Beatriz Galiano fue la pintora sevillana que en la tarde del fatídico 21 de junio se atrevió a decir sola, sin el más mínimo coro o acompañamiento de expertos, que la Macarena aún no estaba perdida, que tenía solución, siendo posible desandarse el camino de la atrocidad cometida en su cara y, no digamos, en su mirada; una agresión inconcebible de la que aún sigue sin saberse toda la verdad.
Se personó en la Basílica tan pronto como en la mañana de aquel día tuvo conocimiento de las fotos que se publicaban, en redes y por doquier, de un rostro universalmente conocido, el de la Virgen de la Esperanza, pero que se había vuelto desconcertante y difícilmente asumible, hasta el punto de que a muchos les pareció una artimaña más de la inteligencia artificial. Sin embargo, y siendo ya la una del mediodía, Beatriz se encontró con las puertas cerradas en vista del monumental escándalo que por lo visto se había formado en el interior del templo y durante el transcurso de una boda, cuando los primeros devotos que acudieron a reencontrarse con la sagrada imagen, tras tres días retirada al culto para exclusivas tareas de mantenimiento y conservación, padecieron la sorpresa desagradable de hallar a la Macarena desfigurada en su rostro. Pero en cuanto a eso de las seis se enteró de que de nuevo se había abierto al público la iglesia, otra vez se desplazó Beatriz hasta allí con urgencia. Entonces pudo comprobar que la expresión de la dolorosa había quedado modificada, gravemente desdibujada. Las supuestas tareas de mantenimiento y conservación devolvían una imagen peor que cualquiera de sus numerosas copias en todo el mundo. Ya no era la Macarena tal cual. Ahora bien, la contrariedad e indignación con las que abandonó la Basílica, no la turbaron, junto a cientos de personas abatidas por semejante estado de ánimo, hasta el punto de invadir su formación como especialista y técnica superior de artes plásticas y diseño en artes aplicadas de la piedra. Y nada más poner los pies en la calle, dejándose atrás un lamentable panorama, sacó de sus flaquezas a la profesional que pudo atreverse a decir: “La Macarena tiene solución”.
Sus declaraciones en Sevillainfo fueron las primeras que en aquellos momentos empezaron a tranquilizar a cientos de personas presas de la crispación y el dolor. Posteriormente, también la televisión, Toñi Moreno en Canal Sur, daría importancia al mensaje de calma de Beatriz Galiano, entrevistando en directo a la joven pintora.
Los meses han demostrado que llevaba razón, que la Macarena era recuperable si se procedía a recorrer el camino a la inversa de una barbaridad, de un auténtico atentado contra el patrimonio artístico, digno de un horizonte penal para sus responsables, que a día de hoy brilla por su ausencia.
Ahora, con la Virgen rehabilitada para sus miles y miles de devotos en todo el mundo, gracias a las manos del restaurador Pedro Manzano y al seguimiento de sus trabajos nada menos que por el IAPH, Beatriz habla desde la paz y la alegría que le ha producido el logro de su predicción.
“La Macarena se había quedado sin mirarnos y nosotros sin verla”
-Fue muy valiente y audaz para dictaminar tan pronto la posibilidad de la solución y esperar la enmienda total del desastre:
-Bueno, es que para empezar he de aclarar que yo conozco muy bien a la Macarena. Nunca me he sentido entre tanta gente que dice que ve a todas las vírgenes iguales. Quienes lo afirman demuestran no tener capacidad para las diferencias, no son buenos fisonomistas. Incluso hay gente que no identifica a la Macarena sin la pista de las mariquillas de esmeraldas sobre su pecherín de encajes. En cualquier caso, su cara no deja de ser inconfundible, única y excepcional. Y su mirada, como la de tantas dolorosas, no se dirige a su pañuelo, no se encierra en el ámbito espacial de su dolor llevando sus ojos hacia abajo. Ni siquiera tiene perdida la mirada como sucede en ese prodigio que es la Amargura. La Macarena nos mira a todos de frente, bajo palio salva hasta el mar de llamas de sus cirios encendidos. Nos busca entre la multitud que la aguarda y, entre esa multitud, ocurre un milagro consistente en sentirnos solos con Ella, como si no hubiera nadie rodeándonos en la bulla. Y te sigue, te explora el alma y no te pierde de vista. Es como si en escultura se produjera con sus ojos el mismo efecto que en esos cuadros donde te mira el protagonista pintado, te pongas donde te pongas. La Macarena te busca por todas partes y hasta por los rincones más íntimos de tu vida. Y eso, tan importante espiritualmente, es justo lo que más se derribó, entre otros caracteres físicos, de la cara de la Esperanza. Ella se había quedado sin mirarnos y nosotros sin verla.
