La Bienal de Flamenco de Sevilla abre sus puertas el jueves 10 de septiembre en el Paseo Colón. En el ruedo de la mismísima Real Maestranza de Caballería, con el espectáculo El mundo por montera.
Durante cerca de un mes, la Bienal ha propuesto una programación extensa que cuenta con más de 70 espectáculos que se desarrollarán en once espacios diferentes (desde el espacio Turina al Teatro Central, desde el el Teatro Lope de Vega —recuperado para esta edición, al Hotel Triana); 52 nuevas producciones, 22 de ellas estrenos absolutos; 24 noches y 6 sesiones matinales. Estas son las cifras que maneja la nueva edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla, que se celebrará entre el 9 de septiembre y el 3 de octubre con la mirada puesta en el centenario del arte jondo de los años 20 del siglo pasado, época denominada como la de la “Ópera Flamenca”.
Una programación equilibrada entre toque, cante y baile, que se asienta en el siglo XXI como claro referente de los festivales flamencos del mundo.
Pero, a pesar del éxito vendido a bombo y platillo de la Bienal de 2024, de los vaivenes imposibles bajo la dirección de directores que no supieron estar a la altura del “Festival de festivales” y de la presentación de la programación de 2026 por los rincones más exquisitos, nos quedan cuestiones e interrogantes por resolver.
Por ello, nos sentamos con su director Luis Ybarra en su despacho del Museo de la Cerámica, en pleno corazón de Triana. Amablemente nos atendió.
«El primer objetivo es muy genérico y a veces se nos olvida. Y es que haya un buen ambiente en torno a la Bienal»
– ¿Cuáles son los objetivos primordiales que se marca esta edición de 2026?
– Tengo dos objetivos principales. El primero es muy genérico y a veces se nos olvida. Y es que haya un buen ambiente en torno a la Bienal, que se consigue con una programación para todos los gustos, no que a todo el mundo le vaya a gustar todo, pero sí que haya para todos los gustos, para todas las muy variadas sensibilidades que conviven en el mundo del flamenco. Que la Bienal esté en la calle y que, en definitiva, disfrutemos de ella. Y ese objetivo parece que a veces se nos olvida, o empezamos a hablar de la taquilla, o empezamos a hablar del impacto económico, el impacto mediático… que también es importante, por supuesto.
Todo eso se está trabajando y se intenta llegar en cada línea al máximo posible. Pero que haya ese buen ambiente, después se respira también cuando uno va a actuar, lo comentan los artistas.
Después podríamos hablar de muchísimos otros, incluso hacer una valoración a largo plazo del impacto artístico, que es también otra cosa que me gustaría hablar, que hemos conseguido artísticamente con esta Bienal. Por lo pronto, antes de que comience, me gusta que en muchas entrevistas me pregunten por Vallejo, me pregunten por Marchena, hablamos de la Niña de los Peines, de Tomás, de Vicente Escudero, de bailadores, artistas de muy distintas índoles de hace más de un siglo. Ya me parece que hemos conseguido algo con eso. Artistas históricos que vuelven a la palestra con la programación de la Bienal.
Y también que veamos dentro de diez o veinte años decir «mira, en esa Bienal se apostó por estos nuevos talentos, se recuperó este artista que estaba fuera de los circuitos y tuvo ahí la oportunidad de expresarse». Podéis ver al Boquerón, por ejemplo, cantando no para el baile, sino cantando alante, generaciones que ya se nos están yendo, por desgracia. También tenemos artistas de ese corte más genuino, más difíciles de ver muchas veces.
«La primera gran novedad es que es una Bienal que está fuera de las tendencias que dicta el mercado»
– Se habló mucho de aquello de “una Bienal para sorprender, no para agradar”. Cuando conocimos la programación completa —variada y bien cuadrada, desde mi humilde punto de vista— nos cuesta encontrar las sorpresas. ¿Dónde están? ¿Dónde se esconden?
– La primera gran novedad es que es una Bienal que está fuera de las tendencias que dicta el mercado. Se podría hacer una programación “comprando” espectáculos con los artistas más conocidos. Pero así, la Bienal se parecería a cualquier otro festival. La primera sorpresa está en el argumento, en hacer una especie de ejercicio de memoria desde la contemporaneidad. Porque celebrar la época de la “Ópera Flamenca” de los años veinte del pasado siglo se lo pueden permitir muy pocos festivales. Con todo lo que significa, con todas sus luces y sombras, me parece que tiene algo que es muy genuino. Te diría que casi solo la Bienal se lo puede permitir por los artistas, por el presupuesto, por los espacios con los que cuenta, por lo que supuso también Sevilla, Alameda… y todo ese movimiento en los años 20. Salirnos de la tendencia y, aun así, se están agotando entradas. Vamos a ver teatros llenos y entiendo que será un éxito en ese sentido, en lo medible.

– ¿Qué propone la Bienal con sus producciones propias, el valor del flamenco o el tirón comercial?
