Si tuviera que señalar algunos aspectos que echo en falta en los momentos actuales cuando los comparo con tiempos anteriores, es la escasa afición a leer que se aprecia en los transportes (autobuses, metro, trenes, aviones, …) y en los espacios públicos (parques, cafeterías, …) en relación con la costumbre que existía hace décadas.
De todos es sabido los muchos beneficios que nos reporta la lectura: ayuda a ejercitar el cerebro, pues aumenta el flujo sanguíneo en distintas áreas del mismo, y, por lo general, visualizamos en nuestra mente rostros, lugares y/o situaciones, logrando así que el encéfalo se estimule con mayor frecuencia. Fomenta la curiosidad. Aumenta la concentración, tan difícil de mantener con tanto ruído como nos invade. Mejora la capacidad de comprensión, porque como dijo Piaget “Sólo se aprende lo que se comprende”. Desarrolla la creatividad, tan unida al aprendizaje y al crecimiento personal. Entretiene, y cubre los tiempos muertos en los que no sabemos qué hacer. Facilita el desarrollo de nuestra lengua, pues ejercita el procesamiento del lenguaje escrito, amplía el vocabulario y afina la expresión gramatical. Mejora la capacidad de memorizar, porque supone un ejercicio de retención de aquello que leemos. Libera nuestras emociones: alegría, tristeza, cólera, miedo, sorpresa, amor… Protege la mente contra la aparición de enfermedades neurodegenerativas, como la demencia y el Alzheimer. Etc.
No obstante, ante la falta de lectura en niños y jóvenes, ha sido necesario que el gobierno implante un Plan de Fomento de la Lectura en los centros escolares, que mucho me temo acabará degenerando en charlas de profesores que no tienen hábito de lectura, y en un día dedicado al libro, cuando sabemos que los niños más que obedecer, imitan: ¿hay algún profesor en la cafetería o en un banco del campus universitario leyendo un libro? ¿desde cuándo no entra un periódico o una revista en sus casas, y menos ahora, con la prensa digital? Muchos profesores y alumnos de la Universidad de Sevilla desconocen que se pueden descargar gratis la aplicación PressReader que les permite acceder gratis a diarios y revistas.
La afición la lectura te llega por ósmosis: escuchar a tu padre cuando eras un niño comentar un capítulo de “Las mil y una noches”, o ver a tu abuelo pasarse la mañana leyendo el periódico en el sillón del salón (“Una persona sin información es una persona sin opinión”, solía decirme), marcan una infancia y te hacen desear aquello con lo que ves que disfrutan tus mayores.
Las bibliotecas han formado y forman parte del paisaje de Sevilla: la del Rectorado, templo de estudio en los años setenta y ochenta del pasado siglo; la pública de la calle Alfonso XII, ya desaparecida y sustituida por la Infanta Elena en la avenida de María Luisa; las de los distritos; las que promovía la Obra Social de la extinta Caja San Fernando en la Florida y en avenida Miraflores; y qué decir de los anaqueles de cerámica en cada banco de la plaza de España para conservar libros para leer por los que allí se sentaran…
Porque el lugar donde leemos es como el decorado que enmarca lo que nuestros ojos van leyendo. El parque, con su fondo de niños jugando o el trinar de las aves. El banco de una plaza, donde el sonido de fondo parece acompañarnos. La mesa de un café donde no estamos privando de sentarse a nadie porque hay otras mesas libres. El asiento de un vagón en un tren donde no conocemos a los demás pasajeros…No entiendo como algunas personas pueden sentarse en el inodoro con un libro, aunque al parecer es un hábito que, según dicen, facilita el tracto intestinal.
Hay muchos géneros literarios, y cada uno tiene su encanto: la poesía, leída con sosiego, eleva nuestro espíritu; el ensayo abre nuestra mente y nos invita a una reflexión serena; la novela nos permite identificarnos con alguno de sus personajes o situaciones; las obras de teatro abren nuestra imaginación y nos invita a ponerles voz y gestos a los personajes… Siempre he tenido la costumbre de leer con un lápiz o lapicero con el que subrayar o recoger con una llave un párrafo que me llamara la atención, para que un futuro lector, en su caso, se detuviera en aquello que resaltara más de esa página.
Si, como parece ser, la alegría compartida aumenta, ahí tienen el motivo de que se multipliquen los clubes de lectura por toda nuestra geografía: la red de clubes de lectura de Andalucía alcanza la cifra de 431, y en nuestra capital hay más de diez en la Biblioteca Pública Infanta Elena, antes mencionada.
En cierta ocasión, Arturo Pérez Reverte, al ser preguntado por sus ideas políticas, dijo que él no tenía ideología, sino biblioteca. La Biblia, El Quijote, la Ilíada, la Odisea, Los Miserables, La Regenta, … libros que deberían formar parte de todos los hogares y ser transmitidos de generación en generación con amor. La lectura no necesita adeptos o defensores, sino amantes.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Como siempre me ocurre, un paseo por tus hermosos artículos siempre me retraen a otro años de joven; mejor dicho, de niño. Nunca olvidaré a mi padre, que en las siestas de estio nos leía cuentos de un hermoso libro: «Las mil y que na noche».