
Reaparece la Montero
esa cajera fatal
que nunca cuadró la caja
y que llegó a ser ministra
todo por vía coital
comiéndole la coleta
a su jefe nacional.
Ya ven, no corta ni un pelo
y con su flujo verbal,
siempre su ceño fruncido
(que es su sello personal),
viene y nos mete la bronca
sobre la herida, más sal.
Suelta que la democracia
la está pasando muy mal
enfrentada a magistrados
a jueces de tal y tal
que forman en su conjunto
«la derecha judicial».




