Algo de respiración turística ha traído a Sevilla el puente del Pilar. Parece que en cuanto los políticos respetan la naturalidad de la vida en las ciudades, de Sevilla en concreto, cuando no atentan contra la libertad de movimientos, la reacción de la ciudadanía es inmediata para recuperar los ritmos y los hábitos de la normalidad de siempre.
Sevilla, turísticamente hablando, no está igual que antes de la pandemia, pero se le va pareciendo; algo, pero se le va pareciendo. Un dato que revela la cruda realidad por encima de las primeras apariencias optimistas es el de los hoteles de relevancia que aún permanecen cerrados: el Hotel Colón, Hotel Don Pedro, Hotel Macarena, etc. Sólo el Hotel Colón muestra la punta del iceberg.
Ya no hay quien comulgue con la comedura de coco de los políticos afirmando una y otra vez que el desastre económico lo ha causado meramente un virus. Se sabe que también han sido ellos. La grave situación de España en general y la de Sevilla en particular es el resultado de una alocada gestión de políticos mediocres, empezando por el mismísimo presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Seguramente empieza a animarse el turismo en Sevilla porque, desde otras ciudades y países, la ciudad está siendo observada con libertad de circulación para sus habitantes. Se respetan principalmente normas como el uso de mascarillas y se usan a discreción los geles a la entrada o salida de los comercios. Las distancias de seguridad no se están practicando, incluso puede hablarse de auténticas concentraciones callejeras; sin embargo, el estado de salud de los sevillanos en general -con sus excepciones- está demostrando a sus ineptos gobernantes que sus exageraciones y alarmismos no son más que equivocaciones políticas, incesantes y lamentables desde que el 14 de marzo se decretó el estado de alarma nacional, incluyendo un confinamiento de más que dudosa constitucionalidad y que, además ahora, no ve con buenos ojos gran parte de la comunidad de los científicos, que tachan la decisión como un atentado a la salud física y psicológica.
La libertad de movimientos es la mejor inversión para regenerar el tejido turístico. Las calles de Sevilla o sus monumentos principales vienen demostrándolo durante este puente. Visitas a la Catedral, el Alcázar, Barrio de Santa Cruz, etc. Como siempre, los políticos -cada vez más desprestigiados entre la opinión pública- querrán rentabilizar esta nueva situación como fruto de sus estrategias. Pero, también como siempre, alejados de la realidad pero pegados a sus vanidades, serán incapaces de advertir -no hay más que seguir las redes- que los ciudadanos de todos los países se han propuesto el desafío de reivindicar el ejercicio de sus derechos fundamentales, el rechazo frontal a que les secuestren nuevamente vivir en libertad.
Fotos: Jesús Arcos
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