera, los oímos gritar: “¡Una sombra, una sombra!”, porque aquel ser continuó desplazándose dentro de la casa, y lo vieron desde fuera a través de las ventanas.
Sin estar conectados, dos grupos vieron lo mismo. No es como aquellos casos en los que se ve un efecto luminoso y un grupo contamina al otro.
– ¿Cómo fue la otra experiencia, la de aquel ser blanquecino con el que afirmó chocarse?
– Ese otro caso fue en una zona de la Vega de Carmona llamado Peromingo Bajo, en una época en la que los grupos de investigación eran una veintena.
Antes de ir a un sitio, me informo sobre su historia para ver si me parece interesante. El lugar en cuestión venía de la época romana y estaba sobre un molino que tuvo, incluso, esclavos negros, habiendo además una novela que recoge que era un lugar conocido por la presencia de esclavos.
Cuando llegamos allí en dos coches, vimos ráfagas de luz y creímos que había gente entrando en el cortijo, lo que nos fastidiaría la investigación. Una de nuestras compañeras nos dijo que había gente porque había visto ráfagas de linterna.
Los cortijos andaluces son fortificados, cuadrados, teniendo éste una puerta grande relativamente en buen estado y un solo punto de acceso, con un muro bien conservado. Entramos para ver si las personas que estaban dentro las conocíamos o si estaban robando cables.
Dentro no había nadie, así que pensé que nos habíamos confundido porque tampoco vimos ninguna luz, así que, al ser nuestra primera noche en aquel cortijo, decidimos explorar el lugar para ver la peligrosidad del terreno y evitar caernos.
Cuando estoy casi en la puerta, desde allí veo los pueblos de alrededor, apreciando los fuegos artificiales de una de esas localidades, que estaba de fiesta, y cuando me giro para decírselo al resto del equipo y que también lo vean, me choqué con un señor alto. Pensé que era el guardia del lugar o un agente del Seprona, que suelen echarnos de estos lugares de malas maneras. Cerré los ojos y puse los brazos como en posición defensiva, y cuando los abrí, no había nadie, preguntándome: “¿Qué ha pasado?”.
Siempre puede ser una causa normal antes que un fantasma, así que en primer lugar me enfoco en las explicaciones lógicas. Aquello que vi era traslúcido, representando el arquetipo del fantasma, siendo aquella figura la propia de un señor de campo grande, despeinado y malencarado. Nunca he tenido alucinaciones ni voy condicionado por el miedo, de modo que aquello me marcó muchísimo.
Eso me sucedió en una época en la que era bastante escéptico porque me di cuenta de que muchos casos paranormales eran inventados. Fue como si me estuviesen dando un toque de que lo sobrenatural estaba presente.
– Sobre los llamados ensotanados o seres sombra, hay un libro muy recomendable de Luis Navas Delgado titulado “Los espigados negros”, que recopila todos los casos desde principios del siglo XX, y su teoría es que son seres de otra dimensión, habiendo puntos de encuentro entre esta y otras dimensiones, aquello que Enrique de Vicente denomina “realidad daimónica”, y que entronca con la teoría de los universos paralelos. ¿Qué opina usted sobre este planteamiento?
– Dentro de las diferentes teorías que existen al respecto, creo que la más acertada es la dimensional. Algunos dicen que son los difuntos que se aparecen, pero, personalmente creo que si pudieran, se aparecerían más, para así protegernos.
Los ensotanados son un arquetipo, como el hombre del sombrero (hat man) y la dama de blanco, pero hay que diferenciar entre la figura ensotanada, que se asocia a un monje, un fraile o alguien que simplemente va tapado, de la gente sombra.
El testigo describe a una especie de ensotanado porque el fantasma es un arquetipo que siempre se tiene en mente, y es la propia mente la que le da forma. Es como aquel que ve una luz y es un OVNI porque no puede entender lo que ve, entonces, si ve esa figura cerca de un convento, la va a asociar a un fraile. Yo soy muy escrupuloso y escéptico, y lo que vi fue una forma poligonal, no un ensotanado.
Dentro de aquello que se describe como una misma cosa hay dos fenómenos distintos: por un lado, aquellos que llevan una especie de hábito, que entran dentro de la fantasmagoría, y luego, otras figuras mucho más altas que tienen forma humanoide, que son asimilables al fenómeno OVNI.
Es un arquetipo que se repite bastante, igual que sucede con el propio fenómeno OVNI, donde son habituales formas de tubo, triángulo y círculo.
En el caso del ser sombra, éste juega en todos los bandos, pudiendo ser seres de otra dimensión, que es algo que también podrían ser los extraterrestres, mientras que el ensotanado entra dentro de lo que tradicionalmente se ha denominado aparecido, y que es una figura humana que lleva hábito.
– Pero los casos en los que se han presenciado ensotanados se les han descrito con los mismos caracteres que los seres sombra: una figura muy alta, de dos metros y medio e incluso tres de altura, cuyos pies no tocan el suelo, elevándose medio metro sobre la superficie y sin atributos humanos, no apreciándose rostro, ni manos ni piernas.
– Es similar a lo que sucede con la pareidolia, que aquello que vemos tratamos de darle una forma que podamos entender, y los testigos describen lo que ven en base a lo que les parece.
– Claro, de hecho, la sugestión opera no tanto en torno a lo que los testigos han visto sino a cómo lo interpretan, de modo que, por ejemplo, ante un ensotanado, una mujer muy beata lo puede interpretar como un ángel o un demonio y un ufólogo como un extraterrestre.
– Así es, se le da la forma más parecida para poder entenderlo porque nuestro cerebro está preparado para dar forma a las cosas, o si buscan sobre el lugar y encuentran una leyenda sobre un fraile. La creencia es el mayor enemigo de la experimentación, porque lo importante no es creer sino saber.
