El puto Pedro
El puto amo esta rayando el ridículo universal, siempre a punto de que que los circos que ha montado se le derrumben encima y todos los leones y demás fieras acaben sueltas apatrullando esta nación de naciones o de ciudades-Estado del diálogo y la no convivencia…
Si ese día llega, será el estrepitoso final morrocotudo que muchos le deseamos por su infame incompetencia y su estúpida maldad y entonces le veríamos recorrer algunos metros esposado (sin Begoña, para que nos entendamos), contoneando las caderas más que su señora, como suele hacer en los pasillos largos, y ondulando el cuello a un lado o a otro, a la vez que esbozando su célebre sonrisa de “no me pillaréis jamás” y su diente de oro iluminando tó la avenida, pero camino de la cárcel…
Un final feliz para toda esta mierda procesal en la que se ha metido podría ser, pongamos: no hay delito porque ella es una quidam y actuaba por su cuenta…, o sea, se trataría, aceptémoslo así, de una especie de “pequeño Nicolás”, un comportamiento indecoroso, nada más, como si la esposa del presidente de un Gobierno de la UE proviniese (¡qué exageración, pero en fin…!) de administrar el dinero y los pagos en una red de saunas y puticluses para persones homosexuales y de les otres, algo que no sucedía desde la caída del Imperio Romano, que yo recuerde.
Lo último que ha proclamado es que su mujer es una profesional extraordinaria, pero nadie le ha preguntado en realidad de qué, a qué se dedica, porque profesionales extraordinarias lo fueron también la protagonista de “Historia de O” y el vizconde de Valmont en “Las amistades peligrosas”, expertos en incendiarlo todo y en manipular las bajas pasiones y los fieros instintos humanos. Como Fidel Castro, un extraordinario profesional de la tiranía.
El puto Pedro acabará en prisión, con Patxi López haciéndole de enterrador y Marichús Montero de plañidera hooligan. Y una inmensa cohorte de nuevos ricos instalados en esa burguesía que vive de hacer la revolución a tiempo parcial cuando les dejan.
He dicho.