Pero además de advertir, como cualquiera que la frecuenta, el daño que le habían hecho, mi formación académica (muy amplia y sólida) me vino a traer en aquellos duros momentos la certeza de que recuperaríamos a la Virgen, el dictamen en soledad de que la barbarie, con ser preocupante, no había traspasado los límites tras los que hubiésemos perdido para siempre a la Macarena. Mi diagnóstico fue, de alguna manera, clínico, porque afirmé que la Virgen estaba en la UCI, lo cual no deja de coincidir con la necesidad futura de someterla al largo estado del procedimiento técnico de la anoxia y, después, a tres meses más de curación completa.
“Nunca me sentí sola en mi inmediato diagnóstico afirmando públicamente que la Macarena tenía solución. Una alta autoridad en la materia estuvo de acuerdo conmigo”
-Siendo tan joven y sabiéndose entre tantos posibles doctores y expertos que no dieron un paso tan firme y atrevido como el tuyo, habrás percibido cierto aislamiento de parte de otros pintores o escultores mucho más veteranos y de edad que la tuya, gente que lleva en esto toda la vida y que pretendería ignorarte, hacerte el vacío, calificarte de osada ignorante…
-La verdad es que si así hubiera sido, que no lo sé, yo no me he dado por enterada. Yo no atiendo a rivalidades, yo atiendo solamente a una propia conciencia y educación artística y he de ser consecuente con ellas; lo que quede fuera de ese imperativo ético no me interesa, no está en mi onda. Yo siempre voy por libre. Pero además tengo que confesarte que yo no estuve tan sola como pueda creerse, esto ya lo he reconocido otras veces: a las pocas horas de publicarse mi opinión, la de que la Macarena tenía solución, yo recibí, a través de un mensaje con carácter privado, la aprobación de mi inmediato veredicto emanada del criterio de toda una alta autoridad en la materia, máximo responsable de una entidad de indiscutible y absoluto prestigio. El envío de un icono de esos de aplausos me fortaleció en el paso adelante que di, recibí un gran aval para mi valoración particular y profesional de los hechos. Y desde ese momento, cualquier tentación de debate interior conmigo misma, cualquier posible inseguridad (muy humana por otra parte) que hubiera tenido sobre mi evaluación, desapareció si cabe más por completo. El futuro sólo iba a depararnos el reencuentro dichoso con la Virgen de la Esperanza.

-Lo mismo fuiste acusada de protagonismo…
-Tampoco oí nada de eso, al menos no estuve pendiente, yo estoy a lo mío, porque lo mejor que puede hacer un artista entre dimes y diretes es estar a lo suyo, seguir sin desviaciones su camino. Aparte, y si así se me hubiera criticado por la espalda, ¿qué protagonismo cabe en nadie cuando se trata de la Macarena, si Ella lo eclipsa todo?, ¿qué inútil aspiración resultaría de una vana pretensión de protagonismo junto a la Virgen que lo llena todo? El único protagonismo de aquellos días, el lamentable primer plano de aquella triste noticia fue el de su cara atacada en un terrible atentado. Y, por supuesto, el protagonismo del inmenso dolor de miles y miles de personas. Yo las vi llorando desconsoladamente en la Basílica, estuve junto a ellas; así que en cuanto crucé el cancel del atrio del templo hacia la calle, tantos años de estudio profundo y riguroso con la pintura (entre otras disciplinas como el conocimiento de los materiales), me revelaron que se les podía consolar en tanta pena. ¿Es esa buena fe y solidaridad con tantos desgarros como presencié un afán de protagonismo?