– En otro orden de cosas, ¿cree que los gobiernos desvelarán la verdad sobre los OVNIS?
– Es una cuestión muy complicada. Creo que los gobiernos juegan con los OVNI como una baza que utilizan los que tienen esa tecnología para hacer pruebas y poder pasar desapercibidos.
Hay luces populares que se han visto desde la noche de los tiempos: en Roma se hablaba de discos voladores de fuego y en la Prehistoria, de llamas en el cielo, pero en la era tecnológica ahora se representan como objetos metálicos con antenas y patas que se posan, y se llaman fenómenos aéreos no identificados, siendo curioso que esto no se debatan en Parlamentos como los de Camboya y Portugal sino en Estados Unidos, que lo lleva al Congreso, y es porque los gobiernos juegan mucho con eso, siendo un comodín del que se sirven. Es como el chiste en el que ponen siempre al niño para que se coma las culpas de todo.
Creo que es más probable que haya vida en otros planetas, pero no sabemos cuál. Siempre los tendemos a ver como nosotros, cuando pueden ser muy diferentes, de hecho, una de las teorías es la de la máquina del tiempo.
Como dice José Antonio Caravaca, no puede haber 10.000 tipos de OVNIS y seres, y a quien más interesa promover los OVNIS es a gobiernos con alta tecnología como Estados Unidos, China y Rusia, con independencia de que puedan haber visitas y contactos, porque si todas fueran ciertas, la Tierra sería un zoológico de humanos.
– Una cuestión de la que se habla y se tiende a estigmatizar como conspiranoico a aquel que la plantea es la relativa a los chemtrails, que son estelas de condensación más gruesas que las convencionales, que dibujan patrones en el cielo y pueden permanecer hasta varias horas en él. Incluso un exvicepresidente de Estados Unidos como Al Gore ha reconocido su existencia, afirmando que se utilizan para protegernos de las radiaciones ultravioletas del sol, aunque otros alegan que se utilizan para fumigar a la población, destruyendo los cultivos, en los que afirman encontrar una alta concentración de aluminio, llegando incluso a acusar de fomentar enfermedades neurodegenerativas como el autismo y el alzheimer, ¿qué opina usted sobre tan controvertida cuestión?
– Creo que a día de hoy se juega mucho con ello y no hay pruebas. Las gente ve estelas de condensación, que es un fenómeno físico y a través de una App, a día de hoy se puede ver el tráfico aéreo y hacer un seguimiento del mismo. No obstante, ahora se sabe que se bombardean nubes para provocar y cortar lluvias, de hecho, soy de Algeciras, y cuando era pequeño ya recuerdo que se hacía, y es posible que, al igual que hay vertidos tóxicos, se produzcan fumigaciones sin control.
No quiero creer que nos estén envenenando desde el cielo, que además me parece muy cogido con pinzas. Es un fenómeno constatado y que se sabe cómo se forma, pero del que se ha exagerado y se abusa.
– Las experiencias cercanas a la muerte (ECM) arrojan a día de hoy evidencias de que la muerte física no es el final, ¿cuál considera usted que es el propósito de la vida?
– Es un tema muy complejo, en el que volvemos a la creencia. Por ejemplo, el fantasma tiene tanto arraigo en la sociedad porque afirma de manera más fuerte que Dios que hay vida más allá de la muerte.
La ciencia se basa en el método empírico, y aquello cuya existencia no se puede demostrar, no existe, olvidándose, por tanto, de los sentimientos y de lo espiritual, cuando el amor y el odio no se pueden medir, siendo muy difícil que la ciencia les dé respuesta, y aquello sobre lo que no se pueda sentar cátedra, lo va a dinamitar.
– Uno de los casos más significativos sobre experiencias cercanas a la muerte (ECM) es el de la cantante Pam Reynols en 1991, a quien durante una operación le drenaron toda la sangre del cerebro, de modo que no tenía actividad cerebral, y además, con los ojos tapados y los oídos firmemente sellados, pudo describir con precisión no sólo cómo se desarrolló toda su operación sino lo que sucedía en las habitaciones adyacentes. ¿Cree que casos como estos pueden apuntar a que hay una conciencia separada del cerebro?
– Parece que hay una conciencia, que es lo que tendemos a denominar alma o espíritu, y yo espero que después de esto haya algo más porque, de este modo, tendría un sentido.
Cuando tenemos angustia nos duele el corazón y no la cabeza. Hay partes que no están bien definidas, siendo como los experimentos para medir el alma, y los doctores, en los últimos momentos ven algo que se les escapa.
– Para concluir, le planteo una pregunta personal recurrente por mí a los entrevistados. ¿Es usted creyente? ¿Qué papel ocupa la religión en su vida?
– Nací en una sociedad cristiana y fui bautizado. No he apostatado y no tengo intención de hacerlo, de modo que oficialmente sigo figurando como creyente, aunque no tengo fe. Ni afirmo ni niego la figura de Dios, que me parece tan trascendental que no tengo capacidad para opinar sobre su existencia, aunque me interesa mucho el tema de las religiones, donde también están muy presentes elementos vinculados a la parapsicología como los fantasmas y los poseídos, de hecho, en la Biblia aparece la figura del fantasma.
Mi madre cuando tiene un problema le pone la vela al santo y duerme a gusto, y cuando yo lo tengo, me tomo un pastillazo porque, si no tengo fe, no voy a rezarle a un santo porque no sería coherente.
En una ocasión hice un estudio y en casi todas las religiones me salvo porque tengo pecados menores y no graves. Creo que si vivimos como buenas personas nos acercamos al fin de casi todas las religiones.





