La ley establece que la ley de renta antigua sólo permite permanecer de forma indefinida al titular original y a quien se subroga en primer lugar. La segunda subrogación sólo es posible por dos años excepto para aquella persona que subrogue teniendo un 65 % de incapacidad.
Bajo esta premisa, les cuento.
Olga, de 54 años, dos hijas, una de ellas menor de edad. Hace veinte años compró una vivienda mediante una hipoteca en el barrio de Santa Eulalia, en Hospitalet de Llobregat. En él construye su vida y está muy vinculada al barrio, luchando por el mismo, con su gente y por su gente. Se separa, pierde su empleo, 36 años cotizados, deja de percibir la manutención, no puede afrontar las cuotas bancarias y pierde la propiedad, aunque se acuerda que permanezca en la misma pagando un alquiler social. Posteriormente la propiedad acabó en manos de un fondo buitre que procede a su desahucio. El lanzamiento es en abril. Nadie la ayuda, ni instituciones, ni organizaciones, ni la administración activa las medidas suficientes para garantizarle una alternativa habitacional estable. Nadie hace acampadas alzando su voz. Ningún personajaco famoso, de los que se embozan en pañuelos palestinos desde su lugar de privilegio, le ofrece su solidaridad ni ninguna de las más de 20 propiedades que tiene alguno de ellos. En su feroz lucha incluso compareció en el Parlamento de Cataluña contando su historia, pidiendo ayuda. Un día antes de su lanzamiento, Olga manifestó intenciones suicidas. Cinco meses después, el 7 de septiembre pasado, no pudo más y se suicidó.
Mari Carmen, 87 años de los cuales 47, ha trabajado de auxiliar administrativa. Durante más de 70 años ha vivido en el piso que alquiló su padre, al fallecer este pasó el contrato a la madre de manera subrogada y al fallecer esta pasó a Mari Carmen, pero esta subrogación, por ley, debería haber durado sólo dos años más, ya que la incapacidad de ella es el 50%. En cambio, a lo largo de veinte años ha estado pagando por la vivienda un precio muy inferior al de mercado, al mismo tiempo que ha tenido ingresos mensuales sostenidos. Tras cuatro intentos de desahucio, este se lleva a cabo el 23 de septiembre. Las instituciones le ofrecen una alternativa habitacional, ella la rechaza.
La gente la toma como baluarte en una lucha que, dado el nivel reinante, es una lucha contra sí mismos, contra algo que han provocado ellos mismos. Hasta allí se acercan personajacos famosos, de embozo palestino, pero sólo para apoyar. Un ratito, una foto, unas declaraciones y de vuelta al hogar privilegiado.
Se toma por asalto la Puerta del Sol y otras tantas plazas emblemáticas de España, y entre fumeque y fumeque exigen un derecho que es en sí un privilegio a costa de anular los derechos de los que ellos llaman especuladores, con voces al frente como el sindicato de inquilinas, inquilinos e inquilines, entre cuyos portavoces se encuentra, por ejemplo, el sobrino de la Marquesa de Íbias y nieto de Aurelio Menéndez, ministro con Adolfo Suárez, que además es apoderado de una empresa de construcción de edificaciones públicas o privadas, como reza el epígrafe correspondiente en el registro y propietario de un piso heredado de 155 metros cuadrados con un valor aproximado de un millón trescientos mil euros. Este individuo se presenta públicamente como un inquilino que sufre «en sus propias carnes» el problema de la vivienda. Y es que cuando el diablo no sabe que hacer, mata moscas con el rabo.
¿No sería lógico que hiciesen una asamblea donde quedase perfectamente definido quiénes son los grandes tenedores y, por tanto, según ellos, los grandes especuladores que viven a costa de los más necesitados? Pero claro, ¿qué ocurriría con los personajacos embozados en el pañuelo palestino, o con los marqueses de Galapagar o con el nieto de la marquesa portavoz de les sindicates de inquilines? ¿Estarían excluidos por ser de la misma ideología? Y si esto fuese así, ¿eso sería democrático?
Miren, en el año 2025 hubo más de 25.000 desahucios. 25.000 historias de esperanzas, trabajo e ilusiones arrebatadas. Muchos de esas historias finalizaron arrebatándose la vida.
El problema de la vivienda es un problema fomentado por unos gobiernos incapaces que no se preocupan por lo que de verdad importa y por quienes al final los mantienen, la gente de bien.
La izquierda perniciosa e hipócrita abandera a Mari Carmen. Pero no para ayudar a esta mujer, sino como mascarón de proa político y partidista. Les importa poco o nada Mari Carmen, como no les ha importado Olga, ni sus hijas, ni los más de 25000 casos en el año 2025. Dicen que es inhumano, que no se puede hacer eso con una persona de esa edad.
Y es que, es entendible, que entre fumeque y fumeque, se olviden de exigir humanidad, por ejemplo, para una anciana de 92 años que al regresar de su convalecencia en el hospital se encontró la casa ocupada y se quedó en la calle. Supongo que, como ellos proclaman y enseñan, la ocupación es un derecho, importando poco la humanidad que se diluye como el humo…del fumeque y fumeque.
Mientras haya una sola persona que, por circunstancias de la vida, se vea expulsada del sistema sin ningún tipo de ayuda, ni opciones, ni esperanza de volver a entrar, no tendremos derecho a llamarnos progresistas, ni demócratas y, ni mucho menos, “humanos”.
Fin de una era. Fin de un país.
…¿Ven?, siempre hay algo que decir





