Hay voces que no parecen pertenecer a su tiempo. Voces que llegan desde lejos, desde muy lejos. Como si hubieran atravesado patios de vecinos, tabernas antiguas y noches de candiles para plantarse, intactas, en el más rotundo presente. La de Tomasa Guerrero Carrasco, La Macanita, es una de ellas. Una voz rota, profunda, llena de aristas y matices, capaz de evocar en apenas un quejío ese flamenco antiguo que parece nacido en una fragua jerezana del siglo XIX.
Con ese espíritu, el pueblo de Paradas vuelve a estrechar sus lazos con Jerez de la Frontera, territorio fundamental en la historia y en la geografía sentimental del flamenco. La cantaora jerezana será la homenajeada de la Semana Cultural de Actividades Flamencas de Paradas de 2027. Una cita organizada por la Peña Flamenca Miguel Vargas y el Ayuntamiento de Paradas, que vuelve a situar al municipio sevillano como lugar de encuentro, memoria y celebración del arte jondo.
No podía ser de otra manera en un pueblo que lleva por bandera el nombre y el legado de Miguel Vargas, una de las voces que forman parte de la identidad flamenca de Paradas. El homenaje a La Macanita establece así un diálogo entre dos territorios unidos por una misma manera de entender el cante. Desde la raíz, desde la emoción y desde ese territorio misterioso en el que la tradición deja de ser una pieza de museo para convertirse en realidad.
Nacida en Jerez de la Frontera en 1968, Tomasa Guerrero Carrasco tomó el sobrenombre artístico de La Macanita, ligado a su familia. Desde muy joven quedó vinculada al ambiente flamenco jerezano y comenzó a destacar por unas facultades que encontraron en los cantes de raíz su mejor cauce de expresión. Con el paso de los años se convirtió en una de las cantaoras más reconocibles de su generación, especialmente por su dominio de los palos más jondos y por una personalidad artística ajena a modas pasajeras.
Su trayectoria discográfica y escénica ha llevado el nombre de Jerez a escenarios nacionales e internacionales. Pero quizá lo más importante de La Macanita no se encuentra en los lugares donde ha cantado, sino en la forma en que canta. Su voz no busca el brillo fácil. Rasga. Se quiebra. Respira. Se hunde y vuelve a emerger. Hay en ella algo ancestral, una aspereza hermosa que conecta con el cante de siempre y que hace pensar en aquellas voces que, antes de los grandes escenarios, sobrevivían en patios, ventas y reuniones familiares.
Por eso Paradas la recibe como homenajeada: porque La Macanita representa un flamenco que no necesita disfrazarse para ser contemporáneo. Un flamenco que conserva la memoria sin quedar atrapado en ella.
Durante la próxima Semana Cultural Flamenca, Paradas volverá a ser territorio de encuentro. Y Jerez volverá a estar presente a través de una mujer que parece llevar en la garganta la memoria de muchas generaciones.
Una voz de fragua. Una voz de tierra. Una voz de Jerez. Una voz que Paradas ha querido escuchar, reconocer y homenajear.





