La clausura aún es más clausura. El torno del sevillano Convento de San Leandro defiende su interior con el panel que lo proteja de la amenaza mundial de la pandemia. Y las famosas yemas del Santo cruzan también y por esta Navidad una frontera más de las que hemos tenido que levantar en un tiempo de contactos peligrosos. Hasta los lugares más recónditos y apartados, donde sólo las oraciones podían ocupar el lugar del silencio, ya ha llegado el gel desinfectante y la barrera transparente de una lámina de plástico. ¿Quién rezará por esto, quién podría arreglar esto? Quizás haya llegado como nunca el momento de no pedir más a Dios lo que debe exigirse a una Humanidad desquiciada.
Fotografía de Beatriz Galiano