-Pues ya que la Hermandad de la Macarena ha cerrado, con la nueva y flamante Junta de Gobierno de Fernando F. Cabezuelo, una página lamentable de su centenaria historia, pasemos precisamente esa página y hablemos de otra cosa. Porque tú eres una mujer bastante curiosa y polifacética, una rara avis que lo mismo está pintando figurativo o abstracto que modelando el barro, lo mismo hace magníficas fotografías que posa como modelo para revistas internacionales de moda y belleza, además de estar muy presente y seguida de una manera notable en las redes sociales… ¿cómo se abarca todo eso?
-Eso se abarca con muchísima organización, pero en honor a la verdad -y más veces de las que yo quisiera- con una gran capacidad de improvisación, de adaptación, pues cuando las cosas marchan tan bien, cuando estás solicitada y gusta tu trabajo, no siempre puedes controlar la antelación y, por tanto, la planificación. Entre los datos fijos de mi agenda siempre leo mentalmente y entre líneas el factor sorpresa.
“He tenido que aprender a decir no, porque decir no también es avanzar”
-¿Sueles decir no, sabes rechazar ofertas o vas a Roma por todo?
-No te lo tomes como una burla a tu pregunta, pero a Roma sólo voy a formarme y a disfrutar de su belleza. Y ahora en serio, he tenido que aprender a decir no, porque saber decir no también es avanzar.
-¿Dónde pretendes hacerte un hueco realmente?
-Yo no quiero hacerme un hueco en ninguna parte, mi vida no es una parada de metro en hora punta. Busco mi sitio sin empujar a nadie o dar codazos para que me abran un camino. ¡Qué horror vivir así! ¿No te lo parece? Tengo ya un espacio propio y es un espacio, más que físico, un espacio interior, una vivienda del espíritu, que me permite dedicarme a lo que siento. Yo voy a mi aire conquistando precisamente mi aire.
“Tengo las ideas muy claras de que todos podemos ser muchas cosas sin que se enfrenten unas a otras”
-Para lo que estamos acostumbrados, tú no encajas en los esquemas esperados; por ejemplo, se te puede ver emocionada ante la Macarena y, acto seguido, posando para una sesión de fotos de lo más erótica. ¿Cómo se concilia tu amplia gama de apariciones públicas?
-Se concilia con la máxima naturalidad. Y con las ideas muy claras de que todos podemos ser muchas cosas sin que se enfrenten unas a otras. No somos por eso contradictorios o incoherentes, somos ricos en nuestra personalidad. Quien no es consciente de esa riqueza y de la versatilidad humana, acaba escandalizándose, pensando que somos unos inmorales de manga bien ancha.
-Tú te has confesado muchas veces creyente y habrá quien te tome por alguien que tiene un Dios de bolsillo…
-Yo tengo el Dios que Dios quiere que tenga, el que Él me hace sentir. Lo que pasa es que nos han educado, y sobre todo a generaciones anteriores a la mía, en la mentalidad rígida de que Dios sólo se puede escribir y contar de una manera, con pecados y virtudes ya previstos, homologados para todos… quizás venga la cosa de lo de un sólo redil y las ovejas. Para mí Dios no es encíclica ni magisterio supremo de nadie, ni de la Iglesia Católica ni de ninguna otra. Nos habla a cada uno en su corazón y por eso cada uno debe afinar el oído con lo que escuche a Dios. Y no todos escuchamos lo mismo. Si hay algo que sí ha dicho para todos es que nos amemos los unos a los otros. Y a partir de ahí, ama y haz lo que quieras, incluso en sexo, que es siempre la preocupación constante donde los de la moralina barata persiguen sujetarnos más, como si invariablemente fuera el gran problema, la gran ofensa a Dios. Pero la gran ofensa son las guerras, quitarle la vida a un semejante, o dedicarse a la política como a una forma ventajosa de dedicarse a uno mismo, no a los demás, a la sociedad ante la que hay muchas cosas prometidas y comprometidas en campañas electorales. La mayor ofensa es dejar a la gente esperando lo que nunca llega para que la educación sea gratuita, la vivienda digna o que se sientan iguales ante la ley.
“No me gusta que me llamen influencer, yo no quiero influir en nadie, no busco cargar con esa responsabilidad”
-Tampoco te gusta ser llamada influencer, ¿es una declaración a contra corriente para resultar aún más extraña y distinta ante miles de seguidores?