– El flamenco también tiene tirón comercial. La Bienal tiene que reunir, para mí, muchos equilibrios y muchas sensibilidades y el flamenco no es solo lo que ocurre en una peña, ni es solo lo que ocurre en un teatro, ni es solo lo que ocurre en una fiesta. Por supuesto, todo eso es flamenco, pero hemos de entender que hay propuestas, como había en los años 20, para todos los gustos y para todas las sensibilidades.
Hay artistas que están en los cuartos de cabales en los años 20, otros están en las plazas de toros, y hay artistas que van pueblo a pueblo casi como si de la Barraca de Lorca se tratara divulgando el flamenco por Andalucía y España, incluso también fuera de España. Entonces, hay flamenco… Hemos de entender ese desarrollo escénico que ha vivido el flamenco. No podemos vivir de espaldas a la realidad ni de espaldas a la generación de los artistas que tenemos hoy.
Pero sí que es cierto que yo he tratado de hacer una Bienal en la que el mundo de las peñas se sienta a gusto, en la que el mundo del teatro francés, el público que va en Francia al teatro, también se sienta a gusto. Me parece que el flamenco es lo suficientemente rico per se para no tener que programar nada que no sea flamenco. Todas las propuestas que están en la Bienal son flamenco, pero hay unos artistas que, a lo mejor, transgreden lo que sucedió en los años 20, como puede ser la propuesta de Andrés Marín, que se llama Desierto, en torno a la Alameda de Hércules con José de la Tomasa, o como puede ser la obra de Estevez y Paños en torno a la guitarra de Ramón Montoya, pero que no tratan de emular lo que fue la guitarra de Ramón Montoya, sino que parten de ahí para hacer otra cosa. Y después me parece muy importante que haya también propuestas de otro corte, como por ejemplo puede ser en torno a Manuel Vallejo, Miguel de Tena y Manuel Cuevas, cantando repertorios de Manuel Vallejo, no calcándolo, con las facultades, con la sensibilidad de cada uno, pero sí un repertorio que no trata de añadir más atributos a la obra de Vallejo de los que ya tiene, sino simplemente llevar esa propuesta a escena.
«Una Bienal sevillana para el mundo porque Sevilla ha sido una ciudad sumamente abierta»
– ¿Una Bienal desde Sevilla para el mundo o un flamenco del mundo para Sevilla?
– De Sevilla para el mundo porque Sevilla ha sido una ciudad sumamente abierta. La Alameda de Hércules, como emporio flamenco, entiendo que es un espacio que saca y que acoge a muchos artistas. Es una Bienal sevillana para el mundo.
Una ciudad que ha recibido las vanguardias también, y en ese sentido a veces se habla de Sevilla como si fuera una ciudad muy hermética, pero en realidad no lo es. Aquí, de manera natural, convive la Feria con la Semana Santa, con la pasión por el fútbol, con la pasión por el flamenco. Al que le gusta Israel Galván es un apasionado de Aurora Vargas. Es verdad que muchas veces queremos enfrentar, hay quien no, por supuesto.
Nosotros hicimos en la pasada edición un estudio y vimos que el 50% era público sevillano y la otra mitad era público de fuera de Sevilla, que no quiere decir extranjero, público de otras provincias de Andalucía y de España y después mucho público francés, alemán, italiano, estadounidense, público de Asia que sigue viniendo. No es ni algo que se haga exclusivamente para el sevillano ni algo que se haga de espaldas a la ciudad.
– ¿Bienal para aficionados o Bienal para forasteros?
– Hay un equilibrio, yo creo, 50-50 que es interesante. Tiene que ser de esa manera. A la Bienal viene público muy entendido y público que se enfrenta por primera vez a un espectáculo. Hay para todos los gustos.
Hay propuestas muy abiertas, hay grandes aforos como la Plaza de la Maestranza, y también hay espacios como San Luis de los Franceses donde caben poco más de 100 personas, o el Teatro Alameda, el Teatro Turina, formatos más íntimos que invitan al recogimiento. Muchas veces los medios generalistas se quedan solo en los grandes nombres, y es normal. Es muy bueno que tengamos a un José Mercé, a un Israel Fernández, a una Sara Baras, a artistas, digamos, que son mediáticos, que atraen la atención de grandes públicos. Pero también propuestas como la de Canito con Raúl Rodríguez o Manuel de la Luz con Manuel Imán, pensando en la programación del Turina. Que tengamos ese tipo de espacios mucho más íntimos, más recogidos para unos pocos, tan importantes como los grandes aforos, al menos para mí.
«Nos gusta resaltar las “Noches únicas”. Son espectáculos que no nacen con la vocación de girar, sino de ocurrir»
– En el mes de mayo, declaró a los compañeros de El Pespunte: “La Bienal no puede parecerse a ningún festival del mundo porque somos Sevilla”. A parte de los espacios escénicos, ¿dónde está Sevilla en la Bienal?
