
Historiador, diplomático, filósofo, teólogo, humanista, escritor, poeta, profesor de leyes, abogado, Lord Canciller del Rey Enrique VIII y padre de cuatro hijos, además de muchísimas cosas más.
Santo Tomás Moro nació en Inglaterra en 1478 y su intensísima actividad, que colmaría veinte vidas rebosantes de ilusión y entrega, dejó un precioso legado a la humanidad: la santidad no está reservada únicamente a quienes desarrollan su biografía en el clero o en la carrera eclesiástica, pudiéndose acceder a ella desde el ámbito familiar o social.
Resultan admirables su convicción y su coherencia, que quizá destaquen aún más en los tiempos que corren.
Fue acusado de alta traición y encarcelado en la siniestra Torre de Londres, ya que su fe y su conciencia no le permitían juramentarse en contra del Papa ni aceptar el Acta de Supremacía que reconocía a Enrique VIII como cabeza de la Iglesia anglicana, siendo decapitado en 1535.
Fue canonizado cuatro siglos después, añadiéndose su nombre al santoral católico y celebrándose su festividad el 22 de junio. Juan Pablo II lo proclamó «Patrón de los políticos y gobernantes».
22 de junio. Recuerden la fecha: 22 de junio. El mismo día, el mismo, en el que el Consejo de Payasos (léase Consejo de Ministros de España), acaudillado por el clown mayor, Pedro Sánchez, acordó indultar a toda prisa (a ver si no nos dábamos mucha cuenta por la llegada del verano y con el fútbol) a ciertos delincuentes con lacitos amarillos y trapos de esteladas, de cuyos nombres no quiero acordarme.
Justo el 22 de junio, cuando un servidor, junto a muchos otros, rememorábamos al gran Tomás Moro, la antítesis de un Gobierno de paripé, de charanga y carnaval.
No sabe uno si reír o llorar. Pienso que lo más inteligente es lo primero. Mejor reírse. Porque así rendimos homenaje al santo inglés y a su enorme sentido del humor, acreditado por sus coetáneos.
Choteémonos abiertamente de los entorchados gerifaltes del PSOE y de Unidas Podemos, de la morralla independentista y del silencio de los corderos de tantos que van de sociatas, de proletarios, de solidarios de izquierda y bla, bla, bla…, incapaces de llamar al pan pan e impresentables al Presidente del Gobierno y su panda de bandoleros.
Cuentan las crónicas que tras haber consolado a sus familiares, expresándoles su certeza de que en breve accedería al paraíso, hallándose Tomás Moro en el mismísimo patíbulo, se dirigió al verdugo para rogarle que tuviera acierto con el tajo del hacha. Que le cortase el cuello pero no la barba, tan bonita como la tenía por haberla cuidado en la mazmorra. Que pretendía presentarse con ella ante San Pedro y no era cuestión de que se la estropeasen a última hora. Genio y figura.
Riámonos como Sir Tomás. ¿Recuerdan cuando el Presidente de la comparsa aseguraba que cumplirían íntegramente la condena y que nasty de plasty de indultos? ¡Pues yo también, por favor! Un servidor quiere cumplir íntegramente la jornada laboral, saliendo a comprar tabaco a las 10 de la mañana y pegando la escollá hasta el día siguiente.
¡También yo quiero cumplir íntegramente el pago de la hipoteca! Un par de recibos y ya me indultan, ¿no?
Cachondeémonos de que hayan elegido el 22 de junio para unos indultos de vergüenza. No pudo ser otra fecha. Precisamente el 22 de junio, día de Santo Tomás Moro. Que hay que ser gilipollas.
Y carcajeémonos pensando en el cebollazo electoral que algunos van a darse en los próximos comicios. Eso: carcajeémonos.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com





