Ya sabemos, de sobra, que por conservar el poder hasta se mata. Y que por el poder que todo lo puede, a algunos, en particular, y en este caso a uno, parece que no le importa mancharse el corazón en un lodazal donde la ruindad, la bajeza, la abyección, la humillación, la vileza, el deshonor, el ultraje y el desmerecimiento campan a sus anchas.