– La Bienal es un festival que no puede parecerse a ningún otro, como dijimos antes. Aquí nos gusta resaltar las “Noches únicas”. Son espectáculos que no nacen con la vocación de girar, sino de ocurrir. De esa manera no van a volver a verse. O muy difícilmente volverán a programarse de la forma que lo hemos hecho en la Bienal. Bien sea por el escenario, por los artistas o bien por el repertorio. Lo que no quiere decir que no se puedan hacer cosas que hayan nacido en esa “Noche Única”. Tenemos más de 50 nuevas producciones, espectáculos que se van a estrenar, pero dividimos los que son estrenos absolutos, que son esas coproducciones que antes de que las veamos en escena ya tienen planteada una gira y después están las «Noches Únicas».

Maite Martín para Sevilla no quiere presentar su disco en la Bienal, quiere hacer un repertorio porque sale de ella, y lo mismo ha sucedido con la mayoría de las «Noches Únicas» que tienen un protagonista. Manuel Liñán quería para Sevilla reunirse con una serie de invitados y bailar a una serie de voces, y lo quería hacer aquí. Hay quien malinterpreta estas «Noches Únicas» diciendo que se invierte mucho en un espectáculo de parte del artista para que sea debut y despedida. Esto no es debut y despedida, esto es que tal y como va a ocurrir ese espectáculo aquí, no se va a ver en otra parte. Después, seguramente, con lo que se ha trabajado para ese espectáculo, sea el punto de partida de otras muchas cosas. O ese mismo repertorio puede adaptarlo, o lo que ha adaptado para un espacio singular puede hacerlo para un teatro, pero ya cambia.
– Desde hace algunas ediciones se va notando un menor protagonismo de las Peñas Flamencas. ¿En qué se cristaliza la participación de las peñas en la Bienal que está a punto de comenzar?
– La participación de las peñas es fundamental. A veces trabajamos con la Unión de Peñas de Sevilla y otras con la Federación Provincial de Sevilla de Entidades Flamencas. Con la Unión de Peñas tenemos durante todo el año unos 80 espectáculos, aportando continuidad al flamenco en la ciudad.
Con la Federación de Peñas, además, hacemos algunos espectáculos concretos de la mano de ellos. Como la saturación es tal durante la Bienal, me parecía importante este año separarla. Hemos hecho una semana previa y el primer espectáculo lo hacemos en el Polígono Sur para celebrar también el nacimiento de una nueva peña.
También revisitamos la figura de Fosforito, que por desgracia nos dejó durante la preparación de esta Bienal y me hubiese encantado que él estuviera en ese espectáculo. Lo hacemos de la mano de David Pino, director de la obra que vamos a presentar con Bernardo Miranda, con Niño de Peñaflor, artistas muy vinculados a lo que fue el Desencaja, a lo que son las peñas. Me parece que es importante también contar con la presencia de todos los presidentes de las peñas de Sevilla, en ese día, en el patio del Museo de Artes y Costumbres para celebrar la obra de Fosforito.
También, de la mano de la Federación, acogemos la Gala de los Jóvenes Talentos. Hemos ido peña a peña haciendo una selección de ese joven talento y van a tener su gala, dirigida por Arcángel, en el Teatro Alameda.
Concibo muchos espectáculos que sé perfectamente qué perfil de público va a acudir o a quién le puede interesar. Va a haber una exposición también en el marco de la Bienal de la Peña Torres Macarena, exposición fotográfica. Y vamos a celebrar el 75 aniversario del Pozo de las Penas en Triana.
Me parece que los guiños a las peñas son muchos y tienen que estar ahí.
«La Bienal la concibo como un proyecto de ciudad»
– El Consejo Asesor que se creó en el año 2023, ¿sigue funcionando?
– El consejo asesor funciona de una manera natural. Nos dimos cuenta de que fue un punto de partida de las relaciones que tenemos con la Unión de Peñas, con la Federación, con Diputación, con el Instituto Andaluz del Flamenco, con la Junta de Andalucía, con expertos del mundo del flamenco. Y vamos más allá de ese consejo asesor, pues no paramos de motivar a otras instituciones para que presenten sus proyectos y colaboren en actos de la Bienal. Tenemos que involucrar a las universidades que ya estaban en ese Consejo Asesor y a las fundaciones. Un proyecto de ciudad para que haya un consenso y trabajar en pro de Sevilla, porque la Bienal la concibo como un proyecto de ciudad.
– ¿Está satisfecho con la programación?
– Estoy satisfecho por el buen ambiente que se genera en la Bienal, por los artistas, por el público… los teatros se están llenando. El impacto mediático… La Bienal es muy importante porque sigue generando debate, sanos piques. Y eso es muy importante. Que la Bienal esté en la calle. En el momento en el que estemos todos contentos, no sería lo mismo. Es importante que se agiten cosas.
Si estuviéramos todos de acuerdo y saliéramos de los teatros asintiendo con la cabeza, no habría movimiento. Que la Bienal agite es sano. Por eso estoy satisfecho: es de los pocos festivales que se presenta y ya hay gente señalando qué artistas faltan, cuáles están o por qué están. El buen ambiente no es el consenso total.
Fotografías de Rafa Barnola. Enlace a Instagram
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