-No es una declaración extraña, es una manifestación sincera. Yo no quiero influir en nadie, no busco cargar con esa responsabilidad. Yo admiro la personalidad propia en quienes la tienen. Voy haciendo mi camino lo mismo que los demás deben hacer el suyo. Detesto que haya modelos que preconicen desde cualquier medio qué se tiene que llevar de color o de peinado en la próxima Feria de Abril, o la tonalidad, el corte y estilo de los trajes de baño cuando llegue el verano. No son tendencias veraces y ellas lo saben, son imposiciones comerciales, interesadas en vender, en que compres aunque ya tengas, es una clara intención de deshacer tus planes. Lo que se tiene que llevar es ser una misma, que la moda sea no un vaivén mercantilista, sino ser tú, la moda soy yo, lo que a mí me guste y me siente bien. El color o el peinado soy yo, es cada mujer con su enorme carácter y personalidad. A ese mercado le vendría bien una huelga de tendencias estúpidas que nos esperan a todas iguales. No ignoro que cuando hago una publicidad hay una línea muy sutil entre imponer y recomendar. Yo recomiendo, sugiero, visualmente ofrezco posibilidades, pero con un producto no establezco la única opción. No es implantar lo de o sigues esto o te quedas fuera de la onda. Y desde luego, jamás hago un anuncio de lo que a mí no me convenza.
-Quizás por eso tampoco quieres desfilar en las pasarelas…
-En parte tiene que ver con eso, porque me exigen una pose que yo no tengo, esa que consiste en que la actitud de las modelos que desfilan ha de ser altiva, distante, entendiendo que así se consigue mejor que se fijen en la ropa, en lo que vistes, en los diseños, pero no en tu simpatía o naturalidad. Y yo me niego a ser una modelo perdonavidas, con una mueca de arrogancia absolutamente falsa en mí. Tampoco admito a que me fuercen a sentir indiferencia con las prendas, sino que me permitan realzarlas, expresarlas. Cuando una mujer está contenta con su ropa, se le llena la cara de felicidad, no de asco. Si he de interpretar todo ese rollo para desfilar, que lo haga quien pueda, pero yo no. No pretendo matar a nadie con la mirada. Incluso cuando me hago fotos puedo ser muy mujer, muy sensual, pero en todo caso y circunstancia me hago fotos para acercarme a la gente, no para distanciarme de ella.
“Para mí es un gran respaldo que Julio Iglesias me diga que le gusta mi actitud ante la vida, que soy muy valiente y muy de verdad”
-Es tan mujer y tan sensual que pareces haber seducido hasta al mismísimo Julio Iglesias, que desde hace años, y desde su cuenta oficial en Instagram, se pronuncia en tus publicaciones… o por privado. Compartió hasta un retrato que le hiciste…
-No creo haber seducido a Julio Iglesias (no creo yo, claro), sino que fue Julio Iglesias quien me sedujo a mí, como Raphael (gran amigo mío), con sus canciones, con su voz, su elegancia y su carisma universal. Siempre me ha dado la impresión de que Julio me observa mucho porque de alguna manera en mí se reencuentra con la tenacidad e ilusión de su juventud, en los días que se esforzó titánicamente por lograr sus sueños. Para mí es un gran respaldo que me diga que le encanta mi actitud ante la vida y que soy muy valiente y muy de verdad. Suena todo muy bien en él, un gran vividor, en el buen sentido de la palabra. Y por supuesto que también le agradezco y me halaga cuando me dice que en tal o cual foto estoy muy guapa.
-Acabas de llegar de Estambul. ¿Y ahora qué?
-Ha sido un largo viaje para trabajar posando. De paso, claro está, te traes los ojos llenos de otra ciudad maravillosa, de un registro cultural fascinante. La echaré de menos hasta volver otra vez. Y después de eso, nuevos retos artísticos que llevar a cabo, pero sin perder de vista que la felicidad hay que lograrla no sólo en la meta, sino en el camino. La felicidad no sólo es perseguir un horizonte de ilusiones que cumplir, sino también el día presente sobre el que tengo los pies. Estoy volcada en nuevos reportajes para revistas extranjeras, y volcada en planear mi primera exposición como pintora y fotógrafa.
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